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La gentrificación ha alcanzado un nuevo, y para algunos, desagradable nivel. La renovación de algunas zonas de ciertas ciudades por cuestiones de moda o tendencia, lo que implica sustituir al comercio tradicional por uno dominado por otros novedosos y subir los precios de alquileres de locales y edificios, ha visto su peor cara en San Francisco. En la ciudad californiana por excelencia se ha dado lo que podríamos llamar una gentrificación tecnológica.

Pese a tener buenos empleos, muchos profesionales son incapaces de pagar sus viviendasEsta región cuenta con una de las rentas per cápita más altas del país y más concentración de la producción del PIB nacional y, sin embargo, sufre las mayores desigualdades entre rentas altas y bajas. Es decir, las bajas son demasiado bajas y las altas son desorbitadas. El resultado es que, pese a que los niveles de empleo en la zona sean buenos debido a la presencia de las sedes centrales de grandes, pequeñas y medianas tecnológicas y el nivel de innovación supere de lejos a la media nacional e internacional, a muchos de estos profesionales se les ha hecho imposible vivir, bajo unos mínimos de calidad, en esta ciudad. Está, por decirlo de alguna manera, llegando a un punto crítico.

Un rápido vistazo a cualquier web de venta de pisos en San Francisco confirma el hecho de que los precios están alejados de la realidad. Con un mínimo de 1 millón de dólares por vivienda, ya es más del 57% los que superan este valor. Y algo similar ocurre con los alquileres, que suben de semana en semana en función de la nueva tecnológica que se haya asentado en la ciudad o en la misma calle. Resultado: muchos profesionales que, pese a tener el empleo de sus sueños, viven prácticamente hacinados estando muchos de ellos en peligro de perder su hogar. Y si a esto se suma el hecho de que casi 44 mil personas, según el último censo de 2015, están considerados sin techo o homeless la situación empeora para una de las ciudades más populares de Estados Unidos.

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El efecto Twitter

2011 fue el año clave para llegar a este punto. El objetivo de San Francisco, que tenía entre sus intenciones atraer al máximo de empresas a sus calles, era seguir siendo el tradicional centro de innovación del país. El cual había estado perdiendo brillo en pos de otras zonas más baratas e igual de prometedoras. Y lo que puede ser más importante: no perder a las tecnológicas que ya estaban afincadas.

Un alza en los impuestos grabados a las rentas de los empleados hizo plantear a los directivos el hacer las maletas a nuevas, y más baratas regiones. O lo que es lo mismo, a legislaciones más permisivas con las bajas tasas. Twitter, de hecho, fue la primera en plantearlo. Y el miedo de los gobernantes no tenía baremos de medida. Al final, la empresa de los 140 caracteres consiguió abrir la veda y eliminar el impuesto sobre las nóminas.

Hoy se aprovechan de esta circunstancia Uber, Spotify, Dolby, LinkedIn... La lista es interminable porque no solo se suman las grandes, también las pequeñas y más emprendedoras.

El mayor temor estadounidense: impuestos

Pero lo que le viene bien a las compañías no tiene por qué ser lo mismo que lo que interesa a una ciudad. A tan bajos impuestos, lo que arcas públicas requieren para afrontar los problemas sociales es absolutamente inasumible. Por esta razón, y para lamento del círculo financiero/empresarial, varios supervisores de la zona someterán a la votación del Gobierno regional un nuevo impuesto. El Fiscal Tech, que viene a ser lo mismo que aquel que se eliminó hace cinco años, añadirá un impuesto adicional sobre la nómina de un 1,5% adicional. Las previsiones adelantan que lo recaudado rondará los 120 millones de dólares de media, que estarán destinado prácticamente de forma íntegra a intentar paliar la cuestión de la vivienda en la ciudad.

Los ingresos por este impuesto estarán enfocados a resolver el problema de vivienda de San FranciscoHasta noviembre no se sabrá si esta decisión llega a buen puerto o no, pero las polémicas no se han hecho esperar. Y la primera de ellas es qué pasará con todas aquellas pequeñas empresas que tienen su punto de mira en San Francisco. Los más negativos apuntan a que este impuesto hará caer el registro de startups en la ciudad hasta un 50%, lo que supone perder casi 75.000 a causa de un impuesto. Porque si hay algo que no gusta nada a un estadounidense son, precisamente, las trabas fiscales. En la opinión de otros punto de vista más optimistas, como es el caso de Javier Megias de Startupxplore, esta situación no afectará a los pequeños; realmente tampoco a los grandes:

"En general unos tipos de impuestos más o menos altos no es determinante para startups en sus fases iniciales a la hora de elegir sede, suele afectar más a compañías más establecidas o startups que han crecido mucho y se plantean la optimización fiscal. Dicho esto, precisamente en San Francisco hay mucho de éstas últimas..."

Añade también que tomar medidas drásticas -irse de San Francisco- sería un error para ellas. El acceso al talento, los mayores fondos y circulación de capital y, en definitiva, el ambiente innovador sigue y seguirá residiendo en San Francisco.