El cordobés Fernando Tejero es uno de los actores más conocidos de España gracias, especialmente, a un par de personajes cómicos de dos series televisivas gemelas que nos han hecho reír un montón: se trata del Emilio Delgado de Aquí no hay quien viva (2003-2006), conserje en el edificio madrileño del número 21 de la calle Desengaño y el Fermín Trujillo de La que se avecina (desde 2007), espetero, pícaro de playa y empotrador aficionado en Mirador de Montepinar.

Pero también ha querido meterse en la piel de personajes dramáticos como el Coque de Últimas voluntades, largo de Joaquín Carmona (2022), íntegramente producido en la Región de Murcia, donde comparte encuadre con Óscar Casas, Nerea Camacho, Adriana Ozores o Carlos Santos y que se encuentra en plena filmación. “Es un personaje muy distinto a casi todos los que he hecho; bueno, a todos”, nos dice durante una entrevista en el hotel murciano El Churra.

“Su historia es bonita, y con un gran arco de emociones, muchas aristas y un viaje anímico brutal, y para mí era un reto”, prosigue para exponer lo que le atrajo para decidirse por esta obra. “Luego, siendo que yo tenía tantas ganas de ser padre en la vida y no lo soy, al final esta película habla precisamente de eso, de la relación entre un padre y un hijo que no ha existido, y él quiere que exista”. Tal vez, sentirse así de identificado con Coque ayude a Fernando Tejero a encarnarle mejor.

La introspección de Fernando Tejero para crear a su personaje de ‘Últimas voluntades’

'Últimas voluntades' | Biopic Films

“Pienso que, para un actor que hace comedia, es más fácil hacer un drama que al revés”, abunda el intérprete andaluz. “No es el primer drama que hago porque ahí está Cinco metros cuadrados [2011], por ejemplo. Pero sí es cierto que este es un reto y, curiosamente, he tirado mucho de vivencias mías, de la historia que yo viví con mi padre; o que vivo porque, afortunadamente, aún está vivo. Y he tirado de ese instinto paternal del que hablaba antes, buscando mucho en mí”.

“Y he tenido bastante tiempo para prepararlo; llevo mucho tiempo con el guion en la mesilla de noche”, continúa. “Y lo he trabajado desde la intuición, el sentido común y el corazón, porque es un personaje al que, si no le pones alma, no puede funcionar jamás. Derrocha sentimiento, y yo creo que la película es una historia de amor. Es un thriller, pero creo que, en definitiva, es una historia de amor, de que este mueve montañas y de que cualquier cosa se puede hacer por él”.

“Intento crear un ambiente agradable de trabajo y me gusta reírme con mis compañeros y, hasta ahora, se me han quejado muy pocos. Trato de pasármelo bien porque, para mí, está siendo duro el personaje porque le ha ido muy mal en la vida y, al final, te acaba afectando y tocando partes de ti, incluso en heridas personales”, reconoce Fernando Tejero. “Por eso intento ponerle un poco de humor a la vida; si no, este personaje me acabaría devorando”.

Joaquín Carmona, un director respetuoso y entusiasta

'Últimas voluntades' | Biopic Films

Joaquín Carmona y el guionista original, Salvador Serrano, pensaron en el cordobés desde el inicio para que protagonizara Últimas voluntades. “Han pasado seis o siete años y yo creía que la película nunca se haría”, asegura el susodicho. “Pero ¿cómo le voy a decir que no a una gente que tiene tanta ilusión en un proyecto, a la que le ha costado sacarlo adelante y que me quería a desde el principio?”. En estas circunstancias, le era imposible negarse.

“Como hemos tenido tanto tiempo para hablar sobre la película, he podido conocerle muy bien [a Joaquín Carmona], escuchar sus expresiones y vivir esa ilusión tan grande que tenía por hacer esta película”, cuenta Fernando Tejero. “Y luego están los conocimientos que tiene sobre cine. Hemos seguido hablando y, aparte de haber visto trabajos suyos, sé que es un enamorado de esta profesión y tenemos gustos muy afines. Y todo eso me da confianza”.

“Es bonito porque es un tío que tiene mucho respeto a la profesión y a los actores, y eso es fundamental, se agradece muchísimo”, admite. “Te deja tu espacio, te escucha, te deja crear, te pide permiso, te habla con mucho respeto… Está siendo muy fácil trabajar con él. Es un tío humilde, que se deja aconsejar también por el hecho de que es su primera película”. Y remata así: “Ojalá con los directores que trabaje sintiese la misma ilusión y el respeto que él tiene para y por la profesión”.

“Él permite cambiar, por ejemplo, un diálogo que a ti te resulte más difícil o poco natural”, apunta Fernando Tejero. “A mí me encanta que compañeros míos que tienen mucha más experiencia me aconsejen y me enseñen. Porque esto es una carrera de fondo y hay un continuo aprendizaje en esta profesión; nunca dejas de aprender y eso es fantástico. Y a mí me hubiese gustado, en cada rodaje o función de teatro que he hecho, haber tenido a alguien que me hubiese aconsejado”.

Los referentes en la interpretación para Fernando Tejero

'Últimas voluntades' | Biopic Films

“Eduard Fernández me encanta. Como Luis Tosar, Javier Gutiérrez… Hay muchos actores de los que aprendo y a los que tengo como referentes. Pero, mientras a otros les preguntan por ellos y dicen que Marlon Brando, cuando yo quería ser actor y empecé en esto, no sabía quién era Marlon Brando”, admite el cordobés. “Mis referentes eran José Luis López Vázquez, Fernando Fernán Gómez, José Luis Ozores, José Sacristán, Pepe Isbert… Yo he bebido de esta gente más que de nadie, y quise ser actor por ellos”.

“Y, aparte, recuerdo que el año que me dieron el Goya al mejor actor revelación [por su Serafín en Días de fútbol, en 2003], le dieron el de Honor a José Luis López Vázquez, y me dijo una cosa que no se me olvidará en la vida”, nos relata Fernando Tejero. “Me lo crucé por los pasillos de los Goya, y me dijo: «Tú eres un actor como nosotros, de la intuición, del hambre». Y es curioso porque me lo han dicho varios de esa generación: Concha Velasco, Juan Luis Galiardo cuando trabajé con él en La chispa de la vida [2011]…”

“Y algo tendrá que ver que mis mayores referentes hayan sido ellos, que yo quisiese ser actor por lo que veía en su trabajo”, concluye el artista andaluz, que sería capaz de zamparse cada semana filmes como El apartamento, de Billy Wilder [1960], o Rebecca, de Alfred Hitchcock [1940]. “Son películas que he visto yo no sé la de veces y me siguen maravillando como la primera vez que las vi”. Quizá, por lo mucho que habrá aprendido de Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Laurence Olivier o Joan Fontaine. Aunque estos intérpretes no fueran de la intuición y el hambre.