En 2016, Samsung desplegó por todo lo alto el sistema de pagos móviles Samsung Pay. Lo hizo junto a Caixabank, y sembró con ello la primera semilla de este sector en España.

Meses más tarde llegó Apple Pay, de la mano de Banco Santander, American Express y Carrefour. Su aterrizaje fue realmente notorio, con grandes campañas publicitarias por parte de Banco Santander y una promoción casi constante por parte de American Express y Carrefour, que se encargaron de los coros y la instrumental en el concierto que Apple y Banco Santander han dado durante los últimos meses.

Mientras tanto, nuevos bancos se han ido posicionando respecto a las dos plataformas ya disponibles. En el bando de Samsung podemos encontrar a Banco Santander, El Corte Inglés, Sabadell y ABANCA, convirtiendo así a la solución de Samsung en la que más entidades financieras acepta en España. En el bando de Apple, por el momento, siguen los mismos actores, aunque N26 y Caixabank han confirmado que sus clientes podrán utilizar el sistema de pagos móviles de Apple antes de que finalice 2017 —se especula que Banco Santander tiene un acuerdo de exclusividad hasta diciembre, limitando la entrada de otros bancos en España hasta entonces—.

La única gran entidad financiera que no se ha posicionado en ninguno de los dos bandos es BBVA. El segundo banco más grande de España ha esperado hasta la llegada de Android Pay para adentrarse en esta oleada de plataformas de pago móvil gestionadas por tecnológicas. Y es que la compañía presidida por Francisco González Rodríguez, al igual que Banco Santander, Caixabank y muchos otros ya ofrecían sistemas de pago NFC a través de sus propios ”wallets” desde hace años. La diferencia es que las grandes tecnológicas (Google, Samsung, Apple, etc.) no estaban involucradas en ellos, y eso cambia las normas del juego.

Demasiadas soluciones para un mismo problema

Un cliente de Banco Santander, a día de hoy, puede utilizar tres plataformas de pago diferentes: Apple Pay, Samsung Pay y el wallet propio de Banco Santander (Santander Wallet). En un futuro, la lista podría expandirse a una cuarta plataforma: Android Pay.

Los clientes de Caixabank se enfrentan a una situación similar: cuentan con un wallet propio, Samsung Pay y tendrán Apple Pay antes de que finalice 2017. Y, al igual que Santander, la lista podría expandirse con la incorporación de Android Pay.

En el caso de BBVA la oferta se reduce a su propio wallet y Android Pay, pero su expansión hacia la plataforma de Apple es más que probable considerando el atractivo que tienen los usuarios de iPhone (por lo general, mayor renta > más compras > más comisiones para los bancos). Además, en la plataforma de Apple no hay vía alternativa: o pasas por el aro de Apple Pay o los millones de usuarios de iOS se quedan pago móvil con tu entidad.

Esta diversidad de opciones y gran movilidad del sector es propia de una industria en pleno desarrollo —recordemos que fue hace apenas un año cuando Samsung sembró la primera semilla—, pero, en el medio y largo plazo, la congestión que ya se empieza a apreciar podría acabar asfixiando a la mayor parte de las plataformas que hoy se ofrecen a los clientes. La consolidación, como en todas las industrias, acabará llegando a los pagos móviles.

La consolidación, como en todas las industrias, acabará llegando a los pagos móviles. Muchas plataformas se quedarán en el camino.

Las principales damnificadas serían las plataformas propias de los bancos. Tras las semillas sembradas por Santander, Caixabank y BBVA (que ya se han posicionado junto a las principales tecnológicas), la vuelta atrás es irremediable: todos los bancos tendrán que pasar por el aro de las tecnológicas para ofrecer un sistema de pago móvil a sus clientes.

Y es que las virtudes que ofrecen a los usuarios este tipo de propuestas superan, con creces, a las desarrolladas por los propios bancos. Estas se integran con cualquier aplicación instalada en el dispositivo —puedes pagar en Deliveroo, por ejemplo, con Android Pay o Apple Pay—, ofrecen mayores niveles de seguridad en el proceso de la transacción y se funden a la perfección con el teléfono, ofreciendo una experiencia más pulida y amigable. También tienen una mayor visibilidad, pues viven en los setups de configuración iniciales, en los menús de aplicaciones, en los ajustes del sistema… Y eso, sin duda, es un arma publicitaria muy potente.

Los wallets de los bancos no van a consolidarse como plataforma de pago NFC. Serán los principales damnificados de la consolidación.

En el caso de Samsung, la situación es más compleja. Su sistema de pagos es muy competitivo tanto a nivel técnico como bancario. Se integra en los principales teléfonos de la marca —que también son algunos de los más vendidos en el mundo—, es compatible con múltiples entidades, acepta tarjetas de fidelización y, en algunos mercados, es compatible incluso con terminales de venta sin tecnología contactless.

Pero tras Samsung Pay hay un gigante llamado Android Pay que quiere y puede apropiarse de su porción del mercado. Atributos no le faltan: está disponible en más dispositivos (incluso en los de Samsung), se integra en capas más profundas del sistema (puedes pagar en apps como Deliveroo desde Android Pay), tiene millones de tarjetas de crédito y débito almacenadas previamente (gracias a Google Play) y, lo más importante, está impulsado por un gigante como Google que, además, cuenta con el beneplácito de la gran mayoría de fabricantes de la plataforma Android.

Samsung Pay debe jugar con las comisiones y abrirse a más teléfonos para sobrevivir.

La única vía de salvación para Samsung Pay es el juego con las comisiones a los bancos y la apertura a más teléfonos, un movimiento que la compañía ya estaría estudiando según apuntan varias fuentes. De esta forma no solo ganaría la atención de los bancos, sino también de los consumidores: más entidades compatibles, más teléfonos compatibles y, por consiguiente, más usuarios en su plataforma.

Pese a ello, Android Pay puede llegar a igualar su apuesta, y la situación se convertirá entonces en un race-to-the-bottom similar al que la industria telefónica ha vivido con el auge y posterior democratización del smartphone.

Mientras el iPhone siga siendo uno de los teléfonos más vendidos, los bancos y los clientes pasarán por el aro de Apple Pay.

La única plataforma que tiene asegurada su supervivencia es Apple Pay. El acceso al chip NFC de los iPhone —eje principal de la tecnología contactless— está muy limitado, lo que supone un muro infranqueable para cualquier solución de pago móvil que quiera operar sobre los teléfonos de Apple. Cualquier usuario que desee pagar con su iPhone tiene que pasar por el aro de Apple Pay. Y mientras el iPhone siga siendo uno de los teléfonos más vendidos, las entidades bancarias acabarán cediendo irremediablemente.

El resto de soluciones, mientras tanto, se enfrentarán a un proceso de consolidación progresiva que acabará dejando a muchos proyectos en la cuneta.