Hagamos un ejercicio: pensemos en nuestro hábito de la lectura cómo si fuera nuestra condición física. Entonces, nos daremos cuenta que hay temporadas en las que somos bastante disciplinados y salimos a correr, hacemos aeróbicos o cualquier clase de deporte que nos guste. Por otro lado, hay épocas en que nuestra condición física no está en las óptimas condiciones y, a veces, se encuentra en condiciones desastrosas.

Puede ser que nos demos cuenta de que nos hemos convertido en sedentarios, llevamos meses de amigos del sofá y del control remoto y, además, notamos con pena que subir una escalera de tres peldaños se ha convertido en toda una odisea. Es entonces cuando se prenden los focos rojos y decidimos hacer algo al respecto.

El hábito de lectura no es un don o un poder especial

Así como no nos lanzaríamos de inmediato a correr un maratón para recuperar la condición física perdida; tampoco nos lanzaríamos a leer Ulises de James Joyce para recuperar el hábito de lectura que, por cierto, tiene sus propios síntomas: sueño a la primera página leída, poca concentración, leer sin comprender, solo por mencionar algunos.

La analogía podría seguir pero lo importante es recalcar la idea de que el hábito de lectura no es un don o un poder especial, y sí una actividad que, como en el entrenamiento físico, debemos practicar y ser perseverantes para mejorar; además de reconocer que si queremos aumentar la intensidad y complejidad de la actividad debe ser conforme a nuestras capacidades y de forma paulatina.

Existen trucos para ser un lector más productivo en los que, más que nada, subyace el hábito de aprovechar cualquier momento posible para leer; tal como diría Daniel Pennac en Como una novela:

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Retomar

Cuando ya nos dimos cuenta de que la lectura está más que abandonada; que por muchas razones llevamos un buen rato sin leer algo más que subtítulos de series, y sobre todo: queremos retomar la lectura por el puro gusto, es momento de echar mano de algunas recomendaciones y tipos de lectura para ejercitarnos y poco a poco aventurarnos a lecturas más largas y, solo si así lo deseamos, más complejas. Insisto en el deseo personal porque no es obligación de nadie ponerse a leer; al contrario, el ritmo es personal como personal es lo que se quiere leer, aquí cabe de nuevo la filosofía de Daniel Pennac y sus famosos (y geniales) derechos de los lectores.

Tal como haríamos si decidiéramos comenzar a hacer ejercicio, retomar el hábito de la lectura comenzará idealmente con lecturas más bien cortas y muy entretenidas que podamos terminar; recordemos que terminar pequeñas tareas y objetivos nos ayudan más que proponernos una enorme meta.

Un primer consejo sería leer ESA lectura que tenemos pendiente y por algo lo hemos pospuesto de más. Sí, ese cuento o novela que todo mundo nos ha recomendado e, incluso, tenemos en el librero pero no hemos abierto siquiera.

Otra recomendación sería seleccionar un título de nuestro género favorito y seguir por ahí un rato hasta que nos den las ganas de cambiar. Esto es importante: la brújula de "qué leer" es muy personal y no debe cumplimentar a nadie más que a nosotros mismos. Si una lectura te abruma o te cansa, cámbiala como harías con un rutina de ejercicio que te parece excesiva o agotadora; nadie dice que no puedas intentarlo después.

Si por alguna razón no tienes libros o lecturas pendientes, los clásicos siempre nos sacarán de apuros, no por nada se convirtieron en favoritos de muchos y han trascendido el tiempo. Hablo de Julio Verne, Rudyard Kipling o Michael Ende, por ejemplo. Autores con lecturas que pueden atraparnos fácilmente. Aquí también cabe (y solo si te gusta este género) las novelas del detective más famoso de la ficción: Sherlock Holmes. Las novelas de Arthur Conan Doyle son sencillas de leer, llenas de misterio y terminarás atrapado muy pronto en los casos de Holmes. Si eres fan de la serie de Sherlock de la BBC y no conoces los libros de Conan Doyle, es doblemente recomendable que los leas, amarás mucho más la serie de televisión.

Otro autor del que podemos echar mano para ejercitar un atrofiado hábito de lectura es Stephen King; este maestro sí que sabe hacer novelas que terminarás de un tajo. Entre ellas puedo nombrar: "Cujo", "Misery", "Carrie" (la primera novela de este prolífico autor), así como sus compilaciones de cuentos. Spoiler: nunca volverás a ser el mismo luego de leer a King.

En este mismo tono se encuentra Saki, un tremendo autor que nos llevará por lo siniestro con un incomparable humor al pasar las páginas. No querrás despegarte de sus cuentos y podrás ejercitar tu hábito de lectura con un gran toque de humor negro.

Una novela en particular me salvó de un periodo de inactividad lectora: Las batallas del desierto de José Emilio Pacheco. Tan bella y cautivadora, tan nostálgica como inocente y desoladora, este texto me recordó lo que es conmoverse hasta las lágrimas, lo que es sentir impotencia y empatía por un personaje; me recordó el placer de caer de sueño y seguir leyendo sin tregua y sentir la tragedia inminente, ese vacío, al pasar las páginas y ver que quedan muy pocas.

Una novela más larga e igual conmovedora, llena de humor, crítica y con una narración excepcional es Soy un gato de Natsume Söseki. Divertida, amplia y amena, seguro te recordará el placer de leer ante el mínimo tiempo libre que tengas y robarle tiempo a todo lo posible para regresar al texto.

Podríamos seguir recomendando lecturas pero la idea aquí es que, si estás pasando por un periodo en el que leer es lo último que se te antoja, recuerdes que no hay por qué reprocharse nada, que hay que leer por puro gusto y solo si tenemos ganas; pero sobre todo: que hay que ser pacientes, solo un poquito, si lo que queremos es ir aumentando el tamaño y complejidad de las lecturas y fortalecer así nuestro hábito de lectura.

Lo mejor de todo es que hay, lo que parece, una infinidad de opciones para acceder a las lecturas; ya sea en bibliotecas digitales, sitios para amantes de la lectura, libros electrónicos (con bastantes planes para todos los gustos y bolsillos); así como el método clásico: el incomparable libro físico (nuevo, prestado, regalado o comprado).

También recordemos que hay otras cosas que leer y no solo literatura tradicional; es decir, artículos en enciclopedias, fanfiction, el lugar donde los lectores se convierten en autores; cómics y novelas gráficas (que son tan emocionantes y geniales que me atrevería a decir que quienes las desprecian son solo quienes no las han leído); libros para niños (las colecciones de muchas editoriales son impresionantes). Por último, recordemos que el hábito de la lectura es personal, como lo son los objetivos de lectura que deseemos.