Es innegable el placer y beneficios que nos da el hábito de la lectura y la inmensidad del universo que hay detrás de las letras. Es por esto que a veces buscamos retomar la lectura o la forma de leer más libros y recordar lo que hemos leído.

Además del conocimiento que adquirimos a través de la lectura, de las historias y los fantásticos personajes que las protagonizan, leer también desarrolla habilidades importantes: estimula la comprensión lectora y la concentración; amplía el vocabulario y ayuda al análisis e interpretación de los textos.

En este sentido podemos decir que es muy conveniente desarrollar el hábito de la lectura y leer la mayor cantidad de libros que podamos. Para leer más existen muchas técnicas, algunas fraudulentas, y también existen los audiolibros. Pero... ¿escuchar audiolibros es leer? ¿Los audiolibros se pueden contar como libros leídos? ¿Escuchar audiolibros es "hacer trampa"?

Ante las anteriores respuestas algunas personas están dispuestas a decir que los audiolibros son para gente floja o que escuchar la narración de un libro no se puede equiparar ni de broma con leerlo con nuestros propios ojos, y que, amenos que seamos ciegos o débiles visuales, no hay justificación para consumir audiolibros. Bueno, la realidad puede ser muy diferente y puede que estemos ante una idea que tiene sus orígenes en los sistemas de educación, que a nuestros días, están más que anquilosados.

En primer lugar, la lectura se puede disfrutar de distintas formas: silenciosa, en voz alta, reflexiva y, dependiendo de los textos, buscamos objetivos distintos: comprensión, recreación o elaborar una crítica. Así pues, disfrutar una lectura sí se puede hacer a partir de un audiolibro. Y no, no es trampa o menos "mérito" que leerlo con nuestros ojos.

La cuestión del mérito es algo que siempre surge ante el tema de si los audiolibros son "libros de verdad" o si pueden ser contados como "libros leídos", como si leer debiera ser reconocido como un logro conseguido a base de un gran esfuerzo y no un hábito saludable, sustancioso y disfrutable.

Sí, bueno, pero no es lo mismo leer un libro que escucharlo, dirán algunos. Claro, no es lo mismo por la forma en la que se disfruta el libro pero en términos de comprensión y recreación, en resumidas cuentas, para el cerebro es lo mismo. Daniel T. Willingham, autor de diversos libros sobre la lectura y psicólogo de la Universidad de Virgina, asegura esto luego de dedicar gran parte de su carrera estudiando el proceso de la lectura. Willingham explica en un corto y sustancioso artículo que el modelo de la lectura tradicional implica una decodificación seguida de un procesamiento del lenguaje. Así pues, si escuchamos un audiolibro, aunque ya fue decodificado, el procesamiento del lenguaje es el mismo que si lo leyéramos nosotros mismos.

Ahora bien, la decodificación es importante, dice este autor, pero sólo en las primeras etapas como lectores, una vez que automatizamos el proceso de decodificar la palabra escrita, es decir entre los 10 y 12 años de edad, el procesamiento del lenguaje toma todo el peso en la lectura. Es por esto que este autor sostiene que leer un texto por nosotros mismos o escucharlo narrado por alguien (incluso por un asesino serial) es prácticamente lo mismo en términos de comprensión y disfrute. Willingham se aventura a decir que en los audiolibros nos encontramos algunas ventajas: inflexiones en la voz del narrador que ayudan a comprender el texto, pronunciación correcta de las palabras, pausas, etc.

En cuanto a los beneficios de estos tipos de lectura, ambas ayudan en áreas importantes. Sobre los audiolibros podemos decir que estimulan la atención y comprensión auditiva, mejoran e instruyen en cuanto a la prosodia y claro, tienen todas las ventajas sobre el disfrute de los textos. También debemos tener en cuenta que hay personas que no tienen oportunidad de leer por su cuenta o hacen trabajo manual y tienen el tiempo para escuchar libros; además de personas que por problemas físicos o médicos no pueden leer, es por esto que los audiolibros son una extraordinaria opción para conocer esas maravillosas obras que esperan a ser descubiertas. Como pudemos ver, la lectura en cualquier formato y forma es benéfica en todas sus presentaciones.