Un estudio global realizado en cachalotes ha encontrado una alta concentración de metales tóxicos en los tejidos de estos animales. Después de cinco años de recopilar información, los investigadores han encontrado un nivel elevado de contaminación por metales como el cadmio, aluminio, cromo, plata, mercurio y titanio. Estos resudios no sólo representan un daño sustancial a los ecosistemas marinos, sino que representan también un riesgo palpable para la salud del ser humano, ya que los peces que consumen los cachalotes son los mismos que se utilizan para nuestro suministro.

Después de examinar casi mil cachalotes, los científicos se han percatado del alcance global de la contaminación marítima por metales. Estas sustancias tóxinas halladas en las ballenas fueron ingeridas en el Ártico o en el Antártico, muy lejos de las fuentes originales de contaminación. Esta situación significa que las corrientes marítimas han llevado a estas toxinas a cada rincón de nuestro planeta. Una de las concentraciones halladas más altas fue el cromo, empleado comunmente en la metalurgia, cuya exposición prolongada ocasiona cáncer pulmonar.

El cachalote se alimenta de muchas especies de peces ---como el bacalao--- que son de consumo humano. Mundialmente, cerca de mil millones de personas cuentan con el pescado como su fuente primaria de proteíans, por lo que la concentración de contaminantes en los océanos es un asunto alarmante. La mayoría de estos metales (¡o todos!) han llegado a los mares por descuido del hombre, que no ha sabido cómo tratar correctamente los desechos de su producción tecnológica.

Pero además del peligro para el ser humano, hay otra razón para preocuparse: en el caso de los cachalotes, estos animales transfieren los contaminantes a su descendencia. Ya que estos animales son mamíferos, las crías reciben las dosis de metales tóxicos a través del amamantamiento. "No veo otro futuro para las especies de ballenas, salvo la extinción", afirma Roger Payne, fundador de Ocean Alliance.