No van a ser una Navidades tranquilas. Hasta el último momento las polémicas derivadas de la decisión del TJUE respecto a modelo de actividad de UberPop y, por tanto, de Uber en Uber en Europa, van a tener repercursión. En el caso de la compañía de transporte [ha sido BlaBlaCar, que ahora podría enfrentarse a la misma suerte que la tecnológica norteamericana. Otro de los ejemplos sería Deliveroo.

Los problemas para la compañía británica empezaron cuando, meses antes de verano, varios grupos de riders (o repartidores) se manifestaban contra los cambios de las políticas de pago por cada entrega. De ahí se pasó a las relaciones laborales que la compañía mantenía con ellos, autónomos. En el caso de Reino Unido, el asunto quedó saldado en los Tribunales reconociendo estos el modelo de relación laboral que Deliveroo mantenía con sus profesionales. En el caso de España, donde también se sucedieron huelgas y manifestaciones, se modificó el sistema de "contratación". Un nivel por encima del sistema de autónomos, la compañía puso sobre la mesa el modelo de contrato TRADE. De esta manera, el 75% de los ingresos de los repartidores debería tener origen en dicha compañía. Más de 200 profesionales rehusaron firmar este tipo de contrato y, por tanto, ya se encuentran fuera de la plataforma. Con los que decidieron ir a juicio se llegó a un acuerdo económico y, en Valencia, una inspección de trabajo ha dado la razón a los riders que acusaban a Deliveroo de tener falsos autónomos. Detrás de esto siempre han estado Glovo, UberEats o Stuart que, si bien tienen modelos similares, han sabido sortear la polémica. Hasta ahora.

En una actualización de esta historia, ya larga de por sí, ha querido entrar la UGT. Estos han registrado una denuncia en la Dirección General de Trabajo para señalar precisamente el problema de fondo: la relación laboral entre los trabajadores y dichas compañías de reparto de última milla.

En su comunicado, UGT señala que este movimiento viene explicado por la manifestación de varias denuncias, a través de su web, de componentes de las diferentes plataformas. Haciendo referencia también a la mencionada Inspección de Trabajo realizada en Valencia. Así mismo, amplía su denuncia no sólo a Deliveroo, también al resto de compañías de modelos de negocio parejos, aludiendo a "la gravedad de los hechos por la vulneración de la legislación social y laboral y su repercusión sobre el Sistema de la Seguridad Social".

La propia denuncia explica que "los trabajadores contratados son realmente trabajadores asalariados por cuenta ajena" estableciendo de esta manera "una relación laboral encubierta, en fraude de ley, a través de la figura de falsos autónomos". Añaden, además, los mismos argumentos que en el caso de Valencia: un régimen sancionador por incumplimiento de las instrucciones, organización muy específica del trabajo, establecimiento unilateral de los precios, enseñas de las marcas contratantes y comportamientos específicos ante los clientes. Además del pago de los impuestos por parte de los riders.

Sea como fuere, la realidad es que la historia de Deliveroo, y ahora el resto de plataformas, puede convertirse en la nueva batalla de 2018 con el modelo de Uber vs. los taxis.