El Lockheed U-2 es una de las aeronaves más formidables que se han desarrollado en la historia y actualmente permanece en actividad, a más de seis décadas de su introducción. Desarrollado bajo un absoluto secreto, cumplió un rol trascendental durante la Guerra Fría, puesto que le permitió a Estados Unidos espiar con (casi) absoluta impunidad a la Unión Soviética. Al menos entre 1956 y 1960.

En sus primeros 4 años al servicio de la CIA, supo surcar el cielo sin mayores preocupaciones. El Lockheed U-2 nunca tuvo capacidades furtivas, sino todo lo contrario. Los soviéticos podían detectarlo en sus radares prácticamente desde que despegaba, pero no contaban con medios para interceptarlo. Y como era capaz de volar por encima de los 21.000 metros de altura, resultaba inalcanzable para cualquier otro avión contemporáneo.

De hecho, pilotos del U-2 han reportado casos en los que vieron otras aeronaves soviéticas colisionando entre sí y destruyéndose en pleno vuelo, al tratar de alcanzarlos. Pero la historia cambió el 1 de mayo de 1960, cuando la Unión Soviética derribó la unidad que pilotaba Francis Gary Powers utilizando un misil superficie-aire.

Pese a que el Lockheed U-2 parecía inmune a las defensas de la URSS, sus misiones eran consideradas de altísimo peligro. Por ello, la CIA les entregaba a los pilotos una píldora envenenada con cianuro de potasio líquido antes de despegar. Su finalidad era más que obvia: si eran derribados y capturados, podían utilizarla para suicidarse y evitar el sometimiento a un interrogatorio por parte de la KGB.

El suicido, un posible escape para los pilotos del Lockheed U-2

Si bien la provisión de una píldora suicida tenía su lógica en una época en la que el espionaje entre Estados Unidos y la Unión Soviética representaba una tarea de grandísimo riesgo, la mayoría de los pilotos del Lockheed U-2 optó por no llevarla. Después de todo, su uso no era obligatorio. En caso de verse en peligro, era potestad de cada piloto definir si la ingeriría o no.

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Pero no solo eso, rápidamente se comprobó que era casi tan peligroso transportar la cápsula que la misión en sí misma. En 1956, Carmine Vito, el único piloto que voló el Lockheed U-2 directamente por encima de Moscú, casi sufre una fatalidad al confundirla con un caramelo de limón.

El expiloto Martin Knutson mencionó el evento en el libro Skunk Works: A Personal Memoir of My Years at Lockheed, de Ben Rich:

Vito estuvo cerca. El personal de tierra puso su píldora de cianuro en el bolsillo equivocado. Nos la habían entregado en caso de captura y tortura, y todo tipo de cosas bonitas. Pero nos dieron la opción de usarla o no.

Carmine no sabía que el cianuro estaba en el bolsillo superior derecho de su overol cuando echó allí un puñado de pastillas para la tos con sabor a limón. Se suponía que la píldora envenenada estaba en un bolsillo interior. Vito sintió que se le secaba la garganta cuando se acercó a Moscú por primera vez. ¿Quién podría culparlo? Entonces, buscó en su bolsillo una pastilla para la tos y tomó la de cianuro en su lugar y se la metió en la boca.

Afortunadamente, se dio cuenta de su error en una fracción de segundo y la escupió con horror antes de que pudiera surtir efecto. Si la hubiera mordido, habría muerto instantáneamente y se habría estrellado contra la Plaza Roja. ¡Imagínese el alboroto internacional!

Algunos podrán considerar el relato de Knutson como una exageración, pero no lo es. Las píldoras de cianuro de potasio que la CIA entregaba a los pilotos del Lockheed U-2 eran capaces de causar la muerte en no más de 15 segundos. Para evitar que una situación como la de Carmine Vito volviera a suceder, la agencia de inteligencia estadounidense decidió entregarlas resguardadas en cajas.

No obstante, más adelante se descubrió que si una de las píldoras suicidas se rompía en pleno vuelo también provocaría la muerte del piloto. Esto obligó a buscar una nueva alternativa, por lo que en 1960 se cambió las cápsulas por una aguja cargada con una neurotoxina, escondida dentro de una moneda de un dólar.

El caso de Gary Powers

Lockheed U-2
Clarence Johnson, diseñador del Lockheed U-2, y Francis Gary Powers, el piloto derribado sobre la Unión Soviética en 1960. Foto: Wikimedia Commons (Dominio Público).

Cuando la Unión Soviética derribó el Lockheed U-2 de Francis Gary Powers, Estados Unidos trató de encubrir la historia ante la prensa local. Sin embargo, no pasó demasiado tiempo hasta que la noticia de que el piloto capturado estaba vivo y que tanto la aeronave como el equipamiento fotográfico no se habían destruido por completo.

La CIA le había proporcionado a Powers el kit suicida para usar en caso de que lo atraparan. Sin embargo, optó por no utilizarlo. De hecho, en su diario personal aseguró haber desechado del estuche con forma de moneda de un dólar, pero haber guardado la aguja con la neurotoxina.

Lo cierto es que el estadounidense fue apresado, interrogado y juzgado en la URSS, y posteriormente sentenciado por espionaje. Powers estuvo menos de dos años encarcelado y se lo liberó en un intercambio de prisioneros con Estados Unidos del que formó parte el espía soviético Rudolf Abel.

En su regreso a Estados Unidos, se lo criticó duramente por dos motivos. El primero, por no haber destruido la cámara fotográfica secreta del Lockheed U-2. El segundo, por no haberse quitado la vida en lugar de brindar información sobre su misión a la Unión Soviética.

Pese a ello, con el paso del tiempo se ganó múltiples elogios por su conducta durante el incidente. Incluso los de Allen Dulles, por entonces director de la CIA.

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