El Asedio de Leningrado duró unos novecientos días. Durante ese tiempo, ochocientos mil personas (un tercio de la población total de la ciudad) murieron de hambre. Esto es sin contar los cientos de miles de refugiados indocumentados que también perecieron por causa del bloqueo.

Leningrado era una ciudad clave para los invasores alemanes. Poseía decenas de fabricas y su ubicación era ideal para planificar la dominación del resto de la Unión Soviética. Hitler consideraba que tomar el control de dicho centro urbano era esencial para que la invasión a la Unión Soviética fuera exitosa. El líder del partido nazi estaba preparado para hacer lo que fuera para cumplir su objetivo.

Leningrado debe ser borrado de la faz de la tierra. No nos interesa en absoluto salvar civiles. -Adolf Hitler

Comenzaron por tomar el control de las fronteras de Leningrado. Los alemanes utilizaron artillería pesada y libraron varias batallas durante unos pocos meses. Con la ayuda del ejército finlandés, fueron capaces de asentar un perímetro férreo, dejando sin escapatoria a los ciudadanos de Leningrado.

Luego de una serie de bombardeos por parte de los alemanes, muchos almacenes de comida se quemaron, lo que provoco el comienzo de una crisis alimentaria terrible que causaría la muerte de más de un millón de personas.

El dinero no tardó en volverse obsoleto. La población vivía en un constante estado de desesperación y angustia. Los trabajadores manuales recibían seiscientos gramos de pan al día, los estatales cuatrocientos gramos y los demás civiles debían arreglárselas con apenas trescientos gramos.

El dinero es tan valioso como lo que puede comprar. Es casos como este, ninguna cantidad sería suficiente para adquirir incluso los bienes más básicos.

Al quemarse los depósitos de azúcar, su contenido se derritió y se esparció por los alrededores. La gente empezó a mezclar la tierra de esos lugares con harina para poder hornear aunque sea el alimento más básico para seguir con vida.

Las raciones diarias de pan tuvieron que ser reducidas considerablemente con tal pasaba el tiempo. La gente comenzó a desmayarse en las calles, muriendo poco después. Luego de una reducción drástica en las raciones, cuando el asedio estaba por llegar a un año de duración, comenzaron a haber reportes de canibalismo entre los ciudadanos.

Después de que todas las mascotas y animales de todo tipo fueran devorados, grupos de sujetos desesperados comenzaron a asesinar personas para luego realizar hamburguesas de carne humana, intercambiándolas en el mercado por otros alimentos.

Las instancias más lamentables se dieron cuando padres asesinaban a sus hijos más jóvenes para dar de comer a los mayores. En específico, se reportó que una madre asfixió a su bebé de dieciocho meses para alimentar a sus otros tres hijos. Así, también se dio el caso de un hombre asesinando a su esposa para dar de comer a sus hijos, sobrinos y demás familiares.

Hechos para considerar cuando alguien intente justificar una guerra de la manera que sea.

En diciembre de mil novecientos cuarenta y dos, el NKVD arrestó a a dos mil ciento cinco caníbales agrupándolos en dos categorías: comedores de cadáveres y comedores de personas. Estos últimos se les distinguía de los otros porque habían asesinado a sus víctimas. Solo el dos por ciento de los arrestados poseía antecedentes criminales.

A pesar de estas cifras espeluznantes, el canibalismo era poco común en general. La mayoría de los asesinatos ocurrían para robar tarjetas de racionamiento.

Los substitutos alimenticios extraños se volvieron comunes. Se comenzó a comer semilla para ganado, huesos y pieles de vaca se hervían para obtener "mermelada de carne", incluso fermentaban aserrín para hacer sopa.

Cuando el Asedio de Leningrado cumplía un año, ya las muertes por falta de comida se habían vuelto usuales. Nadie se sorprendía si alguien de apariencia esquelética se desplomaba en plena calle.

En la imagen: un día común y corriente en el devastado Leningrado.

Las cosas llegaron al punto en que miembros de una misma familia se asesinaban entre ellos para robar sus tarjetas de racionamiento. Ya se nos hace difícil imaginar una situación peor que esta.

El asedio acabó el veintisiete de enero de mil novecientos cuarenta y cuatro cuando la ofensiva soviética por fin expulsó a los invasores alemanes de las fronteras de Leningrado en una batalla de proporciones masivas.

El Asedio de Leningrado es el ejemplo más extremo de los horrores que trae consigo la guerra. Nos debería servir de lección a todos, ya que lo único que nos separa de haber sido uno de los ciudadanos de Leningrado a principios de los años cuarenta es la suerte.