Habrá que esperar unos días, pero el 1 de diciembre los coches de Cabify por fin podrán verse por las calles de Barcelona. Y es que a la compañía le ha costado casi cinco años operar con normalidad en la ciudad condal; únicamente la versión Executive tenía los permisos reglamentarios para operar.

El problema de las licencias, el mismo que afecta a Madrid, podría ser uno de los motivos para atrasar el lanzamiento de la versión Lite y Corporate. Ya sabemos la norma: por cada 30 licencias de taxi, sólo puede haber una VTC. Por estadística, Madrid es la que más tiene. Y de hecho, de momento sólo podremos ver 50 vehículos de Cabify circulando, con una inversión por parte de la compañía que ha supuesto desembolsas 6 millones de euros.

Pero cuentan con una ventaja: Uber, que se retiró del servicio en la ciudad cuando se prohibió por parte de los tribunales, no ha vuelto y no tiene visos de volver hasta nuevo aviso pese a que esta semana esté previsto que se resuelva su litigio con la Generalitat a su favor. Por lo que, de momento, Cabify será el único servicio de su clase. Sin competencia similar y con una ciudad para "ellos solos", está previsto que sus resultados sean más que positivos.

Lo curioso de todo esto es que, por población, usuarios potenciales y adeptos a la tecnología, después de Madrid, Barcelona hubiese sido una de las elecciones más lógicas para el negocio de Cabify. Y, sin embargo, antes que ellos fueron Sevilla y Málaga para la división Lite. La que a fin de cuentas interesa a los usuarios. Antes que Barcelona, de hecho, se ha nombrado a Japón o cualquier país de Latinoamérica como destinos factibles. Desde Cabify, nos comentan que este movimiento se ha debido a la búsqueda del mejor momento para lanzar:

"Hasta la fecha, operábamos a través de colaboradores. Al no haber peticiones inmediatas, los conductores prestaban el servicio únicamente cuando había peticiones de reservas. Tras experimentar un incremento potencial de la demanda y el interés de los usuarios de Barcelona por solicitar nuestros servicios, decidimos invertir en la ciudad y lanzar el servicio completo, incluyendo nuestra categoría estrella Cabify Lite, para cumplir con los deseos y expectativas de los barceloneses. Simplemente, hemos esperado el momento adecuado para abrir un centro de operaciones con el fin de poder gestionar y controlar nuestro servicio en la zona de una forma más eficiente e inmediata y responder, como decimos, a esta demanda que veníamos detectando desde hace tiempo.”

Una cuestión de oferta y demanda en una ciudad con muchas paradoras. Porque Barcelona, pese a su alto nivel en el negocio de las startups con algunos de los ejemplos más internacionales, financiados y solventes del panorama emprendedor español, ha tenido sus más y sus menos con cierto tipo de plataformas y servicios. De sobra es conocida la lucha de Ada Colau con Airbnb o la de la Generalitat, que no de los taxistas, con Uber.