La mayoría de las personas sólo se acuerdan de los fotógrafos profesionales en el día de la boda, los bautizos y las comuniones. Es en ese día cargado de sentimientos religiosos en el 90% de los casos, cuando en un auténtico recogimiento espiritual, los organizadores del evento invitan a sus queridos familiares y amigos que vayan a disfrutar de ese especial momento con un cariñoso recordatorio de su número de cuenta bancaria. Ese día, único en el mundo porque los invitados pagan por ir, algunos deciden regalar las fotografías por dos vías: o las hace uno mismo o se contrata a un fotógrafo. Y desde luego que es mejor esta última opción: es preferible dejarse el bolsillo (otro día hablaremos de los costes reales fotográficos de la BBC- bodas, bautizos y comuniones-) a perder un amigo.

Un buen profesional, lo que se dice bueno, es caro, pero no tiene que dejar sin comer a nadie durante tres meses, ni siquiera uno. Y siempre va a hacer un trabajo que será recordado toda la vida, bueno, durante lo que dure el matrimonio. Siempre será mejor que el sobrino de la tía del cuñado que tiene una cámara muy buena. Es el único día que parece no importar gastarse el dinero en pagar a un profesional de la imagen. Hasta ahora.

Parece ser que se ha puesto de moda contratar a un fotógrafo para que haga el reportaje de tus vacaciones. Si estamos hartos de cargar con pesados equipos que muchas veces no sabemos ni manejar, si nos parece que hacemos el ridículo con nuestros conocidos en las redes sociales; si estamos cansados de no salir o que nuestra pareja no suelte la cámara ni para dormir, esta es la solución que estábamos buscando: un fotógrafo nos acompañará allí dónde vayamos.

Es algo que tardará en imponerse, pues el servicio cuesta entre 100 y 800 $ la hora. Al parecer es tendencia en los hoteles de lujo de los Estados Unidos y del Caribe, ahí donde todos podemos ir justo ahora, en un momento de bonanza económica. Incluso en los parques temáticos americanos del ratón Mickey, cualquiera con dinero en los bolsillos puede tener unos recuerdos mágicos con los dientes perfectos y los pelos en sus sitio, pues también ofrecen también retoque por ordenador. A cambio, tendremos fotos memorables de nuestras vacaciones, en las que siempre aparecemos, con una luz perfecta y un encuadre que haría palidecer a muchas fotos que aparecen en las enciclopedias del ramo.

Personalmente me parece algo exagerado y fuera de lugar, y más propio de un reality show que de nuestra vida. No puedo imaginar lo que puede ser tener dos, tres horas o todo el día a alguien ajeno a mi vida haciendo fotos a mi familia. Me entraría complejo de famoso y estaría todo el rato con el "Fotos, no"... Total, que estaría pagando a alguien por no hacer su trabajo. Nunca seremos naturales con un desconocido haciéndonos fotos y diciendo que miremos hacia arriba para ocultar la calva y que metamos tripa.

Bromas aparte, creo que las fotografías de nuestras vacaciones es algo que tenemos que hacer nosotros. No tienen que ser perfectas, han de ser recuerdos para no olvidar que durante un tiempo fuimos felices o al menos lo intentamos, o que descansamos y descubrimos sitios increíbles al lado de las persona que queremos. Tienen que salir los brillos, las incipientes entradas o los michelines. En algún momento haremos una fotografía bonita o incluso dos. Y esas serán las que enseñaremos a la familia.

Y cuando lleguemos a casa y las guardemos en el disco duro, pasará un tiempo hasta que volvamos a verlas y nos daremos cuenta de que estamos más guapos o más feos, y que es algo que hicimos nosotros en el lugar al que fuimos, porque la fotografía es la única manifestación que es necesario estar en el lugar para hacerla. Y he ahí su grandeza.

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