Con la llegada del verano y el comienzo de las vacaciones muchas personas optan por un destino de playa para desconectar. En nuestras costas, es frecuente ver hileras de sombrillas donde descansan los turistas que pasan unos días frente al mar. A menudo pensamos que ponerse a la sombra sirve para evitar que la peligrosa radiación ultravioleta dañe nuestra piel. Sin embargo, es un mito bastante extendido que puede aumentar el riesgo de sufrir quemaduras y otras lesiones más graves, como el melanoma.

"Ponerse a la sombra no es suficiente para conseguir una buena fotoprotección", explicaba hace unos días Rosa Taberner, dermatóloga del Hospital Son Llàtzer (Palma de Mallorca). La especialista citaba una reflexión de Yolanda Gilaberte, vicepresidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología, desmintiendo una creencia muy popular sobre cómo protegerse de forma adecuada frente a los peligrosos rayos ultravioletas procedentes del Sol.

La refracción solar en la superficie

Algunas superficies son capaces de reflejar la radiación solar, de forma que su intensidad puede ser mayor de lo que parece —incluido en las zonas de sombra—, según explica la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés). La advertencia es compartida por la Organización Mundial de la Salud. La nieve reciente, por ejemplo, puede dispersar los rayos ultravioleta del Sol hasta en un 80%, un porcentaje que llega a ser del 15% en el caso de la arena de playa, del 20% en el césped y de un 25% en la espuma del agua del mar.

Aunque es cierto que las zonas de sombra, gracias al uso de las sombrillas, pueden disminuir la proporción de radiación ultravioleta que nos llega directamente, lo cierto es que la refracción solar puede alcanzarnos de forma indirecta. Las distintas superficies actúan como "potentes pantallas reflectantes, aumentando la intensidad de la radiación", según apunta un artículo publicado en la revista Offarm. Además, frente a la falsa sensación de seguridad que puede darnos un baño en la playa, lo cierto es que algunas investigaciones aseguran que un 95% de la radiación ultravioleta penetra en el agua y hasta un 50% llega hasta una profundidad de tres metros.

Durante su intervención, Gilaberte recordaba un ensayo clínico aleatorizado y con evaluación ciega publicado el año pasado en la revista JAMA Dermatology. Un equipo de científicos del Centro del Cáncer Memorial Sloan Kettering y la Universidad de Nueva York, con la colaboración de investigadores de otras instituciones y de la farmacéutica Johnson & Johnson —propietaria de Neutrogena—, compararon la eficacia de la protección de una sombrilla frente a la ofrecida por una crema solar con un factor alto (SPF), superior a 100.

Los participantes en el estudio permanecieron tres horas y media al Sol —durante el mediodía— y, al día siguiente, los médicos analizaron las zonas de su cuerpo expuestas a la radiación. Los resultados del ensayo clínico mostraron que los voluntarios que solo utilizaron una sombrilla contaban con un porcentaje significativamente más alto de quemaduras solares que los individuos que se habían aplicado protector solar. En particular, el 78% de las personas que usaron la sombrilla presentaron un eritema solar —el término médico que se emplea para hablar de quemadura—.

El trabajo también destaca que ninguna de las dos opciones por separado protege completamente frente a las lesiones producidas por la radiación solar. La combinación "podría ser necesaria para una protección óptima de los rayos ultravioleta", concluyen los autores, que también abogan por educar a la sociedad sobre la importancia de prevenir los daños de la radiación y evitar así problemas como el cáncer de piel.