En Argentina, cada 18 horas asesinan a una mujer solo por ser mujer. Esta es la razón por la que se creó el movimiento Ni Una Menos, centrado desde 2015 en luchar contra la violencia machista y los feminicidios. Este abril de 2017, el país gobernado por Mauricio Macri y el movimiento han perdido una mujer más. La activista de Ni Una Menos Micaela García, de 21 años, fue encontrada muerta el pasado sábado en una localidad de Entre Ríos, a 230 kilómetros de Buenos Aires.

El presunto culpable del asesinato es Sebastián Wagner, quien ya fue acusado en 2012 por dos violaciones, pero salió de la cárcel con libertad condicional en 2015. García desapareció hace una semana, después de salir de una discoteca, momento en el que el acusado podría haberla estrangulado hasta la muerte y dejar su cuerpo a las afueras de Gualeguay, donde vivía la víctima.

El feminicidio es uno más de los 290 que tuvieron lugar en Argentina durante 2016. El caso de Micaela García no es, por desgracia, algo nuevo. Por ello, la muerte de la joven de 20 años ha vuelto a poner en el punto de mira la grave situación de las mujeres en algunos países de América Latina. Desde que se tuvo constancia del asesinato, han tenido lugar diversas marchas en Argentina, además de peticiones para que el juez que puso en libertad a Sebastián Wagner, Carlos Rossi, sea separado de su cargo. Hasta el presidente del país, Mauricio Macri, ha participado activamente para que este decisión se lleve a cabo y afirmó que "este tipo de jueces no lo podemos tener" en una radio argentina.

Las marchas para reclamar justicia por Micaela García han tenido lugar a lo largo del fin de semana y seguirán sucediendo esta semana. La madre de la víctima, Andrea Lescano, utilizó su cuenta de Facebook para organizar un homenaje en honor a su hija para el martes 11 de abril y afirmó que seguirá luchando por los ideales del movimiento en el que García participaba.

El problema de la justicia

Cuando Sebastián Wagner entró en la cárcel en 2012, había sido acusado de violar a dos chicas jóvenes. Cuatro años después, el juez Rossi decidió darle la libertad provisional, a pesar de que el Servicio Penitenciario Federal y la Fiscalía le informaron que Wagner no respetaba las normas ni participaba en las actividades que se realizaban en la cárcel, según El País.

En un comunicado publicado por la organización Ni Una Menos, se lanza la pregunta de los motivos que llevaron al juez a bajar la pena de 9 años de cárcel y concederle la libertad condicional a Sebastián Wagner. El movimiento se pregunta si el juez Rossi pudo haber pedido un informe psicológico por su cuenta y que este fuera tan favorable como para no tener en cuenta las recomendaciones de las autoridades penitenciarias. Ante la duda, reclaman más transparencia.

De lo contrario estaremos ante un episodio más en el que el impacto que tiene la violencia de género y las agresiones sexuales para nuestras vidas son menospreciados por la justicia.

La principal duda de las activistas del movimiento nacido en 2015 es qué tipo de actividades se llevan a cabo para la prevención de nuevos delitos relacionados con el feminicidio y la violencia de género. Cuando un preso sale de la cárcel después de cumplir su pena, ¿qué tipo de tratamiento siguen?

Tal y como explican en el comunicado, lo más común es recluir a los agresores sexuales en un pabellón de la comunidad evangélica esperando que la enseñanza de la moral evitará nuevas agresiones. Este tipo de prácticas parecen ser uno los únicos mecanismos utilizados en la actualidad para prevenir la violencia de género. Sin embargo, Ni Una Menos identifica estas actividades como insuficientes y reclama un compromiso real que ayude a erradicar los feminicidios: "La violencia contra las mujeres, lesbianas y travestis no se resuelve con el Código Penal -una herramienta que comienza actuar una vez que las violencias ya se imprimieron en nuestros cuerpos-, necesitamos políticas integrales de prevención para un problema complejo y un Estado que deje de ser cómplice y asuma un compromiso real. Ni una menos. Vivas nos queremos".

El movimiento en América Latina

Susana Chávez escribió un poema en 1995, en el que aplicó la consigna "Ni una muerta más" por los feminicidios en Ciudad Juárez, México. 16 años después, ella misma fue víctima de un feminicidio y se convirtió en un símbolo que en 2015 sería utilizado para iniciar el movimiento que ha centralizado a miles de activistas y organizaciones para luchar contra la violencia de género.

En fechas señaladas como el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género o el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se celebraron diversas manifestaciones y en diferentes puntos de América Latina, todas bajo el lema de #NiUnaMenos. El movimiento ha llegado hasta países como Perú y Chile, donde movimientos comprometidos con la lucha contra los feminicidios reunieron a miles de personas.

En México, el movimiento Ni Una Menos fue la ocasión perfecta para lanzar los datos de la violencia contra las mujeres en el país. Las numerosas marchas en la Ciudad de México y en otros estados pusieron de relieve la gravedad de la situación en un lugar donde el 68% de las mujeres han sido víctimas de agresión o abuso y donde mueren un promedio de 7 mujeres diarias, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El problema de la seguridad para las mujeres en México se une con otro de los retos del país y del Gobierno: la impunidad. Las denuncias por acoso o violación han aumentado en los últimos años y cada vez son más las mujeres que pierden el miedo a denunciar y reclaman justicia.

Sin embargo, el reto existe más allá de la denuncia. De las 120.000 agresiones anuales, solo 15.000 son denunciadas y no son más de 4.000 los casos en los que se encuentra y se juzga al culpable.

En este contexto, el movimiento Ni Una Menos en América Latina ha ayudado a los países a tener un lema con el que luchar y salir a la calle para reclamar el fin de la violencia contra las mujeres. Este mes de abril de 2017 se ha sumado una nueva víctima en Argentina, que pondrá de relieve la grave situación y la necesidad de cambios y compromisos. Una vez más, tiene más sentido que nunca la consigna "ni una menos. Vivas nos queremos".