La serie Bienvenidos a Edén de Netflix está muy interesada en la felicidad. En la de sus personajes y en el motivo por el que la sociedad está obsesionada por obtenerla. Pero también en analizar la falsedad — o en cualquier caso, lo artificial — de esa idea acerca de la satisfacción de todos los deseos. Eso mientras un misterio se insinúa y una enigmática isla sirve de telón de fondo. Con una mezcla semejante, la serie de Netflix se convirtió en un éxito y uno de los programas más vistos de la plataforma por suscripción.

Bienvenidos a Edén maneja tópicos que podrían resultar de interés general. Por un lado, intenta profundizar en el fenómeno de la fama. En la condición de la relevancia contemporánea (o su equivalente en el futuro) y el precio que lleva aparejada. Incluso se atreve con la percepción acerca del alineamiento, la conducta obsesiva y cierto regusto a sectas. 

La serie de Netflix tiene la ambición para profundizar en un estilo de historia que intenta ser intrigante con vías comunes. Y se esfuerza desde la convicción de que Bienvenidos a Edén es en realidad un símbolo del fenómeno de la fama instantánea, de la visibilidad fugaz. Algo que podría que podría achacarse a buena parte de las producciones de la plataforma por suscripción. 

Porque como otras producciones en Netflix, a pesar de su buena recepción en audiencia, la calidad del programa es dudosa. No solo se trata de su incapacidad para mezclar sus dispares elementos, sino además su insistencia en jugar con los lugares comunes para crear una historia. El resultado es una serie acerca de la manida premisa de un grupo de desconocidos sometidos a una situación extrema. Una que además no tiene verdadera resolución, que apuesta a los clichés en lugar de la innovación y que al final es tan decepcionante como hueca. 

Bienvenido a Edén: la versión más reciente de un fenómeno inexplicable 

El fenómeno se repite. Bienvenidos a Edén está en la lista de los programas más vistos. Todo eso a pesar de su premisa blanda, su historia predecible y su blanda manera de relatar su argumento ¿Qué hace que Netflix sea capaz de reproducir un efecto semejante con tanta frecuencia?¿Por qué series de ínfima calidad o en el mejor de los casos, llenas de problemas argumentales se convierten en sucesos de audiencia? 

No es una pregunta sencilla. Mucho menos, una que sea fácil de responder en mitad de lo que parece ser una apreciación subjetiva del contenido Netflix. Pero Bienvenidos a Edén, con todas sus buenas intenciones y fallido desempeño, es el ejemplo de actitud de Netflix sobre las producciones en la plataforma. 

Bienvenidos a Edén, que tiene un arranque intrigante y mueve sus piezas para crear una narración de algún interés, falla de inmediato en mantener la solidez. Y de nuevo ocurre el ciclo inevitable de buena parte de las series y películas que engrosan la oferta de programación de la plataforma. Una serie que sin alicientes, calidad narrativa y que al final resulta decepcionante, se convierte en un éxito considerable. Para luego desaparecer entre una oferta cada vez más amplia sin mayor trascendencia. 

Por supuesto, se trata del modelo de negocios y crecimiento de Netflix desde sus inicios, pero llevado a un nuevo nivel durante la pandemia. Con 220 millones de suscriptores, Netflix se convirtió en una vitrina esencial para producciones que de otra forma, no llegarían al gran público. Mucho más curioso y complejo resulta la idea de la repercusión de esa visibilidad inmediata y total. 

Buena parte del contenido en la plataforma  que acompaña a Bienvenidos a Edén— original o adquirido — son experimentos no demasiado atinados. Desde películas de abultado presupuesto y estrellas de Hollywood que resultan ser fiascos, hasta series sin posibilidades de temporadas múltiples. La programación de Netflix termina por ser una mezcla poco acertada que ofrece al suscriptor variedad pero en pocas ocasiones, calidad. 

La calidad de la mayoría de los productos originales de la plataforma sigue siendo cuestionable

Hace unas semanas, se debatió sobre la pérdida de suscriptores en la plataforma. Casi 200.000 en los primeros meses del año que podrían llegar a dos millones para finales del 2022. Se trata la primera vez en una década que el servicio de suscripción pierde público. De inmediato, el gran debate se centró en que podría producir una situación semejante. En especial, cuando Netflix había demostrado que su modelo de negocio era una apuesta a una expansión agresiva como servicio y propuesta. 

¿Se trata de la consecuencia inmediata de relajar las medidas de la pandemia lo que hace que el streaming sea menos necesario? ¿La eventualidad de las contraseñas compartidas, lo que disminuye de manera sensible el número de usuarios efectivos? No obstante, más claro aún parece el hecho que la pérdida de suscriptores podría tener una razón de fondo más preocupante. Con un catálogo robusto y en especial, la cualidad de ofrecer material novedoso a una frecuencia impensable para otras plataformas, Netflix es el servicio con mayor programación. 

Pero, ¿a qué costo? La calidad de la mayoría de los productos originales de la plataforma sigue siendo cuestionable. Bienvenidos a Edén es el ejemplo de ello. Tanto como para que la gran pregunta sea si sus éxitos, inevitables cuando se analiza el número efectivo de suscriptores, oculte algo más incómodo. ¿Los grandes fenómenos de audiencia son inevitables debido al público a disposición? ¿es lo que hace que la calidad sea lo menos importante para el servicio? 

Netflix y el mal contenido, una pregunta incómoda 

Netflix ha sido cuestionado con frecuencia por su forma de promocionar contenido que no cumple los mínimos estándares de calidad. Su objetivo es mantener su amplio catálogo con opciones novedosas. Y lo hace, en la medida que el catálogo de la plataforma se hace cada vez más numeroso. ¿Pero la cantidad se traduce en excelencia?

El éxito de Bienvenidos a Edén, otro en grandes hitos de audiencia, sigue siendo el mejor ejemplo de su forma de plantear el tema de contenidos. Bienvenidos a Edén, que habría tenido problemas para acceder a otras plataformas o que jamás podría formar parte de canales tradicionales, es un éxito streaming. Uno que demuestra que para Netflix, la calidad no es tan importante como la cantidad de contenido nuevo a disposición. ¿Uno de los tantos problemas que enfrenta el servicio? La nueva — y popular — serie española, parece la gran muestra de eso.