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Que en España ahorramos poco es un dato que a pocos o a ninguno le sorprende. Será porque no está en nuestro ADN o que la cultura no nos lo ha impuesto, pero no es lo nuestro. Aún, afortunadamente, no podemos compararnos con Estados Unidos, los cuales se llevan la palma en cuanto a la carencia de "colchones".

Coyunturas financieras y sociales a un lado, lo cierto es que según los últimos datos de Kantar Media TGI, los españoles no son de los más cautos comparado con otros países. Sólo el 57% de la población tiene una cuenta de ahorros desvinculada de la de uso habitual. Francia, Reino Unido y Alemania están por encima de los países del sur del continente europeo. Y fuera de las fronteras, China con el 87% de su población ahorrando hasta el último Renminbi posible. Pero estos porcentajes no son sinónimo de que esas cuentas se actualicen: sólo el 28% de los españoles que tienen cuenta meten dinero cada mes.

Con este panorama, el tema del gasto se ha convertido en el centro de atención de la mayor parte de los comercios. Instituciones como El Corte Inglés llevan ofreciendo durante más de 30 años los famosos pagos a plazos, en este caso sin intereses, con el objetivo de atraer a más clientes. Las facilidades de pago pueden ser la herramienta diferenciadora en un sector en el que el consumismo sigue siendo siendo una facto esencial y creciente. Es, en palabras del CEO de Aplazame Fernando Cabello en Product Hunt de Madrid, "incrementar las ventas utilizando la financiación como palanca".

Y dentro de este sector han sido muchas las empresas, entre ellas varias startups, que han querido hacer de la financiación su línea de negocio. Encuadradas en lo que se conoce como lending existen ahora mismo en España unas 24 empresas especializadas. De un total de 207 startups, según datos de Finovista, el crecimiento se ha duplicado en los últimos tres años y ha crecido un 19% en el sector de los préstamos.

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Pescando entre los pagos a plazos

Sólo hay un problema con este sector: ¿son todas startups fintech?¿Son todas del mismo tipo? La cuestión es que posiblemente no cumplan los estándares startup que todo el mundo reconoce y que todas no sean iguales, pero fintech sí que son.

Son ya muchas las empresas que se anuncian en tal o cual plataforma audiovisual, Internet o red social ofreciendo préstamos a corto plazo "sin intereses". Promocionadas por el Carlos Sobera de turno ofrecen, sin reparo, pequeños montos de dinero gratis en primera instancia pero que se ceban con los intereses del préstamo, superando en muchas ocasiones el 1000%. Siguiendo la máxima de que el dinero no se regala y que nadie da duros a pesetas, estaba claro que su negocio tenía que venir de algún sitio. Y entonces hablamos con Fernando de Aplazame y su sincera y llana respuesta es que "le jode mucho que le comparen con este tipo de empresas". Y todo parte de un problema de desconocimiento asociado al típico *sabetodolismo" de la sociedad española. En Aplazame saben que es un reto, pero su deber es explicarle a la gente las diferencias y lo que hacen; "educar al cliente", a fin de cuentas, teniendo como máxima que "la revolución fintech no es sólo una revolución tecnológica, es también una revolución de valores".

Con un 25% de media bajo el estándar francés, lo que supondría repercutir con un 12% al consumidor, están muy por debajo de las tarjetas de crédito revolving que se suelen conceder en los bancos sin explicar cómo funcionan. Y por otro lado en el foco de mercado; muy vinculados al e-commerce ellos se integran en los métodos de pago de las compras on-line.

El objetivo a largo plazo es buscar el equilibrio estable entre los pagos del mundo on-line y el mundo off-line; en una integración de ambos sectores. Sería una búsqueda de la revolución por parte de los comercios más que por los métodos de pago NFC.

Nadie está exento del análisis de riesgo

En Aplazame empezaron a dar crédito a diestro y siniestro, sin tener ni idea. Y así les pasó. Algunos pagaban y muchos fallaban. Con el tiempo, y a mayor velocidad que los bancos pese a que estos ya se están poniendo las pilas, han aprendido cómo mejorar la técnica y depurar la concesión de los préstamos. Se sigue fallando sí, pero son "voraces consumidores de datos".

Equivocarse como clave del éxito. Eso que, en opinión de Fernando, "es lo que le está fallando a las grandes entidades". Lo ocurrido hace algunos años, el estigma social con el que han cargado tras la época de crisis se está pagando caro. Y lo están haciendo por la vía de la falta de creatividad y de la inmediatez. "A los bancos les provoca mucha ansiedad equivocarse, pero de lo que se tienen que dar cuenta es de la gente quiere las cosas aquí y ahora".

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El drama del consumismo

Pese a las diferencias que se interponen entre este tipo de empresas con las de microcréditos que se anuncian, todas cargan con el mismo estigma: el fomento del hiperconsumismo. La promoción, innecesaria a veces de que compres sin poder o sin necesitar. Pero, en términos financieros el crédito favorece el consumo y no siempre tiene que ser pernicioso. O lo que es lo mismo:

"Es como la analogía del cuchillo de shushi. Con el puedes hacer un sashimi maravilloso o llevarte un dedo. Pues con el crédito es lo mismo: puedes hacer grandes cosas o no."

Con los años de crisis podríamos imaginar que la gente ha aprendido a moderar su gasto. Sin embargo, los chicos de Aplazame han notado que verdaderamente la gente tiene ganas de gastar pero con cabeza. Su propuesta es que sean las empresas, las tiendas y los comercios, los que paguen los intereses porque el dinero en el bolsillo siempre es más interesante que un pago al momento, como es el caso del reciente acuerdo que ha cerrado Aplazame con El Ganso on-line y quién sabe si con la tienda física. Partiendo de la base de que "el crédito al consumo es lo que fomenta es la accesibilidad y, en ese sentido, permite democratizar el consumo" esto podría tener sentido. Las empresas se animan a cubrir los gastos del pago a plazos mientras ven que aumentan sus ventas. Estrategia made in Corte Inglés que lleva funcionando desde la época de nuestros abuelos pero traído al siglo XXI.

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