El uso de tanques fue fundamental durante el combate terrestre en la Segunda Guerra Mundial, por lo que no sorprende que los beligerantes hayan buscado métodos alternativos —y bastante llamativos— para desplegarlos en combate. Uno de los intentos más peculiares fue de la Unión Soviética, que quiso crear una suerte de híbrido entre tanque y planeador llamado Antonov A-40 "Krylya Tanka", o "Alas de Tanque".

La intención de los soviéticos era remolcarlo con un avión para que luego aterrice directamente en el campo de batalla y esté listo para luchar en poco tiempo. Vista a la distancia, la idea suena ridícula. Pero estamos hablando de una época en la que los desarrollos tecnológicos avanzaban a pasos agigantados, potenciados por el propio ritmo del conflicto bélico. Como la mayoría de los recursos de los países involucrados estaban enfocados en la industria armamentística, los diseñadores tenían libertades para afrontar proyectos bastante alocados.

Con el Antonov A-40, la Unión Soviética trató de llevar al límite un concepto que, aparentemente, no era del todo nuevo. Si bien los registros de la época no son precisos, existen menciones a supuestas pruebas para lanzar tanques ligeros desde bombarderos, que se habrían realizado entre las décadas de 1930 y 1940. Para ello, se habría dotado a los vehículos con paracaídas; y si bien se menciona una posible implementación en combate, se desconoce a ciencia cierta el alcance de la misma.

Antonov A-40, un híbrido entre tanque y planeador

Antonov A-40 | Unión Soviética
Tanque soviético T-60

La idea tras el Antonov A-40 era muy atrevida. La intención del buró del diseño soviético era modificar el tanque ligero T-60 y añadirle alas (en configuración biplano) y una cola en H. De esta manera, podría ser remolcado por un bombardero pesado, para posteriormente soltarse y planear hasta su destino. Una vez en el campo de batalla, se liberaría fácilmente de la estructura adicional para afrontar sus labores.

Comparado con el tamaño del tanque, el Antonov A-40 era gigantesco. Medía poco más de 12 metros de largo, con una envergadura 18 metros; pero al ser de madera pesaba solamente 2 toneladas. El T-60, en tanto, medía 4,10 metros de largo, por 2,30 de ancho y 1,75 de alto.

Pero el proyecto demostró rápidamente no solo ser ambicioso, sino también problemático. Uno de los inconvenientes que debieron afrontar los diseñadores del Antonov A-40 fue el peso del tanque, que estaba cerca de las 6 toneladas. A esto había que sumarle la tripulación del vehículo, compuesta por dos personas, y el combustible necesario para moverse durante el combate.

Imagen: History of Yesterday (Medium)

Pero el verdadero problema resultó ser la resistencia aerodinámica. Como no se lo había diseñado para su uso en el aire, el tanque no colaboraba a la hora de levantar vuelo. Y la Unión Soviética se dio cuenta de ello por las malas.

El Antonov A-40 trató de volar solamente una vez, durante una prueba realizada en septiembre de 1942. En la misma se utilizó un bombardero Tupolev TB-3 para tirar del híbrido entre planeador y tanque, pero el piloto debió liberarlo antes de lo pensado porque el avión no era lo suficientemente potente para remolcarlo, por lo que se exponía a un accidente.

Si bien se había alivianado lo más posible al T-60, quitándole su armamento y municiones, seguía siendo demasiado pesado para lo que se pretendía lograr. Así, los soviéticos abandonaron el Antonov A-40, aunque siguieron experimentando con el concepto incluso después de la Segunda Guerra Mundial.

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