Las referencias a Skynet y todo tipo de escenarios apocalípticos se dispararon en el transcurso de las últimas semanas, tras conocerse que la policía de San Francisco, California, podría usar robots para matar delincuentes. Sin embargo, las reacciones negativas generadas por la noticia han llevado a la ciudad estadounidense a dar marcha atrás en su determinación.

Según reporta San Francisco Chronicle, la Junta de Supervisores «votó de forma unánime» la prohibición del uso de robots para la aplicación de fuerza letal. Un dato llamativo, considerando que hace apenas una semana había sido el mismo organismo gubernamental el que lo había aprobado en su primera sesión.

De esta forma, la policía de San Francisco deberá abandonar sus planes de recurrir al uso de robots en situaciones de riesgo de vida. Al menos por ahora. Es que la legislación ahora ha sido enviada a un comité que continuará evaluándola, con la posibilidad de volver a votarla en el futuro.

Más allá de los comentarios que planteaban escenarios de ciencia ficción, el rechazo del público a la decisión original no fue en vano. Las advertencias en torno a la militarización y la automatización de las fuerzas policiales es, desde hace tiempo, un tema de candente debate en Estados Unidos. Los principales opositores a la medida argumentaron que los legisladores deberían trabajar en buscar la forma de disminuir el uso de la fuerza, en lugar de brindar nuevas herramientas mortales.

La policía de San Francisco no podrá utilizar robots para matar delincuentes

robots | policía de San Francisco

Vale aclarar que la policía de San Francisco no pretendía diseñar o fabricar robots capaces de portar armas y dispararlas a discreción. En realidad, su idea era adaptar los dispositivos a control remoto que utilizan actualmente para desmantelar bombas y manipular sustancias peligrosas. Así, proponía dotarlos de explosivos capaces de «tomar contacto, incapacitar o desorientar» a delincuentes o sospechosos.

Además, se había mencionado que el uso de los robots para la aplicación de fuerza letal sería solamente en última instancia. Es decir, cuando ya se hubieran agotado todas las opciones posibles. Específicamente, en el caso de que una situación escalara al punto en el que corriera peligro la vida del público u otros oficiales de policía.

En una carta de protesta distribuida por la Electronic Frontier Foundation, los detractores de la medida dejaron en claro su disconformidad con el plan. «Pese a que California tiene una de las leyes más estrictas que rigen el uso policial de la fuerza letal en el país, las personas desarmadas y los transeúntes mueren con una frecuencia inquietante. No hay ninguna base para creer que los robots cargados de explosivos puedan ser una excepción al uso excesivo de la fuerza letal por parte de la policía. Que se usen robots diseñados para desarmar bombas, para lanzarlas en su lugar, es un ejemplo perfecto de este patrón de escalada y de la militarización de la fuerza policial que preocupa a tantos en la ciudad», denuncia un fragmento.

La militarización de los robots, una preocupación creciente

Más allá del revés que ha recibido la policía de San Francisco para el uso letal de los robots, la controversia sigue sobre la mesa. También en California, pero en Oakland, se propuso que los dispositivos a control remoto sean capaces de rociar gas pimienta. No obstante, el plan original era dotarlos de escopetas.

En Nueva York, en tanto, la policía utilizó brevemente un perro robot de Boston Dynamics en sus operativos. Sin embargo, canceló su implementación antes de lo pensado debido a la reacción negativa de la gente. Lo llamativo de este caso es que nunca se pensó usarlo como arma, sino para tareas de vigilancia y reconocimiento.

Queda claro que la militarización del uso de robots es un tema complejo, pero no solo por lo sucedido con la policía de San Francisco. No olvidemos que, recientemente, las principales firmas de robótica se comprometieron a nunca convertir sus robots de uso general en armamento. Una decisión basada en la creciente preocupación que se vive en países como Estados Unidos, donde las armas son de fácil acceso y los robots «domésticos» son económicos. Esto ha llevado a la proliferación de proyectos caseros de potencial mortal.

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