En buena parte de sus escenas, Incompatibles 2 de Netflix tiene un evidente parecido con la ya icónica saga Arma Letal. Y es obvio el motivo: la dupla de Omar Sy y Laurent Lafitte sigue siendo más que efectiva. También, la forma en la que el director Louis Leterrier crea todas las condiciones para que este argumento de acción sorprenda por su buen humor. La combinación entre ambas cosas, crea una película que refresca el concepto de las habituales buddy films. 

Esta película de Netflix sostiene una nueva percepción acerca de las habituales duplas de policías que en ficción suelen sostenerse en la química y el buen hacer de sus actores. En Incompatibles 2 lo hace, pero además estos cómplices disfrutan de un curioso sentido de la urgencia y del propósito. El dúo disparejo debe enfrentar a un enemigo peligroso y complicado. Y lo hará con todas las armas a su disposición. Eso incluye limar sus asperezas y lograr, en la medida de sus posibilidades, comprenderse entre sí. ¿Muy trillado para el género? Podría serlo, pero gracias a la soltura, buen hacer y sentido del humor de Sy y Lafitte, el resultado es más ingenioso de lo que podría suponerse. 

Si la primera película sentó las bases de esta amistad entre extremos y colaboración forzada, su secuela explora la idea con originalidad. Y lo hace desde la convicción que el género tiene mucho qué decir, a pesar de sus incontables versiones. Esta vez, François Monge (Lafitte) es más aún más irritante que en su anterior aparición, y el director profundiza en sus rasgos más desagradables con aire satírico. El Ousmane Diakhité de Sy, es una rara combinación de un cierto comentario social con un sentido de la comedia física exuberante. La combinación hace que la película de Netflix avance de lo genérico (de lo cual se le podría acusar), hacia ideas más específicas. 

Incompatibles 2: policías en busca de una buena historia 

Uno de los puntos más altos de Incompatibles 2 es la idea de utilizar el contexto francés para dialogar con temas poco comunes en películas semejantes. Desde la actitud de Monge como un condescendiente e insistente Don Juan pasado de años, hasta la de Diakhité, como un padre soltero amable. El argumento de la película de Netflix se centra en la idea de la interacción entre ambos y lo desarrolla con sentido intrigante de cierta ironía. Monge es un personaje que resulta desagradable hasta que se le humaniza. Por su parte, Diakhité crea la condición sobre su sensatez, mientras debe lidiar con un entorno hostil. Todo eso, mientras el caso central — un asesinato que involucra extremistas de derecha — se desgrana como contexto. 

Pero el centro de la película es en realidad su condición como recorrido por ambos personajes, sus puntos altos y bajos. Monge es un raro estereotipo de arrogante venido a menos, objeto de burla constante, pero al final intuitivo y brillante. Por otro lado, Diakhité es una combinación del buen policía incorruptible, pero también, un hombre entre presiones sociales habituales. Y a medida que el crimen que investigan se vuelve más complicado, extraño y peligroso, es evidente que la complicidad entre ambos será esencial. No se trata de una amistad — aunque podría parecerlo — sino una línea de intereses comunes. Pero también es una percepción infalible sobre el hecho que tanto Monge como Diakhité representan estratos distintos de una misma cosa. 

Una de las cualidades de Leterrier es convertir a la acción en una extraordinaria puesta en escena bien coreografiada. Y en Incompatibles 2 lo hace. Pero a la vez logra que sus policías — entre risas, conversaciones extravagantes y genuina perspicacia — sean creíbles. Hay una solidez de enorme interés en la forma en cómo el director se hace preguntas acerca de qué une — o separa — a este equipo. Y en especial, cuando necesitan dejar atrás ambas cosas por algo más importante y trascendental. 

Cómplices, compañeros y algo en el medio de ambas cosas 

Incompatibles 2 tiene un aire despreocupado y bien construido que aligera la tensión en los momentos más complejos, que los hay. Leterrier tiene la misma habilidad que ha tenido con Lupin para ir de un extremo a otro del drama, el humor y la acción. Lo hace, con una bien pensada combinación de recursos que logran que esta secuela, sea en realidad mucho más densa que su primera parte. Y en especial, mucha más inteligente en la forma de narrar una amistad improbable en un terreno a primeras luces hostil. 

Sí, de nuevo se trata de un dúo de policías. Pero esta vez, también de una comedia solapada que se sostiene por el carisma de sus actores. Un añadido de inesperado interés en una película que pudiera sólo ser, otra de tantas basadas en un tropo desgastado. Algo que Incompatibles 2 evita a toda costa.