Muchos de los avances tecnológicos que hoy damos por sentados se han originado de ideas que, a primera instancia, parecían irrealizables. Una de las fantasías recurrentes es la posibilidad de transportarnos de un lugar a otro en el menor tiempo posible. Hay de todo, desde autos voladores hasta la soñada teletransportación. Entre estas utopías se encuentran los vactrains o trenes en tubos de vacío, los cuales podrían estar más cerca de concretarse de lo que creemos.

Hay que admitirlo: desde el inicio de la aviación moderna, nos hemos enfocado a mejorar la forma en que viajamos por los aires. En tierra, los medios colectivos más veloces son los trenes de alta velocidad (TAVs), los cuales alcanzan velocidades promedio cercanas a los 200 - 250 kilómetros por hora. Son los más utilizados y tienen vías en países como España, Alemania, Italia, Reino Unido, Japón y China.

También se encuentran los maglev o trenes de levitación magnética, que emplean imanes en lugar de las ruedas habituales, lo cual los hace más rápidos y silenciosos. Su velocidad media es de 250 kilómetros, aunque puede registrar picos superiores a los 500 km/h. Desde hace un par de décadas, esta tecnología está disponible; sin embargo, el alto costo de instalación y mantenimiento han desalentado a la mayoría de los países para emplearlos. De hecho, comercialmente hablando, los más representativos son el de Shangai (China) y Aichi (Japón). Curiosamente, los gobiernos de Colombia y de Venezuela han expresado su interés por instalarlos en sus respectivas naciones. El mecanismo de los maglev también ha sido sugerido para enviar naves al espacio en el futuro.

A pesar de estos avances, la transportación aérea supera de manera amplia a la terrestre cuando hablamos de distancias largas. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos viajar entre dos ciudades tan distantes como Nueva York y Londres en, digamos, una hora? Con un tren de tubo de vacío podríamos obtener esta hazaña. ¿Cómo? La mayoría de los trenes gastan su potencia en combatir la resistencia del aire o la fricción de las ruedas. Ésta es la razón por la que los maglev son más rápidos: al deshacerse del freno que imponen los rieles, puede alcanzar velocidades mayores que un TAV.

La idea de los vactrains es utilizar la levitación magnética de un maglev aplicada dentro de un tubo de vacío. ¡Adiós resistencia! De esta manera, en la teoría, un vehículo podría alcanzar velocidades de hasta 4000 kilómetros por hora, por lo que un viaje transatlántico tardaría un par de horas, máximo. Gracias al vacío, también se eliminaría el problema de la barrera del sonido, evitando el ensordecedor ruido que hacen los aviones cuando alcanzar velocidades súpersónicas.

Sí, todo suena muy bien en el papel pero, ¿qué tan cerca estamos de tener uno en funcionamiento? De acuerdo con el trabajo de la Universidad del Suroeste de Jiaotong en China, podríamos contar con un vactrain en una década. En Estados Unidos, el ingeniero Daryl Oster ya desarrolló una cápsula para 6 personas que es capaz de viajar a través de un tubo de vacío; e incluso ha conseguido vender 60 licencias de este invento -12 de ellas, al gobierno de China-.

Claro, hay muchos inconvenientes por superar antes de pensar en subirnos a un vactrain. El primero es el económico, pues una cifra optimista para su construcción ronda el billón de dólares (un 1 seguido de doce ceros, para que me entiendan), por lo que son poquísimas las economías en el mundo capaces de hacer ese gasto. El segundo es la seguridad: ¿qué pasaría si el túnel de vacío tuviera una fisura? Por ahora, nadie se atreve a especular sobre los riesgos. Lo que es cierto es que estos trenes han estado en la imaginación de la gente desde hace mucho tiempo -¡el concepto en sí data de la década de 1910!- y no somos pocos los que fantaseamos con, algún día, poder cruzar continentes en un santiamén.

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