La multinacional Monsanto ha adquirido los derechos de explotación de la polémica patente sobre CRISPR-Cas9, la revolucionaria técnica que sirve para editar el genoma de forma más precisa y eficaz. La licencia no exclusiva llega después de que otras dos compañías relacionadas con la agrobiotecnología, como DuPont y Calyxt, realizaran movimientos similares para poder utilizar esta tecnología con fines agrícolas. El anuncio ha sido realizado tras la compra de Monsanto por Bayer a cambio de unos 56.000 millones de dólares, a falta de que las autoridades de la competencia den su visto bueno a la operación.

Monsanto ha adquirido los derechos de CRISPR-Cas9, cuya invención se ha visto envuelta en una auténtica guerra de patentes entre dos de las instituciones académicas más importantes del mundo. Actualmente, la propietaria de la patente es el Instituto Broad del MIT, a quien Monsanto ha licenciado de forma no exclusiva la técnica de la edición genómica. Sin embargo, la Universidad de California y la Universidad de Viena también pelean por los derechos de la invención más revolucionaria en biotecnología durante la última década. El último capítulo en esta lucha adquirió tintes de alta traición por CRISPR-Cas9, una tecnología valorada en más de 46.000 millones de dólares.

La importancia de CRISPR-Cas9 no es sólo económica. La técnica de la edición genómica permite "cortar y pegar" el ADN de forma más precisa y segura. Esta característica posibilitará la creación de variedades agrícolas mejoradas, aunque no está claro que puedan ser consideradas como "organismos modificados genéticamente" o, simplemente, "transgénicos 2.0". La razón es que CRISPR-Cas9 no introduce material genético foráneo, sino que funciona como un editor molecular, al igual que funciona Microsoft Word en la edición de documentos. Este es el motivo por el que Estados Unidos y Suecia han sido pioneros al rechazar que el uso de esta técnica sirva para crear los polémicos y conocidos organismos transgénicos. La Unión Europea no se ha pronunciado al respecto todavía.

Según declaró a El Español Carlos Vicente, portavoz de Monsanto España, "este acuerdo ofrece acceso a una fascinante herramienta para nuestra investigación en edición de genes". La alianza entre la multinacional biotecnológica y el Instituto Broad, a pesar de no ser la primera que licencia los derechos de CRISPR-Cas9 con fines agrícolas, cuenta con importantes límites. En primer lugar, la tecnología no podrá aplicarse para introducir o suprimir un rasgo en una especie que pueda afectar a todo un ecosistema con consecuencias imprevisibles. La segunda restricción prohíbe la creación de semillas estériles (conocidas como Terminator), que evitarán que los agricultores tengan que comprar una y otra vez las semillas a Monsanto. Esta ha sido una de las grandes polémicas en relación con los organismos modificados genéticamente o "transgénicos 1.0".

El Instituto Broad también ha restringido a Monsanto el uso de CRISPR-Cas9 para editar el genoma del tabaco. Los científicos temen que la edición genómica pudiera aplicarse para crear una variedad menos nociva, lo que podría a su vez incrementar el consumo de cigarrillos, un auténtico problema de salud pública. Los límites impuestos en el acuerdo de licencia no exclusiva, según el MIT, son restricciones planteadas por las propias agencias públicas de Estados Unidos, como la Food and Drug Administration (FDA), el Departamento de Agricultura del Gobierno norteamericano o la Environmental Protection Agency (EPA). El uso de esta tecnología, que puede revolucionar la ciencia como ya lo hizo la técnica del ADN recombinante en los setenta, ha de ser analizada aplicando el conocido principio de precaución. CRISPR-Cas9 tiene un enorme potencial por delante, siempre que no sea empleado en iniciativas que puedan poner en riesgo la dignidad humana o el medio ambiente. El debate ético, jurídico y social abierto con la llegada de esta tecnología promete ser igual o más intenso que el suscitado con la ingeniería genética.