Ha pasado justo un año desde que Uber decidiese ampliar su negocio en aras de hacerse con cuotas de negocio significativas en nuevos sectores. En España, Madrid, como pasase dos años antes con su versión para pasajeros, era la capital elegida para inaugurar el nuevo servicio de UberEats. Toda una decisión de calado; pese a lo inmenso del mercado de la comida a domicilio, se empieza a denotar una cierta saturación en cuanto a los servicios disponibles. Just Eat, que después de su adquisición de La Nevera Roja en 2016, controla la mayor parte de la masa crítica de establecimientos. Y, por supuesto, a una gran parte de los clientes objetivo. Más restaurantes, más actividad. ¿Su diferencia? Según el posicionamiento de UberEats, Just Eats simplemente se dedica a ser un simple agregador de restaurantes, mientras que la tecnológica se posiciona en la idea de crear un ecosistema de repartidores; “un sistema que hace que el crecimiento sea mucho más lento que el de JustEat”, comenta el general manager de la compañía en España, Manel Pujol.

Toda una carrera de fondo en la que también compite el británico Deliveroo y el español Glovo. Ya no sólo por los restaurantes, ahora la lucha se ha trasladado por la pugna de los riders o repartidores: mejores condiciones, mejores pagos, mejor trato… Cualquier cosa para atraer al mayor número posible. Sin riders, un sector con cada vez más poder en el negocio de los repartos, ya no hay negocio que valga.

Comenzando con un proyecto piloto que usaría la misma plataforma que la versión de coches, una de las compañías más polémicas del mundo quería saber si podía ser capaz de repartir comida en poco tiempo. Con poca oferta de restaurantes en sus primeras semanas, la realidad es que un año después, la compañía de reparto ha llegado a 800 restaurantes en la capital. En total, con sus 30 países y 200 ciudades en el mundo, Uber Eats contra una media de 8.000 establecimientos. Sus cifras de mercado siguen siendo una incógnita, como era de esperar. Pujol explica que “en un sector con tanta competencia no se pueden dar cifras de mercado porque sería dar demasiada información al resto”. Sea como fuere, según sus estimaciones, el crecimiento de Uber Eats en Madrid se estima en tres veces superior respecto al primer trimestre de 2017. Eso sí, sin beneficios de momento:

” Por simple lógica de negocio, ahora mismo no se están generando beneficios en Madrid. En caso de tenerlos querría decir que estamos haciendo algo mal porque estaríamos limitado de forma artificial el negocio”.

UberEATS

En busca de la expansión

Uber, su versión de pasajeros, no va a llegar a Barcelona. Eso es un hecho innegable, al menos de momento. El escaso volumen de licencias VTC expedidas hasta la fecha sigue siendo pequeño como para que la compañía pueda plantearse la idea de abrir un nuevo mercado Quizá, en el momento en el que las casi 6.000 licencias pendientes de resolución judicial se aprueben, la compañía se planteará esa apertura.

Lo que si va a llegar a Barcelona es UberEats, según el director de operaciones a finales del primer trimestre de este año a más tardar. Forma parte del programa de expansión de la compañía para este 2018 Cinco nuevas ciudades, de las cuales la primera será el territorio gobernado por Colau. Después llegarán Málaga, Sevilla, Valencia y Zaragoza, no estrictamente en este orden.

¿Y Madrid? Uno de los grandes problemas asociados a las grandes urbes es su gran extensión de zona habitada. Es decir, abrir una ciudad no implica necesariamente cubrirla al 100%. El problema asociado a servicios de coches compartidos, como pueden ser Car2Go o Emov, también afecta al negocio de los repartos. Una nueva zona implica nuevos acuerdos con comercios y nuevos rapartidores. Uber Eats se ha puesto en 2018 el objetivo de abordar el cordón sur de la ciudad de Madrid . Todo un reto que tiene en medio a uno de los distritos más grandes de la ciudad: Vallecas.

A propósito de los riders

Como no podía ser de otra manera, la polémica de los riders ha ocupado en gran medida el aniversario de la compañía en Madrid. Después de que algún comisario de Bruselas haya puesto en entredicho el futuro de esos nuevos modelos de trabajo y de la denuncia de UGT por la actividad de Glovo, Deliveroo o UberEats en España, era de pregunta obligada.

Lo cierto es que, pese a que la unión de trabajadores haya metido en el mismo saco a todas las compañías de reparto, la mayor parte de las quejas y manifestaciones han ido siempre de la mano de Deliveroo, el gigante británico. Y, ante esta situación, desde UberEats confirman que no han mantenido ningún diálogo con ninguna de las partes hasta la fecha: "Nuestra actitud no es defensiva, pero estaríamos encantados de colaborar por aquello de que a todos nos meten en el mismo saco cuando somos diferentes".

En caso de tener que activar el discurso de diferenciación, el camino iría por la parte de la flexibilidad. Según su punto de vista, a diferencia que la competencia directa, UberEats "se caracteriza por no exigir número de horas, quién se tiene que conectar ni cuando. No hay planificación de ese tipo. No les pedimos nada, solo que ellos cuando decidan abrir la aplicación que reciban pedidos". La cuestión básica es si llegados tener que enfrentarse en un entorno legal, estas cuestiones serían suficientes para levantar la losa del famoso falso autónomo.