Este sábado, cientos de habitantes de San Diego marcharon en protesta por las negociaciones del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), sumándose a las decenas de manifestaciones en contra alrededor del mundo. El tratado, con menos proyección mediática en México que ACTA o SOPA, se ha ganado el mote de ser "un TLCAN con esteroides". Respecto a su capítulo de propiedad intelectual, el TPP plantea medidas similares a sus antecesores -por ejemplo, castigos y multas para proveedores de servicios de Internet por violaciones al copyright-, y es negociado a las espaldas de la opinión pública.

Sin embargo, mientras en Estados Unidos se alzan las voces de repudio contra el acuerdo, en México se exhibe con orgullo la participación. Este mañana, el secretario de Economía Bruno Ferrari publicó en su cuenta de Twitter que había sostenido una reunión con el Ministro de Industria de Singapur para darle seguimiento al ingreso de las negociaciones.

México se sumó a las conversaciones a mediados de junio por invitación de Barack Obama. Al respecto, TechDirt apuntó:

México se presenta como un participante interesante del lado de la propiedad intelectual. Mientras que su Ejecutivo apoyó ACTA, el Senado mexicano no estaba contento - primero, votando para salirse de las negociaciones; y después, rechazando ACTA directamente. Así que será interesante ver cómo responde México a las secciones de PI en el TPP.

El tema ha pasado mayormente desapercibido para el público (en parte, por el clima electoral), en tanto que el gobierno de Calderón ha dado su completo espaldarazo para reformar las leyes mexicanas para adecuarse a los acuerdos con Estados Unidos. En su momento, el presidente no suscribió las recomendaciones del Senado para vetar ACTA, ni se establecieron mecanismos legales para evitar la futura participación en acuerdos de este tipo. Parece que, al final, los gigantes del copyright podrán introducir sus leyes a modo a través de la puerta trasera.

TPP presenta muchos de los problemas que ACTA. Independientemente de lo que plantea sobre protección al copyright, destaca la opacidad con la que se negocia, lejos del escrutinio público y con un texto que sólo los involucrados conocen. Resalta el caso de Chile, uno de los países que los suscriben: a pesar de que a mediados de abril, una ronda informal de discusiones tuvo lugar en el país sudamericano, la Cancillería negó acceso a los borradores del acuerdo; e incluso, la Presidencia negó la participación. A ese grado llega el secretismo.

Para TPP, la entrada de México puede jugar un rol importante para convencer a otras naciones para unirse, como es el caso de Filipinas. Es increíble cómo para el gobierno mexicano resulte motivo de orgullo suscribir un acuerdo tan o más nocivo que ACTA (además de su capítulo sobre propiedad intelectual, incluye partes terroríficas en acceso a medicamentos), aprovechando el escaso conocimiento público sobre el tema y el poco interés mediático en cubrirlo. Porque mientras 90 mil personas firman una petición en contra de TPP, para el secretario de Economía es un acto digno de pregonarse.