Ha sido una verdadera pena leer el post de Michael Arrington acerca de la muerte del proyecto de la CrunchPad, una especie de Tablet PC orientada a su uso en internet, con una pantalla táctil de 12 pulgadas.

Los motivos de la muerte no tienen relación con falta de dinero, problemas de fabricación, malas expectativas con canales de distribución o pocas esperanzas de que alguien compre el dispositivo. Parece que se trata de un juego extraño de codicia y malos entendidos que terminó en que el fabricante y socios del proyecto sacaran a Arrington (y a TechCrunch) de la jugada por supuestamente no tener interés suficiente en el proyecto.

Ahora pretenden vender el dispositivo sin ellos, asumo yo que con otro nombre, con el dinero de otras personas y por canales de distribución distintos.

Me da mucha pena por la admiración que sentía por el proyecto: una startup de publicación vertical de blogs que surge "de la nada" decide lanzarse a la aventura de construir un aparato de hardware con el objetivo de hacer de la navegación por internet algo más cómodo (acostado o sentado en el sofá).

Da más pena aún saber que el proyecto estaba listo para ser lanzado (hace dos semanas en un evento), que tenían dinero para fabricar las primeras mil unidades, que algunas tiendas de electrónica iban a venderlo sin generar ganancias (para apoyar al inicio del proyecto) y que Intel inclusive se involucró vendiendo procesadores Atom a precios "ridículamente generosos" como Arrington mismo describió.

También, la verdad, admiro la franqueza con la que se ha publicado la nota, contando exactamente los problemas que han sucedido, aunque tocará leer la otra cara de la moneda (si los de Fusion Garage y su CEO Chandra Rathakrishnan deciden publicar algo)