¿Cómo será el futuro de nuestra civilización y de la especie humana? Es una pregunta que la cultura pop se plantea con frecuencia. En especial, cuando la posible respuesta abarca la forma en que concebimos la identidad colectiva. De hecho, las películas distópicas y utópicas están a la orden del día. ¿Habrá grandes avances técnicos? ¿Una evolución física e intelectual desconocida? ¿Una conquista del espacio a niveles que ahora mismo no podemos imaginar? 

El cine brinda, quizás, las respuestas más asombrosas a estas cuestiones. Lo hace desde el punto de vista de las especulaciones, reflexiones y exploraciones sobre escenarios que, de otra forma, sería imposible construir. Desde un mundo en que la inteligencia artificial es capaz de actuar con subversiva independencia, hasta viajes interplanetarios asombrosos. Para el mundo cinematográfico, el futuro se compone de historias e imágenes que desafían cualquier concepto de la realidad. Lo redimensionan y lo recorren desde nuevas perspectivas, cada vez más amplias y alucinantes. 

Pero no siempre lo hacen a través de la esperanza. Las películas distópicas, ese reverso oscuro e inquietante de la utopía, son también frecuentes en la ciencia ficción cinematográfica. Pudiendo, además, brindar las perspectivas más siniestras sobre la evolución de la raza humana y su entorno a siglos de distancia. ¿Puede lo peor de nuestra cultura y sociedad hacerse un peligro para la supervivencia de la especie? Aún más complicado, ¿puede volverse una visión terrorífica lo que esperamos de un porvenir por ahora impensable? 

Te dejamos cinco películas distópicas de Netflix que intentan explorar esas reflexiones. Y lo hacen, además, desde puntos de vista por completo distintos y desde extremos tenebrosos. Una mirada inquietante al bien, al mal y a lo que nos espera, quizás en posibilidades todavía impensables para cualquiera. Un repaso por la imagen retorcida de lo que la realidad podría ser. 

La película distópica de Netflix por excelencia: Blade Runner 2049

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Blade Runner 2049 analiza el futuro desde la desesperanza. En esta película distópica de Netflix, la tecnología está en todas partes, pero también la certeza de que la vida humana carece de alicientes. Un tema que ya la icónica Blade Runner abordó y que terminó por convertir su premisa principal en una paradoja. ¿Es la inteligencia artificial una respuesta a todos los cuestionamientos del hombre acerca de su capacidad para crear? De ser así, ¿por qué hay un enfrentamiento entre androides y seres humanos? 

Para el director Denis Villeneuve, lo realmente importante es el hecho de descifrar la naturaleza de la relación entre el hombre y la máquina. ¿Qué somos? Es la cuestión que se repite una y otra vez. Lo hace en la apariencia de los replicantes, pulcra e indistinguible de la humana. La forma en que la sociedad los contempla y asimila con dificultad, pero jamás los acepta. 

Para la ocasión, Villeneuve construye, en este largometraje distópico, un duro trasfondo que rodea a los replicantes tras la rebelión. Lo consigue a través de una sutileza medida y metódica, que resulta casi melancólica. Su “K” (Ryan Gosling) observa el mundo desde una distancia incierta. El personaje carece de identidad y ejerce su trabajo como policía como un deber práctico. No hay sentimientos éticos. Para el director, el argumento es un recorrido por los dolores de una sociedad que se derrumba sin objetivo.

Lo que hace que la película sea más compleja de lo que parece. Los androides son construidos —y prosperan— como reflejo de lo humano y nada más que eso. Una doble mirada a la humanidad que se desvirtúa, desploma y, al final, termina por ser un paisaje desolado. Pero la desolación humana apenas se muestra y se vislumbra a través de sus obras y creaciones.

Considerada lenta, pretenciosa y, aun así, una joya visual con un contexto sutil, esta película distópica de Netflix todavía busca su lugar en la cultura pop. Por ahora, sigue siendo, como su icónica predecesora, una joya con la que vale la pena reflexionar.

¿Qué le pasó a Lunes?, un tesoro escondido entre las películas distópicas de Netflix

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En un mundo en el que concebir un bebé es un crimen peligroso, ser una familia numerosa es un riesgo que nadie desea correr. En el año 2043, la población mundial ya es un debate crucial. Desborda los cálculos más pesimistas y se ha transformado en una crisis sin precedentes que arrasa ciudades y territorios naturales por igual. Esta película distópica de Netflix, de Tommy Wirkola, profundiza en un temor colectivo arraigado que, en el argumento, toma la forma de un cataclismo total. Uno que, además, impacta en la percepción de la raza humana como centro de la historia de la cultura y el futuro.

¿Qué ocurriría si la única posibilidad de salvación fuera restringir los nacimientos? No de manera sutil, sino crear un sistema cruel y directamente violento para lograrlo. La película distópica ¿Qué le pasó a Lunes? toma el precedente de leyes actuales sobre la restricción de la capacidad reproductiva y lo lleva a una dimensión terrorífica. Además, reimagina el futuro como un sistema totalitario en que el ser humano es la víctima de sus propios dolores y horrores

La Ley de Asignación Filial dictamina el número de nacimientos. Pero, aún peor, somete con una crueldad refinada a los que castiga. No se trata solamente de definir cuántos bebés pueden nacer para mantener un número sostenible de la población mundial. El severo y violento entramado legal también dictamina el futuro de los que transgreden sus límites. En el futuro, nacer es un delito tan grave como matar

La premisa se extiende a través de la vida de siete hermanas idénticas, nacidas en secreto y que han logrado mantener oculta su existencia por décadas. Sin embargo, por a poco, todas tendrán que enfrentar un sistema represor y deshumanizante. Esta película distópica de Netflix convierte la lucha por la supervivencia en un enfrentamiento contra el autoritarismo y la destrucción individual. Más allá, es una reflexión tenebrosa sobre el poder, el tiempo y los horrores al filo de un futuro tan estremecedor como cercano.

La Purga: la noche de las bestias

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La distopía también puede abarcar regiones temibles sobre las relaciones de poder que podrían suscitar hechos posibles. Cuando una crisis económica pulveriza el sistema legal, financiero y político de Estados Unidos, un nuevo sistema emerge con la promesa de paz. Se trata de un futuro dictatorial que tiene un control total sobre la vida de los ciudadanos.

Esta película distópica de Netflix aborda el instinto primario de la venganza. La Purga: la noche de las bestias explora la posibilidad de la impunidad total del crimen bajo ciertas condiciones. Unas que exploran la noción primitiva sobre la retaliación y la gratificación violenta. Se trata de una versión terrorífica sobre la justicia que se asume personal y unilateralmente. Una vez al año, el sistema totalitario que gobierna permite a todos los ciudadanos cometer cualquier crimen. Desde los más cruentos a los más depravados. Todo está permitido como una forma de brindar una puerta abierta en medio de la represión. 

La película —primera de una saga de cinco— muestra al otrora país más poderoso del mundo convertido en una estructura brutal. También, en una distopía terrorífica en la que la deshumunización del individuo le lleva a convertirse en víctima o en asesino una vez al año. Poco a poco, este largometraje distópico, que puedes ver en Netflix, medita acerca de la naturaleza de la violencia, para al final llegar a una conclusión inquietante. ¿Qué haría un ciudadano corriente si la ley no limitara sus acciones? Una pregunta que la película no responde — no de manera directa — pero que sí mezcla con la convicción de una salvaje mirada al desenfreno y la crueldad. 

Elysium

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La riqueza y la pobreza siempre han sido temas de un debate incómodo acerca de los privilegios. Este largometraje distópico de Neill Blomkamp lo lleva a una dimensión completamente nueva al imaginar que el límite entre la opulencia y la miseria es geográfico. ¿Qué ocurriría si los desposeídos heredarán un mundo destrozado por los desastres climatológicos y la ruptura total de todos los sistemas políticos? ¿Un territorio caótico, destinado a la destrucción y a todo tipo de horrores al acecho? 

Aunque la premisa de la película va mucho más allá. ¿Cuál sería la consecuencia si los más acaudalados y pudientes tuvieran la oportunidad de abandonar un planeta en declive? ¿Crear un mundo con su propia atmósfera, apartado de toda privación y rebosante de lujos? ¿Uno en que, además, las enfermedades más graves pueden curar? ¿Cuál sería la percepción de los que luchan por sobrevivir en el planeta del que provienen? 

En esta película distópica de Netflix ambas realidades colisionan, y el argumento abarca elementos más complejos de lo que podría esperarse de los géneros de acción y ciencia ficción. Desde la concepción de la penuria económica, hasta la desesperación por la supervivencia o la indiferencia de los privilegios. El largometraje atraviesa lugares poco comunes para un guion de su naturaleza y utiliza la distopía para confrontar sobre temas angustiosos. ¿El futuro está marcado por el dinero, la posibilidad del acceso económico y la desaparición de toda empatía y solidaridad? Elysium, con su tono duro y temible, se enlaza con un urgente mensaje de reflexión sobre la naturaleza de la cultura actual. Mucho más, con sus puntos más oscuros y dolorosos. 

La revelación de las películas distópicas de Netflix: El Hoyo 

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Lo primero que sorprende en la película de Galder Gaztelu-Urrutiaes es la ausencia de referencias temporales o espaciales sobre lo que muestra. Lo más probable es que se trate de una cárcel, pero también podría ser un manicomio. Incluso algo mucho más retorcido, como un paraje de paso o de prueba en que los inquilinos —o reclusos— hacen despliegue de sus capacidades. 

El ambiente hostil sugiere la idea de que lo que nos muestra el director es algo más que una alegoría a los espacios inexplorados de la mente humana. El largometraje distópico es mucho más complejo que eso y lo deja en claro desde la primera secuencia. En ella, la comida se muestra como el gran tesoro que durante buena parte de la trama se disputará con una crueldad inusitada. Pero, también, será la medida de las ambiciones de una película obsesionada con la avaricia.

Galder Gaztelu-Urrutia reflexiona con acierto sobre su fragilidad en condiciones inexplicables e insoportables. El argumento no se prodiga en explicaciones. Los fragmentos de información que se muestran no son lo suficientemente claros como para definir cuál es el peligro que amenaza a los personajes. Mientras uno de ellos admite que se encuentra dentro del recinto por voluntad propia, el otro confiesa que lo hace para purgar un crimen tan improbable como ridículo. De modo que la premisa parece reflexionar sobre el hecho del horror como último punto en la ruptura del individuo

Con su aire de película distópica tenebrosa sobre métodos de control inexplicables, El Hoyo es una fantasía claustrofóbica. También, una temible visión sobre lo que la oscuridad de la naturaleza humana puede ocultar. Todo, en las peores condiciones imaginables. En medio de una percepción retorcida sobre lo que cualquiera sería capaz de hacer en condiciones límites. Quizás, el mayor logro de esta película distópica de Netflix. 

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