Doctor Strange en el multiverso de la locura mostró mucho más que distintas variantes de Steven Strange (Benedict Cumberbatch) y la evolución de Wanda Maximoff (Elizabeth Olsen) dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Se trata de una producción mucho más madura que el grueso de los relatos de la narrativa. Eso permite hablar de temas clave dentro de la sociedad contemporánea, como la vulnerabilidad, a través de Christine Palmer.

Aunque el siguiente texto, que incluye spoilers, se enfoque en quien fuera el Hechicero Supremo, varias de las ideas asociadas con él también podrían aplicarse a Wanda Maximoff. Doctor Strange en el multiverso de la locura destaca por ser una película más filosófica, dramática, oscura, que de acción y chistes fáciles. Los tiene, claro, así como las explosiones y la fantasía. Pero estos recursos no son el centro de la historia. 

Sí lo es la transformación de los personajes. Dos de los superhéroes más poderosos de la Tierra (y quizá del universo) atraviesan distintas crisis. La más evidente, la de La Bruja Escarlata, comenzó en WandaVision; mientras que la de Steven Strange se fue revelando con el pasar de los minutos en el film.

Steven Strange y la arrogancia

Desde Doctor Strange: hechicero supremo, el personaje interpretado por Benedict Cumberbatch se mostró altivo, seguro de sí mismo, capaz de resolver casi cualquier caso médico en el que hubiera esperanza de vida y él sintiera algún tipo de interés. Para entender mejor su forma de ser, convendría reparar en el peso que la narrativa da al reloj y el paso del tiempo, eso que él puede controlar hasta un punto.

Para Steven Strange, sus manos y conocimiento eran todo lo necesario para alcanzar el éxito. Tenía fama, reconocimiento, confianza en sus habilidades, hasta niveles arrogantes. Como llegó a decirle Christine Palmer, interpretada por Rachel McAdams, solo pensaba en sí mismo; hasta el punto de lastimarla con acciones y comentarios. El accidente lo cambió todo. Aquella persona que se sentía más allá del bien y del mar pierde su seguridad. 

Quien tenía la última palabra en los distintos contextos en los que se manejaba tuvo que aprender a escuchar en Kamar-Taj, a creer en fuerzas ajenas a las ciencias en las que él basó su vida. Steven Strange se abrió a un universo desconocido con el objetivo de intentar, en un principio, recuperar su antigua vida. Hasta reconocer que ese pasado ya no lo representaba como el presente que tenía. 

Entonces, aquella personalidad robusta, prepotente, megalómana que se revelaba como médico, influyó esta nueva etapa ya como mago. Se es lo que se es y nada más. El detalle, en el caso de Steven Strange, fue que comenzó a pensar más allá de sí mismo en favor de la humanidad. 

Doctor Strange en el multiverso de la locura
y la consciencia del protagonista

Steven Strange, ya convertido en el Hechicero Supremo, abraza aquel consejo de la Anciana: "Silencia tu ego. (...) Deja de pensar en ti". Reconoce que su labor como activador y defensor de las fuerzas místicas va más allá de sus manos y de su tiempo. En un principio, debe cuidar de la Tierra y luego de parte de las dinámicas de las distintas líneas temporales, como se demostró en Spider-Man: No Way Home.

Aunque sus poderes le permitieran ejercer como Hechicero Supremo, luego del chasquido de Thanos y el posterior chasquido de Hulk, su rol cambió. Wong, quien fuera su mentor, tenía tal título. Aún posicionado por sobre su compañero, el Doctor Strange se negaba a reconocerlo. Por eso no es menor cuando Wong le explica que, como parte de una tradicional ancestral, todos los hechiceros se inclinan ante el Supremo. Todos menos uno, durante buena parte de Doctor Strange en el multiverso de la locura.

Una manera sutil de decir que Steven Strange aún se apegaba a su antiguo rol; uno que puede ejercer o no de forma autónoma, pero que, en el nuevo contexto, no le pertenecía. ¿Qué ocurre con el personaje durante todo este tiempo, desde el desprendimiento de su profesión hasta su nuevo rol dentro de las fuerzas mágicas? Se va olvidando, de forma progresiva, de sí mismo. 

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Doctor Strange,
la evolución y la vulnerabilidad del personaje

Llegados a este punto, Doctor Strange emerge como alguien capaz de hacer frente a La Bruja Escarlata, quizá el ser más poderoso dentro de aquellos que tienen en la magia su principal argumento. Pero antes de eso, es esencial el papel de Christine Palmer. Durante su boda, en un momento aparte entre ambos, ella le pregunta si es feliz. Steven Strange, fiel a su personalidad rocosa, se muestra dubitativo, quizá sugiriendo que la cuestión lo lleva a alguna zona oscura, incómoda.

La pregunta queda planteada y el superhéroe se abre paso ante una nueva amenaza, mientras la boda aún está en desarrollo. Otra vez, durante un momento en el que debe enfrentarse a sí mismo, Doctor Strange es llamado por el deber: alguien está en peligro y debe actuar. Una dinámica que se repite una y otra vez, más allá del universo en el que se encuentre. 

La aparición de Defender Strange y del Supremo Strange, ambos tentados por la idea de que el fin justifica los medios, sirven para comprender mejor la hoja de ruta de Steven Strange: es un personaje destinado a velar por los intereses de otros, incluso en contra de su voluntad o teniendo que cargar con el peso de esas decisiones (como tantos otros superhéroes).

Lo curioso acá es que Doctor Strange parece convivir de buena manera con esa carga, incluyendo la muerte de su hermana. Hasta que el destino de sus distintas variantes le muestra ese lado con el que dialoga poco y que, en una u otra línea temporal, lo afecta: sus emociones. Ese ser imperturbable, capaz de resolver casi cualquier conflicto humano y místico, siente un miedo profundo cuando se trata de sus emociones. 

La frase a Christine Palmer

Brené Brown, una de las autoras contemporáneas más citadas en cuanto a emocionalidad se refiere, explicó: “La vulnerabilidad no es ganar o perder; es tener el coraje de ver y ser visto cuando no tienes control sobre el resultado”. Es justo eso lo que hace Doctor Strange cuando le dice a Christine Palmer: “Te amo, en este y en todos los universos”.

Suelta la frase como un disparo. Quizá recordando aquella otra lectura que la Anciana le hizo: "Tienes una gran capacidad para ayudar. Siempre destacaste. Pero no porque anhelaras el éxito sino por tu temor al fracaso". Así como no puede controlar del todo el tiempo que marca su reloj, tampoco puede ejercer algún tipo de influencia por lo que ocurrirá luego de ese mensaje, de ese “Te amo” hecho una exhalación liberadora. Entonces, redondea su apertura, el reconocimiento de su propia vulnerabilidad: “No es que no quiera amar ni que me amen, es solo que tengo miedo”.

El desamor no se cura con un conjuro ni el amor se aprende en las páginas de los libros. Así, con esa confesión, se adentró en una zona donde el fracaso es factible y completó la transformación planteada durante Doctor Strange en el multiverso de la locura. Aquel personaje altivo se permite, por una vez, quizá la primera, rendirse ante sus emociones y miedos, con el objetivo de regalarle su verdad a Christine Palmer sin ejercer control alguno sobre el resultado. El mensaje es claro: el valor más elevado es ese que se manifiesta cuando el individuo se reconoce en el espejo y no teme exteriorizar.

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