Ni herramientas de piedra ni armas de hierro. Una de las mayores innovaciones en la historia de la evolución humana fueron, probablemente, las pinturas que nuestros antepasados dibujaron en las cuevas donde vivieron hace miles de años. Hasta ahora se pensaba que el arte rupestre era algo propio y exclusivo de los humanos modernos. Los dibujos y los trazos abstractos permitieron a nuestros antepasados tomar conciencia de quiénes éramos realmente y separarnos del resto de los animales. Pero dos estudios publicados hoy en Science y en Science Advances cambian buena parte de nuestra historia.

Cuatro yacimientos situados en España —La Pasiega (Cantabria), Maltravieso (Extremadura), Los Ardales (Andalucía) y Los Aviones (Murcia)— escondían uno de los secretos mejor guardados de la evolución humana. El arte rupestre de las paredes de las tres primeras cuevas, el más antiguo de todo el mundo hallado hasta la fecha, data de hace al menos 64.800 años. Entre las manifestaciones estudiadas se encuentran pinturas rojas y negras de animales, siluetas de manos colocadas de forma intencional y signos geométricos con formas de puntos, líneas y clavos.

El arte rupestre más antiguo del mundo

La edad mínima del conjunto artístico de la Península Ibérica es 20.000 años anterior a la llegada de los humanos modernos a territorio europeo. “Los autores [de las pinturas rupestres] fueron neandertales”, explica a Hipertextual João Zilhão, catedrático de la Universitat de Barcelona y miembro del equipo que ha llevado a cabo la investigación. El período de tiempo que barajan supone que los neandertales eran los únicos homínidos que poblaban estas regiones, según la evidencia fósil disponible en la actualidad, lo que permite demostrar que fueron los primeros artistas de la historia.

El equipo de Zilhão ya sugirió en 2012 en Science que las edades mínimas de arte rupestre hallado en otra cueva de Cantabria era de aproximadamente 41.000 años, lo que apuntaba que podría haber tenido un origen neandertal —se estima que en esas fechas aproximadamente los humanos modernos llegaron a Europa—. “Estábamos íntimamente convencidos [de que esos dibujos] podrían haber sido hechos por neandertales, pero no lo podíamos demostrar al 100%”, comenta al otro lado del teléfono. Los resultados prueban, a su juicio, que “los neandertales también son Homo sapiens". “Los chimpancés no tienen pensamiento simbólico ni lenguaje. Los neandertales son nuestros ancestros, son diferentes, pero forman parte de la especie humana”, asegura el antropólogo entrevistado por este medio.

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Crédito: P. Saura

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Crédito: H. Collado

“La evidencia del arte de las cuevas no es solo el primer resultado definitivo que data de la época de los neandertales. Se trata de las pinturas rupestres en cuevas más antiguas del mundo. Creo que en el futuro incluso podríamos llegar a descubrir ejemplos todavía más viejos”, comenta por correo a Hipertextual John Hawks, catedrático de Antropología en la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos). “Datar las muestras dentro de yacimientos es muy difícil, y a veces las cuevas contienen centenares de dibujos. Hemos asumido tradicionalmente que las pinturas de un lugar pertenecen a un mismo grupo de la misma edad. Pero esa asunción ha venido por poner atención a los ejemplo más pictóricos o pormenorizados, además de las dificultades que entrañaba hacer la datación científica”, añade el especialista.

Hawks, que no ha participado en la presente investigación, destaca que los resultados no deben analizarse de manera aislada. “Forman parte de una fotografía más grande sobre el comportamiento de los neandertales, que incluye casos bien documentados sobre el uso de pigmentos hace más de 100.000 años, sobre su mezcla y aplicación en las pieles y cueros. En ese sentido, no resulta sorprendente que los neandertales alguna vez realizasen pinturas en cuevas”, apunta. En opinión de Zilhão, el hecho de que estos homínidos hicieran construcciones arquitectónicas en el el interior de los yacimientos —algo que se vio en la cueva francesa de Bruniquel— es una demostración más de su complejidad social, que había pasado desapercibida hasta ahora.

Conchas marinas como adornos

El equipo de Zilhão también ha estudiado en detalle conchas marinas encontradas en la cueva de Los Aviones, en el término municipal de Cartagena (Murcia). Su trabajo ha permitido investigar caparazones marinos perforados y coloreados, con restos de pigmentos rojos y amarillos, que fueron datados analizando los sedimentos y las muestras de isótopos. “Se trata de objetos de adorno personal, colgantes y mezclas de pigmentos destinadas a pinturas del cuerpo. Los primeros resultados los publicamos en 2010 —en la revista PNAS—, pero por aquel entonces nuestra datación era de hace 50.000 años. En realidad tienen entre 115.000 y 120.000 años de antigüedad”, explica el catedrático de la Universitat de Barcelona al otro lado del teléfono.

Zilhão señala que ya se conocía el uso de objetos de adorno en épocas ancestrales, pero las investigaciones anteriores habían estimado que presentaban una antigüedad de entre 40.000 y 50.000 años. “Muchos científicos desestimaban los datos porque no estaban seguros. Las fechas coinciden con el final de la trayectoria de los neandertales, por lo que podrían haber sido humanos modernos. Con nuestros resultados se acabaron este tipo de argumentos”, asegura a Hipertextual. Los períodos de tiempo que manejan en su trabajo publicado en Science Advances, en efecto, son muy anteriores a la llegada de los primeros humanos modernos a Europa, lo que prueba su origen neandertal.

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Crédito: J. Zilhão

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Crédito: J. Zilhão

“Las conchas evidencian que el ornamento fue empleado 120.000 años atrás. Son objetos un poco más antiguos que las garras de águila encontradas en el yacimiento de Krapina (Croacia), que también fueron utilizadas como colgantes y objetos de adorno”, destaca John Hawks por correo electrónico. Un trabajo publicado hace tres años en la revista PLoS One mostró algunas de estas piezas utilizadas como joyas neandertales por parte de los homínidos que vivieron hace miles de años en el territorio croata. “Pero también son parte de una fotografía más grande”, advierte el catedrático de la Universidad de Wisconsin-Madison. Una evidencia más que destaca la importancia que tuvo la cultura a lo largo de la evolución humana.

Los neandertales pensaban como nosotros

“Desde hace tiempo estaba claro, gracias a las pruebas paleontológicas y genéticas, que durante la época de contacto entre los neandertales de Europa y los humanos modernos que venían de África se había producido una mezcla extensiva”, cuenta a Hipertextual el profesor João Zilhão. Se sabe que hace miles de años individuos de ambas especies mantuvieron relaciones sexuales, hasta el punto de que hoy en día nuestro genoma conserva entre un 2-4% de ADN neandertal. Su herencia genética incluso ha sido relacionada con el desarrollo de algunas enfermedades.

Si analizamos su morfología facial, explica el catedrático de la Universitat de Barcelona, es cierto que ya no se ve gente con esos rasgos tan llamativos. Pero lo que nos dicen tanto el arte rupestre como las conchas decoradas de la Península Ibérica es que los neandertales también presentaban pensamiento simbólico, una característica que define a la especie humana. La cultura es, de hecho, fundamental en nuestra propia evolución. “Al leer un periódico descodificamos signos a los que llamamos letras. Si vamos a ver el fútbol y vemos a alguien con una bufanda blaugrana, nos está diciendo cosas a los demás diferentes que si fuese blanca. Los signos materiales nos transmiten información, porque la gente empieza a tener necesidad de utilizar convenciones para comunicarse con los que no conocemos e incluso con los que hablan un idioma diferente”, sostiene Zilhão.

“No podemos inferir el significado de los signos. Podemos especular todo lo que queramos, pero lo propio de estos símbolos es que no tienen significado en sí mismos, sino el que le damos por la convención social que los ha creado”, explica por teléfono. Por ejemplo, si en nuestra sociedad vemos a una mujer mayor vestida por completo de negro, podemos imaginar que está de duelo. Si vamos por la carretera y vemos una señal que pone “Stop”, sabemos que tenemos que parar. Dichos símbolos no podrían ser entendidos por personas de otras culturas, porque han vivido en sociedades con convenciones diferentes, al igual que nos pasa al examinar un jeroglífico egipcio o una pintura rupestre.

La importancia de los signos estudiados en estas investigaciones no es su significado, sino el hecho de usarlos. “El pensamiento simbólico nos define como especie humana. No sabemos qué querían decir, ni los neandertales ni los humanos modernos en su momento. Que existan esos signos es lo que cuenta realmente”, asegura el catedrático. A su juicio, el descubrimiento del arte de las cuevas y de las conchas marinas nos permite inferir que hallazgos similares pueden darse en otros lugares. “No es que los que nacieran aquí fuesen más inteligentes, sino que son muestras características de los ancestros de hace 65.000 años o más”, apunta.

“Para que suceda esa manifestación tiene que preexistir la capacidad de expresarlo. Dicha capacidad biológica es como el hardware, que va cambiando según la teoría de la evolución darwiniana, algo que supone mucho tiempo”, explica. Según el profesor, “se tarda mucho en transformar el cerebro de un chimpancé en uno como el nuestro”, aproximadamente, “entre uno y tres millones de años”. “Si vemos este tipo de manifestaciones artísticas de hace miles de años es porque la capacidad de hacerlo existe desde hace mucho más tiempo. Nuestro gran cerebro no se formó porque sí, dado que desde el punto de vista metabólico es muy costoso mantenerlo en funcionamiento, sino que existe —a mi juicio, desde hace un millón y medio de años— para hacer aquello para lo que lo usamos a día de hoy”, concluye el experto en estudios prehistóricos.