En varias de las escenas de Tokyo Vice de HBO Max, la noción sobre el mal está relacionada con el secreto. Una ciudad extraordinaria se alza sobre lo que parece un estrato oscuro del crimen. Pero además, en medio de la concepción sobre la brutalidad y la violencia, que obedece a cierta imposición sobre el miedo. Para el productor Michael Mann, veterano en convertir a las ciudades en personajes tenebrosos de sus historias, Tokio es un noción insular. También, un retorcido recorrido hacia las formas en que lo maligno se manifiesta en la actualidad. Para bien o para mal, Tokyo Vice está más interesada en la forma en que la cultura sostiene al concepto del delito. Más allá de escenas de acción o violencia jerarquizada, la serie explora la oscuridad de los hombres. 

Tokyo Vice es una mirada analítica sobre el mal tal y como lo concebimos en la actualidad. Más allá del recorrido a través del reverso oscuro de un Japón convertido en escenario criminal, es una búsqueda de motivos. Un recorrido estructurado y bien pensado acerca de las formas en que lo contemporáneo percibe la transgresión. El productor Michael Mann profundiza en las transposiciones de lo maligno, lo ilegal y el mundo corrompido por la influencia del delito. Lo hace a través de una transformación total, de cómo lo ilegal afecta la connotación de lo correcto o, al menos, lo moralmente admisible.

La adaptación del libro del mismo nombre del periodista Jake Adelstein, publicado en el 2009, es un recorrido por la avaricia desde varios estratos. Para su versión en la serie (interpretada por Ansel Elgort), Adelstein parece más inocente bajo la ambiciosa intención de narrar en primera personal el mundo criminal japonés. Todo, bajo el auspicio de una red interconectada de contactos que se enlazan para sostener una versión oscura, peligrosa y decadente de Tokio.

Con aire rupturista, alejado de otros dramas de acción en los que la moral define los extremos, Tokyo Vice es una red de cuestionamientos intelectuales profundos. A la vez, es un trayecto incómodo por la manera en que se profundiza en la condición de la moral. “¿Somos totalmente buenos solo porque nadie sabe el mal que podemos infligir?”, pregunta uno de los personajes en un momento en especial tenso. La pregunta flota en medio de una Tokio brillante, con tecnología futurista y en medio de los fulgurantes años posteriores a la llegada del milenio. Un paisaje brillante que esconde las aristas de pesadilla intelectual.

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Un recorrido por el crimen y un submundo inquietante 

La serie Miami Vice de NBC fue un suceso inmediato. Uno que no solo convirtió a la ciudad de Miami en punto de discusión de la cultura pop. También demostró la capacidad de Mann y el productor Anthony Yerkovich para narrar un subtexto denso y complicado sobre el mundo policial. La historia de Sonny Crockett (Don Johnson) y Ricardo Tubbs (Philip Michael Thomas) cambió el sentido de los policiacos de la época. 

Además, dotó a los procedimentales autoconclusivos de una considerable personalidad. En la ficción, ambos policias luchan contra el mundo criminal creado por el narcotráfico. Pero a la vez, con las graduaciones de la moral bajo el aspecto de lo legal. El resultado fue un argumento brillante, que narró las conexiones entre la violencia y la identidad de Miami, como centro motor de un submundo inquietante. 

El anuncio del estreno de Tokyo Vice, también producida por Mann, levantó la sospecha que podría tratarse de un revival de Miami Vice. O al menos, una heredera emocional de la premisa. No obstante, la serie no tiene relación con uno de los éxitos más conocidos del productor. O quizás sí, en la media que demuestra su evolución y madurez total como narrador. 

Al menos en sus primeros capítulos, la serie tiene una relación evidente con el texto real de Adelstein. De hecho, conserva mucho de su sentido de la curiosidad y la intrépida necesidad de investigación. También es un relato de enorme interés para comprender las relaciones de poder ilícitas entre la Yakuza y otras organizaciones criminales. Para el verdadero Adelstein se trató de un bautizo de fuego. En la serie, es una búsqueda del sentido del propósito y, en especial, la necesidad del periodista de elucubrar sobre el delito como el mal esencial.

Un secreto en medio de una ciudad formidable 

Tokyo Vice analiza el hecho que Adelstein desea comprender el sentido de lo noticioso desde su origen. Pero esta no es una historia acerca del valor de la información y, de inmediato, el argumento lo deja claro. Más allá de los esfuerzos de Jake por entender el trasfondo de una sociedad criminal, está la cuestión de la violencia. Una profunda, sin matices y cada vez más perversa de la que el periodista apenas puede ver los primeras insinuaciones.

Mann elabora un sentido de la justicia frágil, sobre todo porque Elgort desarrolla el personaje de Jake desde la percepción de su falibilidad. No hay nada sencillo en la condición de extranjero de este hombre joven, que debe lidiar con el choque social inevitable. También, con la conjunción de una serie de valores que no comprende del todo. El actor, lucha contra el sentido de la desesperanza de un personaje que por momentos, parece abandonado en medio de una estructura más amplia y temible. Al mismo tiempo, con una voracidad peligrosa por comprender lo que parece ocurre en el Tokio secreto que pocas personas pueden profundizar.

Una de ellas, es Hiroto Katagiri (Ken Watanabe), un detective de la policía de la ciudad que termina por convertirse en su informante. Es el personaje de Watanabe, el que permite la conexión directa con la cultura japonesa. La química entre ambos actores es considerable y, a la vez, permite que su extraña sociedad sea más creíble de lo que el guion permite. Es esa cualidad de compañeros en medio de lo tenebroso, lo que convierte al dúo un efectivo giro a nivel argumental. 

Es evidente que la serie explorará en el mapa misterioso y sangriento que se esconde bajo la radiante belleza de Tokio. Y también, que tanto Adelstein como Kataragi lidiarán con el hecho de ser testigos de excepción de ese misterioso reconvertido en amenaza. Mann de nuevo encontró el sentido de lo extraño, lo dinámico y lo siniestro, bajo una ciudad que bulle de vitalidad y peligrosas tentaciones. También, el vínculo inquietante de violencia que espera bajo las luces y las calles impolutas. Una combinación que hace de Tokyo Vice una mezcla acertada de una historia sobre la avaricia intelectual contemporánea.