El consumo de grasas y azúcares por parte de la población sigue siendo excesivo. La concienciación sobre los efectos de este tipo de sustancias en nuestra alimentación ha sido un proceso relativamente nuevo; después de todo, la propia industria del azúcar ocultó los daños de este durante 50 años para proteger sus intereses económicos, según las investigaciones que llevaron a cabo en modelos animales. Hoy en día, algunas compañías como Coca Cola financian estudios como un trabajo reciente donde se analizó la ingesta diaria de azúcares de los españoles, concluyendo que se consumen menos hidratos de carbono que los límites recomendados, una afirmación bajo sospecha por el evidente conflicto de interés que existe por parte de la industria.

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Sea como fuere, las pruebas de las consecuencias de la inclusión de altos niveles de azúcares en la comida han quedado altamente demostradas: una peor salud mental, obesidad, riesgos de patologías cardiacas... Todo influye.

En aras de lograr la reducción del consumo de grasas y azúcares, especialmente por parte de los más pequeños, el Ministerio de Sanidad y 500 grandes empresas del sector de la alimentación han firmado un acuerdo para reducir el contenido de azúcares añadidos, grasas saturadas y sales que contienen los productos alimenticios más consumidos en España. En línea con una de las solicitudes más repetidas por parte de la Organización Mundial de la Salud, la cual requería la inclusión de medidas de control o impuestos contra el azúcar, los integrantes de la industria han asumido diversos objetivos de limitación de este tipo de sustancias de aquí a tres años.

Junto a las empresas fabricantes más destacadas, se han unido a la firma las compañías de distribución de alimentos y bebidas, las patronales de los locales de restauración, los comedores colectivos y vending. En el acuerdo, denominado Plan para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas, los firmantes se comprometen a reducir en un 10% los azúcares añadidos antes de 2020 en refrescos, néctares de frutas, productos lácteos y salsas (en las que la mayonesa tendrá que reducir sus tasas en un 18%). La bollería industrial, helados y galletas bajarán una media del 5% únicamente tanto en azúcares como en grasas. Lo cual contrasta con el compromiso del 10% menos de grasas saturadas en platos preparados, salchichas y embutidos.

Las sales añadidas serán las que más reducciones registrarán en los próximos años de entre un 16% para los derivados de la carne hasta el 5% en las salsas.

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En todo este proceso, los comercios también han firmado algunos compromisos para poner de su lado en el proceso de la reducción del consumo de sales y grasas. Se reducirá en un 50% el contenido de los sobres de azúcar en los bares y un 33% el de los sobres de sal; además de saleros con menos agujeros, seguido de la promoción de productos con leche desnatada. Las máquinas de vending eliminarán en un 50% su oferta de productos con azúcar y grasas y estarán obligadas a promocionar artículos más saludables junto a aquellos de alto contenido calórico.

Los colegios, hospitales, empresas y residencias con comedores también están integrados en el nuevo plan impulsado por la ministra de Sanidad. En ese sentido, se comprometen a preparar menús equilibrados con contenidos más saludables en los que se incrementen los platos a la plancha o al horno, bajos en grasas y con más contenidos de legumbres, verduras y frutas. En este último punto, la cuestión de los colegios es la que más preocupa a las instancias públicas. Las últimas cifras estiman que el 23% de los que tienen entre 9 y 6 años tienen sobrepeso y el 18% obesidad. El 53% de los niños en España superan el consumo de azúcar diario.

Los nutricionistas critican el acuerdo por insuficiente

El químico Luis Jiménez, autor del libro Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable, ha criticado el acuerdo anunciado por la ministra de Sanidad y la industria alimentaria. "No es más que un poco de maquillaje sobre un montón de comida basura. Maquillaje que no mejorará la salud de nadie. Solo servirá para que los políticos de turno digan que han hecho algo, y para que la industria de comida ultraprocesada lave la imagen de sus productos", ha lamentado el divulgador científico en su cuenta de Twitter. Jiménez ha criticado que se establezcan "reducciones de un gramo de azúcar en los productos lácteos", pero que no aparezcan la mayor parte de los refrescos ni los cereales de desayuno infantil.

La reducción de sofritos y salsas, en opinión de Jiménez, es una propuesta que encaja dentro de "medidas trasnochadas y muy discutibles", haciendo referencia al estudio PREDIMED, publicado hace tres años en BMC Medicine. "De risa, o para llorar", ha zanjado el químico, unas afirmaciones también aplaudidas por dietistas-nutricionistas como Juan Revenga o Álex Oncina. Este segundo experto, investigador en la Unidad de Epidemiología de la Nutrición, ha realizado un análisis en su blog sobre el plan presentado por la ministra. "No necesitamos reformular los productos ultraprocesados, necesitamos reformular las políticas de salud pública", concluye Oncina criticando las propuestas de la industria alimentaria y del Ministerio de Sanidad.