BMW ha anunciado en una nota de prensa que, a partir de 2023, usará Android Automotive en ciertos vehículos. La compañía germana se suma a otras como Ford, Renault, Honda o Polestar, las cuales usan o planean usar en un futuro cercano la plataforma de software para coches desarrollada por Google.

En el caso de BMW, eso sí, parece existir una particularidad: la compañía utilizará una versión de Android Automotive sin los servicios de Google. La compañía anunció este mismo año un acuerdo con Aptoide, una tienda de aplicaciones alternativa, por lo que probablemente recurran a sus servicios en lugar de a la Play Store de Google.

Esto es posible porque Android Automotive, al igual que la variante de Android para teléfonos móviles, es libre. Quien lo desee, puede tomar el sistema, modificarlo a su antojo e implementarlo en los dispositivos que necesite. Amazon es un buen ejemplo de ello. La empresa estadounidense toma cada release de Android como base para desarrollar los sistemas Fire OS que posteriormente implementan en sus tablets, televisiones inteligentes y sticks como el Fire TV.

Marcas rivales de BMW, como Renault o Polestar, también han optado por utilizar Android Automotive, aunque sí lo han hecho de la mano de Google. Esto significa que los servicios de la empresa estadounidense (como Google Maps, Google Assistant, Google Play Store o YouTube) sí están disponibles en los coches de las citadas marcas. En el caso de BMW, salvo que se produzca un futuro acuerdo, esos servicios no estarán disponibles.

BMW
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BMW cede, al igual que todos, con Android Automotive

El desarrollo de software ha sido siempre una de las asignaturas pendientes para las marcas de coches. Durante años, sus sistemas de infoentretenimiento han estado a años luz de distancia de lo que estamos acostumbrados en los ordenadores, los teléfonos móviles o incluso las televisiones inteligentes.

Con el auge del coche eléctrico, conectado y autónomo, sin embargo, muchas de esas empresas (entre ellas, BMW) han empezado a prestar más atención al software que incorporan en sus vehículos, pues se trata de un factor cada vez más influyente en la experiencia global del producto. Empresas más nuevas como Tesla, además, han demostrado la importancia de cuidar este apartado.

Sin embargo, construir una plataforma de software de cero y a la altura de lo que Google ofrece con Android Automotive, lo que Tesla ofrece en sus coches o lo que se espera que Apple permita con la futura versión de Carplay es complejo. Y no basta con hacer un desarrollo inicial; también es necesario lanzar actualizaciones de software periódicas que enriquezcan o refinen la experiencia de uso. Por ello, muchas compañías que inicialmente persiguieron el desarrollo de sistemas operativos propios han acabado cerrando acuerdos de colaboración con empresas de base tecnológica.

El paso de BMW, pese a no tender la mano a Google, es una muestra más de cómo los fabricantes de vehículos tradicionales acaban cediendo por los sistemas operativos que las tecnológicas han estado desarrollando durante los últimos años. Y, probablemente, no serán los últimos en dar un paso como este.