La vida de Elizabeth Holmes se ha convertido en una de las grandes curiosidades siniestras del mundo financiero. También en una vergüenza en el paisaje inmaculado de Silicon Valley. Ha sido tan grande el fenómeno que se ha merecido su propia serie dentro del universo de series de Disney+: The Dropout cumple su cometido con la historia de Theranos en manos de la villana de las startups.

Uno de los mayores desfalcos emprendedores de los últimos años se entremezcla con varias ideas a la vez. La primera, la percepción de que el exclusivo coto de los grandes genios del mundo de los avances tecnológicos es más frágil de lo que parece. Y en segundo lugar, que Holmes es un personaje complicado que rebasa la mera percepción de sus habilidades para la manipulación y la estafa. 

The Dropout combina ambos puntos hasta crear un escenario de Theranos potente que relata la historia central en la que se basa y además agrega varias capas de contexto. Lejos del drama extravagante de ¿Quién es Anna? de Netflix, con la que podría ser comparada, The Dropout de Disney+ brilla en su sobriedad. También por su inteligencia para dialogar sobre el hecho del crimen y la figura de su protagonista desde una honestidad brutal.

El argumento de la historia de Theranos no juega con la ambigüedad o la empatía hacia el personaje de Holmes interpretado con habilidad por Amanda Seyfried. En realidad, está más interesado en mostrar un recorrido potente y bien construido a través de sus crímenes en Theranos. De las motivaciones que tuvo para cometerlos y de cómo, por un breve período de tiempo, venció en su terreno a Silicon Valley. Todo, mientras las pulcras escenas de The Dropout muestran el mundo empresarial como una zona misteriosa de enfrentamientos sofisticados de los que el mundo apenas tiene noticia.

Gran parte de la serie ocurre en medio de la percepción contemporánea acerca de la exclusividad, de la lucha por el reconocimiento y la validación. The Dropout basa su efectividad en mostrar los intríngulis de las nuevas regiones del éxito. De recorrer los espacios de las decisiones que están destinadas a cambiar el mundo. Todo desde la perspectiva de Holmes, que logró romper el delicado equilibrio y dotar a su personaje de una astucia brillante. La serie enfrenta de inmediato la idea sobre qué hizo que Holmes intentara lograr el éxito a través del engaño. Y después, analiza y construye sus pormenores como una gran estructura de pequeñas paranoias colectivas. Holmes quiere triunfar con Theranos y lo hará a cualquier precio. 

Un extraño paraje tramposo

The Dropout está más interesada en desmontar el fenómeno del engaño a gran escala que en sus consecuencias

Elizabeth Holmes, fundadora de la compañía médica Theranos y artífice de un fraude monumental, es un personaje misterioso. Y como tal, The Dropout la analiza desde la periferia. De hecho, más allá de un breve prólogo de contexto, la serie comienza la historia con la niña que Holmes fue, enfrentada a la idea triunfar. Y lograrlo a cualquier precio. La serie pone especial interés en mezclar la idea de una ambición desmedida a una codicia matizada y taimada. El resultado es un personaje brillante que se construye pieza a pieza para convertirse en una “jugadora de alto nivel”. El término se repite varias veces para definir las aspiraciones de Elizabeth Holmes, sus decisiones cuestionables y la idea del fraude como camino al reconocimiento. 

Para Holmes no hay medias tintas. El triunfo pasa por algunos sacrificios y el primero son los ideales. Desde esa durísima convicción, el personaje avanza en su propia historia dejando claro que su fortaleza reside en su formidable resistencia. Soporta como puede las circunstancias a su alrededor, el hecho de un hogar roto, padres decepcionantes y dolores culturales privados. Pero más allá de eso, la Elizabeth Holmes de Seyfried tiene una mirada despiadada sobre los espacios que debe atravesar para vencer. Mentir, engañar, falsificar y manipular parecen costos mínimos para lo que Holmes desea lograr. El personaje se plantea la cuestión desde la imposibilidad. “Jamás triunfaré sin apostar fuerte”, insiste Holmes convencida que la puerta al éxito la lleva a terreno resbaladizo. 

Por supuesto, The Dropout está más interesada en desmontar el fenómeno del engaño a gran escala que en sus consecuencias. Mostrarlo a través de un personaje que va de lo despiadado a lo misterioso. El guion acierta en crear una connotación persistente sobre que el éxito moderno jamás es limpio. Y que en realidad, pensarlo es de una ingenuidad dolorosa. Para Holmes, que tiene la completa convicción que la lucha por sus ambiciones incluye cierta oscuridad, la respuesta es obvia. Solo es posible vencer si el enemigo pierde valor y fuerza frente a tu seguridad. Equivocada o no, se trata de una premisa poco frecuente para una serie al estilo de The Dropout

The Dropout: un recorrido por nuevas regiones oscuras 

Elizabeth Holmes engañó de manera convincente al mundo de los negocios norteamericanos. También lo hizo con sus pares de Silicon Valley. Aseguró y trató de probar que había descubierto una tecnología que cambiaría para siempre la medicina. O mejor dicho, el acceso de la salud a los pacientes más desposeídos. Una promesa blanda que por supuesto no tenía intenciones de cumplir. En el 2015, Forbes reconoció a Holmes como una de las multimillonarias más sorprendentes del nuevo panorama científico y tecnológico. 

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Se encontraba en su punto más alto, con su compañía Theranos convertida en símbolo de la prosperidad y las bondades de un nuevo terreno de juego financiero. Dos años después, Elizabeth Holmes estaba en medio del ojo del huracán convertida en un paria y un criminal de cuidado. The Dropout, que analiza todo este trayecto desde la concepción de Holmes como una antihéroe con infinitas graduaciones de oscuridad no emite opiniones. En realidad, deja al espectador decidir sobre Holmes y su proceder. ¿Cuántos de nosotros no estamos dispuestos a un riesgo mayor por el triunfo?, se pregunta una y otra vez el personaje. El mismo cuestionamiento que la serie insiste en sus puntos más altos.