Redes P2P: Redes de colaboración

Para finales de la década de los años 90 Internet ya era una tecnología consolidada con millones de usuarios en todas partes del mundo. Muchas actividades cotidianas tenían su símil virtual en Internet. De la complejidad de tal red de comunicación también emergieron esfuerzos colaborativos, fuertemente influenciados por los grupos de desarrollo de software libre, para resolver asuntos de importancia individual y colectiva. Sin duda un asunto vital para los usuarios de Internet sigue siendo desde entonces el relacionado con el libre acceso a la información.

¿Y si la información es música? En 1999 Shawn Fanning, joven programador norteamericano, desarrolló una pequeña aplicación para compartir archivos de música en formato MP3 entre sus amigos; la llamó Napster en alusión a su apodo en la red. Bastó un par de años para que Napster se convirtiera en punto de encuentro obligado para decenas de millones de personas. Con esto, el sencillo software escrito por Fanning abrió las puertas a un fenómeno social que traspasó las fronteras de Internet, uno que hizo usar (y abusar) de la red en niveles sin precedentes. Y es que luego de Napster, quedó claro que todos quisieron conectarse a Internet para obtener y compartir información de todo tipo.

¿Dónde radica el éxito de Napster? Es muy probable que en su modelo de participación y colaboración masiva y entre iguales. Es así que Napster también dio pié a una nueva generación de aplicaciones para Internet, las llamadas aplicaciones Par-a-Par (P2P, por sus siglas en inglés).

Las aplicaciones de tipo P2P crean redes de colaboración con tres características básicas:

  1. Todos los miembros de la red P2P son iguales en sus responsabilidades. En este caso, todos reciben y todos entregan información. En otros modelos de organización en red, ciertos miembros tienen una jerarquía centralizada, encima de los demás.

  2. La red puede incrementar el número de sus miembros sin afectar negativamente los servicios que ofrece; es decir, escalar. En el caso de las aplicaciones P2P para distribución de contenido, poseer más miembros es mejor porque todos se apoyan compartiendo recursos e información.

  3. Las redes P2P presentan cierto funcionamiento orgánico. Por un lado, los miembros de la red son autónomos al regular su propio ciclo de vida en la red P2P (al entrar, salir y participar en la red a voluntad). Por otro, la totalidad de la red se auto organiza para mantenerse operando y seguir ofreciendo sus servicios.

Las redes de colaboración creadas con aplicaciones P2P también pueden emplearse para resolver problemas. El proyecto SETI@Home, por ejemplo, utiliza el modelo P2P para procesar colectivamente la información generada por sus telescopios con el fin de hallar vida extraterrestre. Otros proyectos similares analizan moléculas, encuentran nuevos números primos o ayudarán al Gran Colisionador de Hadrones recién instalado en el CERN en el procesamiento de una cantidad desmedida de datos.

Sin embargo, la denostación mediática de las redes P2P viene de su relación con la distribución de pornografía, virus informáticos, actividades anónimas que pueden afectar asuntos de seguridad nacional, entre otros. Pero sin duda el tema más polémico relacionado con el uso de las redes P2P es la distribución colectiva de material protegido por derechos de autor.

En su momento Napster fue demandado por integrantes de la banda de rock Metallica y finalmente obligado a retirar toda clase de contenido considerado ilegal, hasta el punto de hacer desaparecer el servicio. No obstante, a raíz de tal demanda la popularidad de Napster alcanzó alturas insospechadas. Napster desapareció al poco tiempo de todas maneras, pero le sucedieron toda una serie de nuevas redes P2P, tales como Kazaa, Gnutella, BitTorrent y Freenet; cada una de ellas con servicios cada vez más eficientes, colectivos, anónimos y especializados.

La historia de cada red P2P es casi una copia fiel de la historia de Napster; esto es:

  1. nacimiento tímido,
  2. desarrollo exponencial,
  3. polémicas querellas durante meses,
  4. éxito masivo,
  5. resolución judicial con gran alcance mediático,
  6. clausura abrupta del servicio,
  7. y surgimiento de clones más sofisticados que el original.

Así las redes P2P son una suerte de organismo vivo que nace, se desarrolla y adapta a su entorno tecnopolítico hasta morir a causa de vacunas legales y luego renacer con mutaciones que lo fortalecen ante nuevas amenazas.

También los demandantes han sofisticado sus tácticas de defensa y ataque. Las grandes empresas de producción de contenidos provenientes de las industrias del cine, la música, así como las instituciones civiles y gubernamentales que abogan en pro de la propiedad intelectual, todos ellos han establecido un compacto grupo para derribar cada intento por el uso de sus potestades en Internet.

Para alcanzar su propósito, lo llamados lobbies de la Propiedad Intelectual han decidido ir más lejos: no sólo a los proveedores de servicios P2P, sino también al interior de Internet para regular el flujo de información entre sus usuarios.

Eso quiere decir que con la implantación por la vía legal de tecnologías de detección de información protegida por copyright, las empresas serán capaces de demandar directamente a los usuarios que supuestamente dispongan de información protegida.

Lo anterior polariza las opiniones sobre el tema. Por un lado están los defensores de la propiedad intelectual. Y por el otro los que alzan la voz ante lo que consideran ataques flagrantes a sus derechos fundamentales como ciudadanos en la red; es decir, privacidad, equidad y libertad. Uno y otro bando son los protagonistas de una batalla en curso, con enfrentamientos en tribunales y en las entrañas de Internet. Se trata de una batalla que definirá, según sus resultados y alcance, cómo accederemos a buena parte de nuestros bienes culturales, aún fuera de la red.

Comentarios finales

Podemos resumir las condiciones que hicieron patente una nueva era tecnológica y social basada en la participación y la información.

  1. La proliferación de dispositivos de almacenamiento y transmisión de información de mayor calidad en sus prestaciones.

  2. La creación de aplicaciones especialmente diseñadas, como las P2P, para cooperar masivamente en la distribución de la información. Muchas de ellas dirigidas por notables grupos de investigación.

  3. La emergencia de redes sociales virtuales por todas partes, conformados por una escalada de miembros ávidos de información, con niveles de conectividad y comunicación nunca vistos.

En particular, vista de manera simple la información en Internet consiste de un tren de bits que según su disposición puede representar texto, audio, vídeo o cualquier otro tipo de archivo cuando sea requerido. Pero, ¿dónde está la información en Internet?

  • En sus extremos, donde están los usuarios con sus equipos de cómputo la información habita en dispositivos de almacenamiento (e.g., discos duros, memorias Flash).

  • Y en el interior, donde la información reside temporalmente en los dispositivos (routers) que los conducen a su destino de extremo a extremo y a través de la red.

Por otra parte, sin importar el contenido (libros, películas, etc.), una vez digitalizada la información mantiene propiedades independientes del medio de transmisión en la red. Ya sea que la información viaje a través de una red P2P ilegal, o legalmente vía iTunes luego de una compra electrónica, sufre las mismas transformaciones inherentes a los protocolos de comunicación de Internet.

Así pues, ¿en qué momento la información original deja de ser ella misma si cuando viaja por la red debe literalmente despedazarse para llegar a su destino? ¿Acaso cada pieza de esa información también debe protegerse con copyright?

Es decir, ¿el software de los protocolos de comunicación en Internet violan alguna ley de derechos de autor al copiar, transmitir y modificar información que puede estar protegida?

De manera similar, ¿qué hay de la propiedad intelectual de la información cuando en el fondo consiste de sólo bits y debe manipularse para convertirse en otro tipo de información cuando se utiliza criptografía (como sucede durante las compras en línea)?

¿Cómo detener esa máquina de copiar información llamada Internet?

Cuando la información crece en Internet con todo tipo de nuevos formatos y medios, ¿cuál es la última palabra sobre domino público, copyleft y copyright? ¿Hasta que grado puede puede estirarse el copyright para que alcance a cada nuevo integrante de esa selva de información que es Internet? ¿Cómo regular blogs, foros, redes sociales y la descomunal energía de millones interactuando en torno a la información compartida? Estas son preguntas que instancias técnicas, culturales, empresariales o sociales, responden (o no) sólo desde perspectivas parciales, muchas veces sin mirarse a la cara.

Ya sea para la creación de software libre o para la difusión de nuevas metodologías de acceso a la información (alejadas del concepto tradicional de propiedad intelectual), podemos decir que un mundo alterno se está produciendo alrededor en las llamadas Culturas Libres. Desde los grupos de trabajo con filosofía Hazlo tú mismo (DIY, por sus siglas en inglés), hasta los Partidos Piratas (nacidos en Suecia en 2006, pero multiplicados en docenas de países), pasando por los grupos hacktivistas (informáticos ocupados en pro del libre acceso a la información y los derechos civiles en la red, generalmente reunidos en hacklabs), las Culturas Libres buscan convertirse poco a poco y desde distintos frentes en oportunas alternativas de acceso a la cultura, el conocimiento y la educación, ajenas todas a las formas de control centralizado.

Lawrence Lessig escribía en su Free Culture de 2003, visto por muchos como una de las piedras angulares de la Cultura Libre:

En toda nuestra historia nunca ha habido un momento como hoy en que una parte tan grande de nuestra “cultura” fuera “posesión” de alguien.

Las licencias Creative Commons, diseñadas bajo el liderazgo de Lessig, conforman una de las respuestas más importantes a un mundo gobernado por modelos económicos basados en el copyright. Hoy en día, esas licencias le muestran al mundo cómo compartir información en vez de pedir permiso por ella y de conformidad con un espíritu llamado Share-alike.

Las Creative Commons, junto con las GPL y otras licencias libres, integran una trinchera ideológica, técnica y legal, que con mucha seguridad irán perfeccionándose a favor de devolver la cultura sus verdaderos dueños: todos nosotros.

Al día de hoy, sin saberlo, sin pensarlo casi, hemos convertido internet en el más grande enemigo del concepto tradicional/industrial de propiedad intelectual. Con internet hemos llevado esa idea a los límites de lo absurdo en cada proceso de copia y descarga de información. Y así hemos establecido internet como la más poderosa herramienta a favor de una cultura copyleft.

Nota: Este post forma parte de una serie de cinco. Léelos todos accediendo al tag “Internet es copyleft”.