Pasaron 23 años desde el último vuelo del SR-71 Blackbird, pero el avión de Lockheed persiste como una de las más grandes maravillas aeronáuticas jamás creadas. La mítica aeronave de reconocimiento no solo se ganó sus méritos por su desempeño durante la Guerra Fría, sino porque su desarrollo estuvo plagado de anécdotas. Entre tantas, que Estados Unidos se vio obligado a recurrir a la Unión Soviética para obtener el titanio necesario para fabricarlo.

Claro que ninguna agencia norteamericana fue a golpear a las puertas del Kremlin para, abiertamente, comprarles el titanio con el que pensaban crear el avión espía supersónico que luego usarían en su contra. El proceso fue bastante más complejo, secreto y engañoso. Un condimento típico del enfrentamiento entre las dos grandes potencias que dominaron el mundo tras la Segunda Guerra Mundial.

¿Pero por qué era tan necesario el titanio en el SR-71 Blackbird? Simplemente, porque no existía otro material que fuera capaz de soportar el calor que se generaba cuando el avión volaba sostenidamente por encima de Mach 3, a 26.000 metros de altura. En pleno vuelo, la «piel» de titanio que cubría el fuselaje se calentaba bastante por encima de los 500 grados centígrados, por lo que llegaba a expandirse por más de 15 centímetros. Esto último permitía sellar las fugas de combustible que la aeronave sufría por diseño.

Pero el uso de titanio iba más allá del recubrimiento exterior. Un 93% de la estructura del SR-71 Blackbird estaba fabricada en aleaciones de titanio, según explicó el historiador aeronáutico Peter Merlin en un informe publicado por la NASA. Algo impensado para otras aeronaves desarrolladas en los años sesenta, tomando en cuenta los altos costes. Sin embargo, el proyecto de Lockheed ameritaba el gasto.

La Unión Soviética, crucial para obtener el titanio necesario para el SR-71 Blackbird

SR-71 Blackbird

Pero conseguir en Estados Unidos la cantidad de titanio necesaria para desarrollar el SR-71 Blackbird era imposible, debido a su escasez en la década de 1960. Por ello, los norteamericanos tuvieron que salir a buscar alternativas, y la mejor no era otra más que la Unión Soviética, su gran rival de la época.

El proceso de obtención del titanio no solo requirió del ingenio de Skunk Works, la división secreta de Lockheed, sino también de la CIA. Después de todo, la agencia de inteligencia estadounidense había propuesto el proyecto del A-12, el precursor del SR-71 Blackbird. Y si bien nunca se divulgó el paso a paso del procedimiento, sí se ha hecho mención pública al uso de empresas fantasma y triangulaciones comerciales con otros países. Todo para que los soviéticos no detectaran su verdadero destino.

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Vale aclarar que lo que Estados Unidos importó bajo esta modalidad secreta fue un mineral llamado rutilo, cuya composición química es óxido de titanio. En 2013, el coronel Rich Graham, piloto del SR-71 Blackbird durante 15 años, explicó a BBC el complejo movimiento para conseguirlo.

«Cuando estaban construyendo el avión, Estados Unidos no tenía suministros de un mineral llamado rutilo. Era un suelo muy arenoso y que solo se encontraba en pocas partes del mundo. El principal proveedor del mineral era la Unión Soviética. Así, trabajando a través de países del tercer mundo y operaciones falsas, pudieron enviar el rutilo a Estados Unidos para construir el SR-71».

Coronel Rich Graham.

Aprendiendo a trabajar el titanio

Crear aviones supersónicos con una estructura casi completamente hecha de titanio fue una tarea de una complejidad más allá de lo imaginable para Lockheed. De hecho, sus ingenieros tuvieron que desarrollar herramientas especiales como taladros y máquinas de corte para trabajar con dicho material. Aunque eso no fue todo, puesto que, además de las técnicas de fabricación, debieron crear métodos de inspección, prueba y control de calidad.

Pero la producción del SR-71 Blackbird también trajo desafíos que fueron resolviéndose sobre la marcha. Especialmente aquellos relacionados con la corrosión que se generaba al exponer las aleaciones de titanio a otros elementos de uso corriente en la industria aeronáutica. Así lo explicó Peter Merlin:

«Las aleaciones de titanio presentaban numerosos desafíos debido a las reacciones químicas adversas entre el metal y varios materiales y compuestos comúnmente utilizados en la construcción de aeronaves. Para evitar la corrosión y el agrietamiento por corrosión bajo tensión a altas temperaturas, era imperativo evitar que las piezas de titanio entraran en contacto con materiales como cadmio, mercurio, flúor, cloro, bromo, astato y yodo. Ciertas herramientas manuales comunes estaban enchapadas en cadmio y algunos materiales para marcar (bolígrafos y lápices) contenían químicos que causaban corrosión. También se pueden encontrar elementos contaminantes en la composición de solventes, cintas adhesivas, pinturas, materiales de empaque, plásticos, agentes extintores, agentes de limpieza y otros materiales usados en el mantenimiento de aviones. Los técnicos y el personal de mantenimiento debían estar atentos y utilizar solo materiales compatibles de las listas aprobadas».

El agua de Burbank, California, fue el primer enemigo del SR-71 Blackbird

Foto: NASA.

Una anécdota llamativa, pero que plantea con claridad los desafíos a los que se enfrentaban los ingenieros de Lockheed, indica que las primeras estructuras del SR-71 Blackbird fracasaron por culpa del agua de Burbank, California. Allí es donde estaba ubicada la planta de la firma aeronáutica en la que operaba la división Skunk Works.

Uno de los mayores problemas fue que las piezas de titanio soldadas durante el verano presentaban corrosión y una vida útil menor, comparada con aquellas que eran soldadas en invierno. La situación fue un verdadero quebradero de cabeza, hasta que se halló el por qué.

Según parece, esto sucedía porque la planta de tratamiento de agua californiana le añadía cloro en verano para evitar la proliferación de algas. Cosa que no se hacía en invierno. Por ende, el agua con que se lavaba las piezas del SR-71 Blackbird durante la época más calurosa del año las dañaba por el cloro adicional.

Las herramientas enchapadas en cadmio, en tanto, dejaban residuos en los pernos y tuercas de titanio, que también sucumbían víctimas de la corrosión. Así, Lockheed se vio obligada a desechar bastante cantidad de material hasta pulir definitivamente el proceso de producción del mítico SR-71 Blackbird.

Un último dato curioso como broche de oro. La Unión Soviética no solo terminó «ayudando» a Estados Unidos a fabricar su avión supersónico: también dejó escapar la posibilidad de comprar sus secretos. En 1985, un sargento de la Fuerza Aérea norteamericana les ofreció información confidencial del SR-71 Blackbird a cambio de 100.000 dólares.

Sin embargo, los representantes de la URSS creyeron que era algún tipo de broma o trampa, y lo denunciaron a los servicios de inteligencia estadounidenses. El sujeto en cuestión fue detenido y condenado a 25 años de trabajos forzados. Y los soviéticos se quedaron sin la posibilidad de conocer a fondo a una de las maravillas de la aviación del siglo XX.

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