El 28 de noviembre de 1967, un día como hoy hace cincuenta años, la joven científica Jocelyn Bell descubrió el primer púlsar de la historia. Ella y su director de doctorado, Anthony Hewish, bautizaron la extraña señal que percibieron desde su laboratorio en Cambridge (Reino Unido) como LGM, haciendo referencia a las palabras en inglés «Little Green Men», o «pequeños hombrecitos verdes». En un primer momento, los investigadores pensaron que su origen podría estar relacionado con una civilización alienígena. Pero no imaginaban que la supuesta señal extraterrestre iba a dar lugar a una historia mucho más enrevesada.

Durante sus dos primeros años de trabajo, Jocelyn Bell participó en la construcción de un radiotelescopio cuyo objetivo era estudiar los cuásares, un término que hace referencia a objetos muy lejanos que emitían ondas de radio, de los que no se sabía su procedencia. Hoy sabemos que son agujeros negros muy masivos en el centro de las galaxias, pero en aquel momento eran un gran misterio para la astronomía. Según la NASA, el observatorio producía más de 120 metros de papel en análisis cada cuatro días. Ante la ingente cantidad de información producida, Bell se dio cuenta de que había unas señales inusuales que ocupaban apenas 2,5 centímetros de los 121,8 metros de papel, unas marcas que mostraron la existencia del primer púlsar conocido.

Tal y como se confirmó posteriormente, un púlsar es un tipo de estrella cuya actividad se asemeja a la de un faro, al emitir radiación a intervalos regulares y breves. Las señales descubiertas por Jocelyn Bell, lejos de tener un origen alienígena, procedían de estrellas de neutrones muy masivas que giran sobre sí mismas a altísimas velocidades. El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Nature, quedaría grabado en la memoria colectiva como uno de los grandes avances en astronomía del siglo. Así lo reconoció también la Real Academia de Ciencias de Suecia al conceder el Premio Nobel de Física de 1974 a Hewish, ignorando la fundamental contribución de Bell.

¿Puro machismo o simple robo?

La estrella detectada por Jocelyn Bell, que presentaba unos pulsos con una frecuencia de 10,3 milisegundos, fue bautizada como CP1919. Según explica Josefa Masegosa, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, «el nombre de Jocelyn desapareció, como ha ocurrido la mayoría de las veces en las que una mujer ha sido la autora de un descubrimiento científico». La Academia de Ciencias le negó a la investigadora el mérito que debería haber recibido por el hallazgo, tal y como admitió el propio Hewish durante el discurso de recogida del galardón. «Por su cuidado, diligencia y persistencia que llevó al descubrimiento de los púlsares”, reconoció el director de tesis de Bell durante la ceremonia de entrega de los Nobel.

A pesar de no ser distinguida con el Nobel de Física, debido a la nula visibilidad de las mujeres en ciencia durante décadas, Jocelyn Bell continuó trabajando. Tras completar su tesis en Cambridge, la investigadora prosiguió con sus estudios en astronomía en la Universidad de Southampton (1970-1973), el University College de Londres (1974-1982) y el Real Observatorio de Edimburgo (1982- 1989). Posteriormente fue profesora titular en la Open University, además de ocupar cargos relevantes como la presidencia de la Real Sociedad Británica de Astronomía y la dirección del Instituto de Física de Reino Unido. España también ha reconocido la labor científica de Bell, al otorgarle la medalla de oro del CSIC en 2015 y el doctorado honoris causa de la Universitat de València en 2016.

Sin embargo, tal y como recuerda Sergio Erill en su libro La ciencia oculta, editado por la Fundación Dr. Antonio Esteve, no toda la comunidad científica interpreta el olvido de Bell únicamente como una falta de visibilidad de las mujeres investigadoras. «Fred Hoyle, que fue fundador del Instituto de Astronomía de Cambridge y estaba considerado uno de los científicos más importantes del siglo XX, catalogó el hecho como un robo«, destaca el catedrático de Farmacología, que se pregunta si la intensa carrera científica protagonizada por Jocelyn «es suficiente para hacernos olvidar el robo del que fue víctima».

Las declaraciones de Hoyle, sin embargo, no sentaron nada bien a Anthony Hewish, mentor de Bell y premiado con el Nobel, según recogió por aquel entonces The New York Times. Posteriormente, el controvertido astrónomo —que también negó el Big Bang y propuso el origen extraterrestre de la vida, según contaba el astrónomo Rafael Bachiller en El Mundo— arremetió contra el Comité Nobel por no galardonar a Jocelyn Bell, unas críticas que explican, según algunos periodistas, por qué Hoyle tampoco llegó a recibir nunca el premio.

¿Pero qué piensa Jocelyn Bell del descubrimiento que marcó su vida? La propia científica recordó el hallazgo en un artículo publicado en 2004 en la revista Science. «En ese momento, la ciencia todavía era percibida como [una actividad] llevada a cabo por hombres distinguidos que lideraban equipos de subordinados no reconocidos que cumplían sus órdenes y no contribuían más que con lo que les habían mandado. Aunque no fui incluida, celebré el Nobel de Física como el primer galardón a un hallazgo astronómico«, reconocía en el texto. En la tribuna de opinión, Bell aplaudía los grandes avances realizados en las últimas décadas para desentrañar los misterios de los púlsares, pero describía como «decepcionantes» los pasos dados para valorar el papel de las mujeres en astronomía. La investigadora destacaba que a lo largo de la historia había habido «excelentes astrónomas» que no habían recibido suficiente reconocimiento, pero que era la sociedad, y no las mujeres, las que tendrían que cambiar el rumbo y empezar a premiar sus esfuerzos y logros.

La portada de ‘Unknown pleasures’

La historia sobre el hallazgo del primer púlsar no solo estuvo envuelta por la polémica sobre el olvido de Jocelyn Bell, sino que también dio un sorprendente e inesperado giro musical. En junio de 1979, la banda británica Joy Division publicó Unknown pleasures, que aún hoy es recordado como uno de los mejores discos de la historia. El primer álbum del grupo, grabado en Stockport (Reino Unido), llevaba en portada unos intrigantes gráficos, unas líneas blancas sobre fondo negro que representaban precisamente a CP1919, el primer púlsar descubierto por Bell un día como hoy hace medio siglo.

Las señales que aparecen en la portada de Unknown pleasures, sin embargo, no corresponden a las marcas detectadas por la científica en Cambridge. Antes de la publicación del icónico disco, la misma imagen había aparecido en un número de la revista Scientific American (1971), en un libro titulado Graphis Diagrams: The Graphic Visualization of Abstract Data (1974) y en la Enciclopedia de Astronomía de Cambridge (1977). El origen de la fotografía, que inicialmente fue relacionada con el Observatorio de Arecibo, era un auténtico misterio hasta que Jen Christiansen, ilustradora y editora en Scientific American, logró desentrañar su procedencia.

Crédito: Harold D. Craft.

Efectivamente, las gráficas correspondían al primer púlsar descubierto en la historia, pero habían sido realizadas tiempo después por otro astrónomo, Harold D. Craft, Jr., cuando estudiaba la misma estrella de neutrones. Las señales fueron publicadas por el científico en su tesis doctoral, Radio Observations of the Pulse Profiles and Dispersion Measures of Twelve Pulsars, defendida en la Universidad de Cornell en 1970, tres años después del hallazgo de Jocelyn Bell. Como si la historia fuera circular, Craft tampoco vio reconocido su trabajo hasta muchos años después, ya que Joy Division utilizó su imagen sin pedirle permiso, convirtiendo la señal de un púlsar en una de las portadas más icónicas de la historia.

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