La Guerra Fría llevó al espionaje entre Estados Unidos y la Unión Soviética a otro nivel, lo que obligó a desarrollar métodos cada vez más elaborados para obtener información sensible. Uno de los casos más llamativos implicó el uso de palomas mensajeras dotadas con cámaras, que sirvieron a la CIA durante misiones espía en Moscú.

Por supuesto, no solo hablamos de un caso curioso. Se trata de uno de los tantos ejemplos de cómo las agencias de inteligencia debieron exprimir el ingenio al máximo para obtener los recursos necesarios —fotografías, en este caso— para avanzar con sus investigaciones.

Lo llamativo de esta peculiar forma de espionaje es que recurrió a una vieja conocida: la colombofilia. Las palomas mensajeras ya habían cumplido un rol trascendental durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde sirvieron a los aliados como medio de comunicación tras las líneas enemigas. Sin embargo, los primeros intentos por implementarlas en tareas de reconocimiento aéreo fueron incluso más antiguos.

El alemán Julius Neubronner es considerado el inventor de la fotografía con palomas, habiendo patentado un sistema en los primeros años del 1900. Pese a ello, su uso real en el campo de batalla estuvo lejos de lograr el impacto que sí tuvieron las aves destinadas a labores de mensajería.

Sería solo cuestión de tiempo hasta que, en el punto más caliente de la Guerra Fría, la CIA decidiera reflotar el concepto de palomas mensajeras volando con cámaras en miniatura para fotografiar objetivos de gran valor.

Palomas mensajeras, convertidas en espías de la CIA

Foto: CIA Museum.

Usar palomas mensajeras como método de recopilar información sobre la Unión Soviética tenía su lógica. Después de todo, las aves podrían "infiltrarse" en cualquier ciudad y pasar completamente desapercibidas entre sus pares. El verdadero desafío era crear una cámara lo suficientemente pequeña y liviana, capaz de accionarse automáticamente, que permitiera capturar imágenes de buena calidad y no dificultara su vuelo. Sin olvidar que no debían llamar la atención, puesto que un ave con un dispositivo fotográfico atado al pecho despertaría las sospechas de cualquier transeúnte, como mínimo.

Así fue como la CIA desarrolló un aparato que no solo era diminuto —comparado con el tamaño de una paloma, al menos—, sino que también producía imágenes más que decentes. Según explicó Jonna Mendez, quien se desempeñó como oficial de operaciones fotográficas y jefa de disfraces de la agencia estadounidense, las fotografías obtenidas durante las pruebas eran muy buenas. Al menos tan buenas como las que se obtenían con los satélites espías de la época.

En cuanto a la cámara en sí, medía 4,7 centímetros de largo, por 2,4 de ancho y 2,2 de espesor. Su mecanismo funcionaba con un motor alimentado a batería y tomaba las fotos a intervalos predeterminados. Para amarrar el dispositivo al cuerpo de las palomas mensajeras se utilizaba un arnés que pesaba alrededor de 5 gramos. Combinados, se estima que la cámara y el arnés pesaban alrededor de 1.5 onzas (unos 42 gramos).

CIA | Unión Soviética | Palomas mensajeras
Foto: CIA Museum

Operaciones que se mantienen en secreto

BBC Mundo publicó en 2019 que los esfuerzos por espiar a la Unión Soviética con palomas mensajeras formaron parte de la Operación Tacana. Sin embargo, menciona que las investigaciones de la CIA no se limitaron a estos animales. Es que también existieron intentos por entrenar a cuervos, delfines y hasta a mascotas hogareñas como perros y gatos.

Lamentablemente, hoy todavía se desconoce hasta qué punto la inteligencia estadounidense pudo aprovechar el potencial de las palomas mensajeras para tareas de reconocimiento aéreo en Moscú. Si bien existen registros desclasificados que mencionan cómo se intentó perfeccionar este método de espionaje en los años sesenta y setenta, los detalles de las misiones siguen siendo confidenciales hasta la actualidad.

Al parecer, la CIA voló las palomas mensajeras en secreto hacia la Unión Soviética y estudió varias alternativas para desplegarlas. Uno de sus principales objetivos a espiar habrían sido los astilleros de lo que hoy se conoce como San Petersburgo (Leningrado, hasta 1991). Aunque aún hoy se desconoce si pudieron cumplir su cometido.

Pros y contras de las aves espías

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Ciertamente, la CIA trabajó a destajo durante la Guerra Fría para crear métodos de espionaje mucho más complejos, sofisticados y costosos que el de las palomas mensajeras. Sin embargo, existía un interés real sobre los resultados que podían entregar las aves, puesto que podían volar a pocos metros del suelo e introducirse en lugares que de otra manera serían inaccesibles. Algo que resultaba imposible con sus maquinarias de reconocimiento más avanzadas, como los aviones Lockheed U-2 y A-12, o los satélites CORONA.

Como ya mencionamos, aún no se ha revelado en cuántas misiones se utilizaron aves espías, ni tampoco hasta qué año. Lo que sí indica la CIA a través de su museo en línea es que, finalmente, la fotografía con palomas terminó resultando poco efectiva. Pero no porque las imágenes obtenidas carecieran de calidad, sino porque las aves no siempre eran capaces de volar sobre la ubicación exacta de la que se requerían imágenes.

Pese a ello, las palomas mensajeras se ganaron su lugar como una de las muchas formas con las que los norteamericanos intentaron recolectar inteligencia durante uno de los momentos más candentes de la historia del siglo XX. Visto después de muchos años, puede parecer ridículo, por supuesto. Pero no perdamos de vista que fue una época en la que el espionaje alimentó la lucha de poder entre Estados Unidos y la URSS. Y la misión era siempre tener la ventaja; no importaba si se conseguía con armas, cohetes espaciales o aves de apariencia amigable.

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