El primer intento de atraer consumidores al sistema operativo de la casa fue el Samsung Z1, un smartphone de prestaciones muy modestas lanzado en India. En apenas seis meses Samsung Electronics vendió más de un millón de terminales y se convirtió en el modelo más vendido de Bangladesh. Los usuarios tenían en sus manos un terminal de $92 con un buen rendimiento en aplicaciones y navegador debido a la ligereza del sistema operativo basado en HTML 5.

Pero Tizen no nació para ser un sistema operativo de smartphones con poco margen destinado a suplir las necesidades de mercados emergentes. Podía ser mucho más y desde sus inicios se planteó así. Primero como sistema operativo versátil y muy liviano para completar al completo la plataforma de dispositivos de Samsung: desde los Smart TV a las lavadoras. Por que si tiene algo nuevo Tizen es cómo puede escalar.

El primer envite fue este verano, con la presentación del Gear S2. Un smartwatch de pantalla circular que no sólo destacaba por su diseño exterior y hardware, también por su sistema operativo: Tizen. Se usó Tizen porque Android Wear tiene dos problemas: pertenece a Google e implica los mismos compromisos a los que están sujetos todos los fabricantes de smartphones y la interfaz es de colores blancos y no adaptada a pantallas circulares.

Samsung emplea pantallas Super AMOLED. ¿Por qué hacer un reloj en el que hardware y software no se entienden tal y cómo quiere la empresa? La firma coreana tiene — a diferencia de la mayoría — el peso y capacidad de brindar al consumidor la experiencia completa, controlando el hardware y el software para aportar algo diferente. Un valor añadido. Así lo hicieron, no sólo introduciendo un nuevo método de interacción a través del marco. También pudieron usar una pantalla Super AMOLED y usar una interfaz en colores negros para preservar batería.

El problema a corto plazo son las aplicaciones y los servicios de Google que tan cerca acompañan a Android por las imposiciones del gigante del software. Pero el problema a largo plazo sería mucho peor para Samsung en este nuevo mercado: sin control del software, sin control de la actualizaciones al completo, sin poder diferenciar claramente el producto, sin la posibilidad de crear métodos de interacción y diseños únicos.

Si Android ya es un problema para los fabricantes de smartphones Android, imaginad en un reloj. Reloj cuyo componente estético y de estatus es todavía más importante que en un smartphone. Samsung necesitaba apostar por controlar todo, aunque cueste al principio. Samsung debería ser capaz de poder para atraer a los desarrolladores.

El nuevo horizonte es el smartphone, un territorio mucho más fangoso. Con muchos fabricantes con la cadena de Google en el tobillo, compitiendo a precio e intentando diferenciarse de las formas más variopintas sin mucho éxito. Tizen estaba teniendo cierto éxito en la India donde — pese a las muy modestas especificaciones — el Z1 ofrecía lo que los usuarios más básicamente necesitaban, que es poder navegar y comunicarse, a un precio que al menos, una parte de la población se puede permitir. En Arstechnica, no obstante, lo calificaron como un pésimo clon de una versión antigua de Android.

Aunque el batacazo de los últimos años en China haya sido muy duro para Samsung, parecía que en India — el país llamado a ser el próximo gran productor y consumidor de electrónica a nivel mundial — todavía tenían cartas que jugar. El Z1 había salido bien pese a sus innumerables limitaciones en hardware y software y, seguramente movidos por su éxito, aseguraron en junio que lanzarían más terminales con Tizen. Que iban a continuar apostando por su propio sistema operativo.

Aquí llega el Z3, el nuevo terminal con Tizen para la India. Con un diseño más atractivo, un hardware más capaz y la nueva versión de Tizen 2.4.

Cuenta con una pantalla de 5″, de resolución 720 y su aspecto recuerda — para bien — al del nuevo Galaxy Note 5. Las especificaciones son bastante básicas, pero probablemente necesarias para las demandas de un terminal de gama baja: quadcore de 1.3Ghz, 1GB de RAM y 2.600 mAh. Como principal pega su falta de conectividad LTE. La cámara es de 8MP y la frontal de 5MP. Saldrá a un precio de 8.490 rupias, unos $130 al cambio actual.

El Z3 parece diseñado para el mercado indio, pero si los rumores se cumplen podría llegar a Europa con los países del este con principales objetivos de penetración. El diseño está siendo una de las principales mejoras de Samsung este año, ahora toca hacer de Tizen un rival y no una simple anécdota.

Es imposible concebir en la actualidad uno de sus terminales banderas con Tizen, ¿pero dentro de cinco años? ¿por qué no intentar controlar software y hardware y ofrecer algo único?

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