Durante la noche del sábado 28 al domingo 29 de octubre, España adoptará oficialmente el llamado horario de invierno. Es decir, este fin de semana se producirá el cambio de hora, ya que deberemos atrasar los relojes: a las tres de la madrugada serán las dos de la mañana. La variación horaria se realiza siempre el último domingo de octubre, igual que el cambio al horario de verano se da durante el último domingo de marzo.

La medida se regula mediante la Directiva 2000/84/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de enero de 2001, relativa a las disposiciones sobre la hora de verano, transpuesta al ordenamiento jurídico español mediante el Real Decreto 236/2002, de 1 de marzo, por el que se establece la hora de verano. El cambio de hora durante el décimo mes del año supone además que disfrutaremos de un día de 25 horas, por lo que podremos dormir sesenta minutos más este fin de semana.

La entrada en el horario de invierno ha sido defendida por un supuesto ahorro energético, estimado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) en un 5% del consumo eléctrico. Sin embargo, otras entidades como la Asociación de los Consumidores de Energía han puesto en cuestión este alegato, señalando que de haber un ahorro, seguramente sea inferior al 1% del consumo eléctrico. La propia Comisión Europea elaboró un informe hace una década admitiendo que el cambio de hora "contribuye al ahorro de energía dado que se utiliza menos electricidad para la iluminación por las tardes pues hay más luz", aunque reconocía que era difícil cuantificarlo.

Por otro lado, cada vez que se produce un cambio de hora, se pone en cuestión si la medida puede tener algún impacto en nuestra salud. Los efectos biológicos de retrasar la hora en el reloj serán similares a los que ocurren cuando viajamos a Canarias. En otras palabras, el cambio de hora apenas afecta en nuestros ritmos circadianos, los relojes biológicos cuyo estudio fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2017. Atrasar los relojes en octubre no tiene consecuencias para nuestro organismo, que sí nota algo más el cambio de hora de marzo al perder una hora de sueño. En cualquier caso, los expertos resaltan que el cuerpo se ve más afectado cuando trasnochamos que con el fin del horario de verano, por lo que no hay de qué preocuparse.