Enrique Dans ha creado todo un manifiesto que representa el sentir de millones de personas en el mundo, por no decir que sus palabras pueden tener tal magnitud demográfica, que todas las personas que puedan tener acceso a un computador y conexión a Internet, sean automáticamente unos «criminales». Realmente el punto al cual hemos llegado es completamente absurdo, con unas leyes que abusan y persiguen a quienes en «teoría» deberían soportar el negocio. Se acorrala con juicios sin sentido a los usuarios que más les gusta la música.

En palabras de Enrique Dans:

Para ellos, en su percepción distorsionada y enfermiza de la realidad, todos somos criminales. Nos odian porque nos bajamos música, porque vemos las series de televisión en el idioma que queremos y a la hora que nos da la gana, porque afirmamos que todos sus caducos esquema son mentira y no sirven para funcionar en el nuevo mundo digital. Y porque animamos, con la fuerza de nuestra lógica, a que otros hagan lo mismo que nosotros. Poco les importa que seamos legión, que no lo hagamos por dinero, que seamos sus clientes, que existan otros modelos de negocio, o que tengamos derechos que hasta hace poco se entendían tan fundamentales como el secreto de las telecomunicaciones. Para ellos, todo es válido con tal de poder seguir aspirando a modelar el futuro con las mismas reglas que el pasado. Si hay que criminalizarnos a todos, si hay que convertirnos en una figurada amenaza para la civilización occidental, se hace. Todo vale. Su esquema nos lleva al más absurdo de los mundos, a policías poniendo contra la pared a adolescentes con auriculares en las orejas para comprobar la procedencia de las canciones que portan en sus reproductores MP3, entrando en nuestras casas para secuestrar discos duros, espiando nuestras acciones en la red… que haya que establecer un estado policial para defender su caduco modelo de negocio es lo de menos. Que todo sea mentira, también lo es.

No soy abogado, pero las leyes del Copyright no han existido siempre, fueron parte de la evolución de algo y lo más probable es que durante un tiempo fueron necesarias. Yo no me imagino que sería del arte de la humanidad si aquellos renacentistas hubieran estado más preocupados en denunciar a Miguel Ángel porque violo los derechos de autor de su profesor, o a los Médicis cobrando un canon por la venta de mármol. Si la idea del Copyright hubiera prosperado siglos atrás, el Louvre seria una caja de zapatos.

No se crean nuevos modelos de negocios, tiene que venir Steve Jobs a salvarles el pellejo durante unos años (y aun así se quejan del iPod, de Apple y del iTunes). No son felices con la tecnología, no entienden que el mundo cambio, que sus propios hijos son parte del «Todos somos criminales». Inventan camisas de fuerza (DRM) para la música que nunca existieron antes. Y sumando todo cual es el resultado real: TODOS ODIAMOS A LA INDUSTRIA DE LA MÚSICA, e incluso aquello que moralmente podemos considerar mal, ya nos da igual por su forma tan abusiva de entender el nuevo mundo.

Ya las cosas cambiaron, lo triste del asunto es entender cuanto canon y derechos debería pagar un nuevo Louvre por hacer que la humanidad disfrute de Los Cazafantasmas y de un disco de Los Beatles (o de Los Hombres G), o cualquier obra de arte creada en un soporte tecnológico del siglo XX.

¿Cuánto infinito dinero hay que tener para que los nuevos museos digitales sean creados?

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