El Arsenio Lupin literario siempre se encuentra en medio de una situación mortal, a punto de llevar a cabo el robo del siglo o, en el mejor de los casos, coqueteando con alguna dama. Su versión para la televisión Lupin, la nueva serie de Netflix, muestra a un serio Assane Diop que tiene toda la brillante inteligencia del personaje, pero no su infalible encanto.

Este extraño híbrido entre la metaferencia y algo más ingenioso es un hombre sobrio y decidido, que tiene un objetivo en mente y ese es, por supuesto, un robo a gran escala. Pero a diferencia del héroe literario, este ladrón de guante blanco también es un jugador experto en el arte de pasar desapercibido.

Quizás, uno de los elementos más interesantes de la adaptación libre de la obra de Leblanc es tomar los puntos más altos del relato literario para convertirlo en un juego de espejos. Entre ambas versiones de la realidad, el personaje teje una cuidadosa red de engaños y trampas sutiles, para tramar una red monumental que tiene por objetivo un robo, pero también una venganza y una redención.

‘Lupin’de Netflix juega con las apariencias

Durante los primeros minutos de la serie, lo monumental del objetivo de Diop parece sobrepasarle. De pie, frente a la caja de cristal que guarda un collar de incalculable valor, el personaje tiene la apariencia de una sombra. Uno de los tantos empleados que recorren el museo a medianoche, aturdido por la estatura de las obras y tesoros que le rodean. Pero poco a poco, el argumento envuelve al personaje se hace cada vez más poderoso, y pronto deja en claro que toda esa apariencia de humildad es solo una fachada.

Como si todo anterior no fuera suficiente, Diop está obsesionado con el caballero ladrón imaginado por Leblanc, lo que provoca que su método se convierta en una recreación en vivo del clásico literario. Es ese perspicaz uso de recursos que reflejan el libro, a la vez que permiten avanzar la acción en pantalla, lo que hace de Lupin una combinación afortunada entre varios elementos distintos de enorme eficacia.

La serie es tanto la narración de una Heist movie en estado puro, como una buena historia en la que el protagonista tiene todos los atributos del antihéroe misterioso. La combinación de ambas cosas crea un protagonista que no está exento de cometer errores pero cuya astucia supera sus experimentos fallidos.

Recuperando a los clásicos

Como Arsène Lupin, Diop está en la búsqueda de un objetivo y el guion no se prodiga en mostrarlo de inmediato. Toda la trama es un rompecabezas cuyas piezas no son visibles de inmediato y abarcan algo más que la dinámica del robo. Con el método de Sherlock Holmes (Diop es un aventajado alumno del método de pensamiento lógico del personaje de Doyle) y algunos guiños a Inside Man (2006), cada capítulo de la serie es una colección de referencias cruzadas. Lo cual se refuerza a medida que Diop muestra sus verdaderos colores y la cualidad colosal de su ambición. Es entonces cuando el verdadero juego comienza en toda su potencia.

Pero más allá de la necesidad de entretenimiento puro, es evidente que ambos showrunners quieren crear una meditada historia acerca del crimen de guante blanco como una obra de arte. ¿Peligroso? ¿Provocativo? ¿Ambiguo? El show es todo es eso y más. Pero en ese especial, tiene una paciente cualidad para revelar sus secretos a fragmentos de información elaborada como una búsqueda de un intricado mapa de ruta hacia la codicia.

Diop sabe hacia dónde se dirige, mientras que la mayoría quienes le rodean no. Y esa salvedad — lo que se ignora del centro real de toda la estructura — lo que hace a Lupin una astuta mirada a la duplicidad y la manipulación como armas tan peligrosas como una bala en manos incorrectas.

Poco a poco, Diop demuestra que es algo más que un ladrón brillante. Lucha con una considerable habilidad, usa disfraces y tiene los suficientes conocimientos sobre tecnología como para asegurarse que su objetivo será exitoso. Pero también es un hombre que debe lidiar con sus propios demonios y la serie lo sabe.

Sin sobrepasar el límite

Una de las decisiones más brillantes de Lupin es no convertir a su personaje principal en una caricatura. En su lugar le proporcionar el suficiente peso como para elaborar una connotación sobre el bien y el mal que resulta tramposa pero efectiva.

Al final, este baile de máscaras cuyo centro es una colección de diamantes es también un recorrido lleno de peligros hacia un motivo más inquietante para robar. Todo bajo el empaque de la que es, quizás, la primera gran serie de Netflix del año.

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