Justo hoy, hace nueve años, nacía una empresa que si bien quería cambiar el mundo a su manera, poco se podía imaginar que iba a impactar en el sector del transporte de la forma que lo ha hecho. Uber, o al menos su primera versión, daba sus primeros pasos en las lluviosas calles de París de la mano de Travis Kalanick y Garrett Camp.

Ha pasado de cero a 100 en apenas unos años, con una valoración de más de 63.000 millones de dólares y con la fama de haber diseñado, de nuevo, la estructura del transporte en las ciudades. De momento en Estados Unidos, y especialmente en Nueva York donde el precio medio de la licencia de taxi se ha depreciado considerablemente en detrimento de la actividad de Uber, pero que promete plantar cara en las capitales de medio mundo. Europa, continente donde cuenta con más países conquistados del total disponible, Asia, Latinoamérica, una expansión que no ha dejado indiferente a nadie. Un total de 334 ciudades en 59 países del mundo, de los cuales muchos de ellos ya han regulado el servicio y adaptándolo a la legalidad vigente.

En su, casi, década de vida también se ha encontrado con la barrera de las prohibiciones, una legislación que se impone por encima de su actividad, -especialmente en Europa-, problemas de seguridad y dramas en el cumplimiento de las políticas de privacidad y una estrategia que nunca ha dejado indiferente a nadie. Desde el primer momento, Uber ha usado la técnica de entrar y después preguntar, acto seguido las prohibiciones y las sanciones se sucedían. Pero ya habían logrado instalar el germen en la sociedad, un germen que ha ido creciendo hasta hoy.

Sea como fuere, e independientemente de sus problemas, Uber ha sido la niña bonita de los inversores desde hace mucho tiempo. El dinero empezó a entrar en 2009: 200.000 dólares por parte de sus fundadores que pronto se verían respaldados por cantidades de más de 7 cifras. En nueve años ha conseguido levantar 8.881 millones de dólares en 14 rondas diferentes de la mano de 79 inversores. Una de las tecnológicas más financiadas de Silicon Valley y, por supuesto, de las mejor valoradas.

Garrett Camp

Un cumpleaños sin papá y mamá

2017 ha sido el año de las desdichas para Uber. No tanto a nivel de resultados de negocio, como a política interna de la compañía.

Es cierto que las cuentas de la empresa, al menos de lo que ha trascendido puesto que al no cotizar en bolsa poco se puede saber a ciencia cierta, aún registran pérdidas. Pero su estrategia siempre ha sido a largo plazo y es algo que los inversores saben: un gran gasto inicial para hacerse hueco en los diferentes mercados y, una vez llegue el coche autónomo prescindir de los propios conductores pero ya con los deberes hechos en cada ciudad. Un plan a muy largo plazo que puede salir muy mal o muy bien.

Las demandas por acoso sexual que llevan gestándose desde principios de año, la falta de una directiva sin un rumbo fijo y sin estrategia clara, la lucha contra Google por el supuesto robo de patentes, además de una serie de problemas internos de la junta, han dibujado un cumpleaños muy triste. El primero, además, que se celebra sin los propios fundadores de la compañía dentro de la misma. Travis Kalanick era invitado a salir de su puesto como CEO hará un par de meses y sin la posibilidad de retornar, al menos en un medio espacio de tiempo, a su posición. Alguno de los miembros, de hecho, ha llegado a demandar al propio fundador por irregularidades en el contrato. Ahora, queda abierta la veda para la elección del nuevo candidato, que se espera para las próximas semanas con Immelt como mejor opción.

Tras este, el segundo de de a bordo de la tecnológica y co-fundador, Garrett Camp dejaba su puesto en un claro apoyo a su compañero y amigo fundador. Dejaban entonces, de forma virtual, huérfana a una compañía que ellos mismos habían gestado hacía 9 años. Al contrario que Kalanick, Camp siempre ha optado por la posición políticamente correcta y discreta. Por lo que a la espera por saber cómo celebrará Kalanick el cumpleaños de su propia compañía, Camp ha decidido ir por la parte sentimental de la historia. El empresario ha compartido en su cuenta personal de Medium la que fuese la primera presentación de Uber ante el mundo. La gestación de la idea en su versión más inocente y primigenia.

¿Alguno de sus mejores detalles? El uso de algunos de los primeros smartphones con internet y un especial interés por los vehículos híbridos que ahora se han visto sustituidos por los 100% eléctricos y, próximamente, los coches autónomos. Además de un especial interés en el lujo y el servicio exclusivo que pronto se vería apartado por procesos estándar.

Esperemos en cualquier caso, que el décimo aniversario de la enseña sea algo mejor que este, aunque teniendo en cuenta los retos de los próximos meses, la lucha promete ser dura.