Uno suele ir a los pases de prensa que organizan amablemente las distribuidoras, como el muy atractivo de Xtremo (Daniel Benmayor, 2021) en un autocine, o a las salas comerciales buscando alucinar con grandes películas, que escasean tantísimo cada temporada. O, al menos, disfrutar o entretenerse con una obra digna, bien hecha, sin tropiezos demasiado notorios y que pueda recomendarse con confianza. Por la experiencia, se intuyen los límites, pero la predisposición es que la miremos con buenos ojos de entrada.

Por ese motivo, lamentamos encontrarnos propuestas afines al mencionado filme español de acción coreográfica; que, para sorpresa de propios y extraños, estuvo en la cumbre del top de Netflix. Aunque también hay que decir que, si hubiese pasado desapercibido, no podríamos plantear la oportuna cuestión de su inconveniencia como un asunto de interés cinéfilo.

No solamente porque el barcelonés Daniel Benmayor no haya dado pie con bola en ninguno de los cuatro largometrajes que tiene en su currículo cinematográfico, desde la arbitraria y caótica Paintball: Juega para sobrevivir (2009), pasando por la fallida Bruc: El desafío (2010) y la insulsa Tracers (2015), una producción de Estados Unidos con Taylor Lautner de actor protagonista, hasta la desacostumbrada Xtremo, pese a la certeza de tal afirmación.

‘Xtremo’ es una película anómala

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El punto medular de su despropósito es de base, y lo hallamos en la misma idea del proyecto para esta película de Netflix; en la forma con la que se ha vendido como una agradecida rareza en la industria del cine español. Y no mienten en absoluto al presentarla así. No cabe duda de que es anómala porque no se han realizado más que un puñadito de filmes sobre lucha y artes marciales; siempre, de bajo presupuesto y muy cutres.

Baste mencionar Kárate contra la mafia (Ramón Saldías, 1981), la paródica La sombra del judoka contra el doctor Wong (Jesús Franco, 1985), Veredicto implacable (Mariano Ozores, 1987), el segundo antecedente con un director conocido tras el previo; El poder de la venganza (Germán Monzó, 1988), Kombate Brutal (Adrián Cardona, 2002) o el más mentado, Kárate a muerte en Torremolinos (Pedro Temboury, 2003).

Estas obras terribles y Xtremo, que puede resultar mejor que ellas pero no como para salir airosa, son extrañas en un país que no ha diversificado su oferta genérica hasta las décadas últimas y, por supuesto, algo mínimamente similar a John Wick (Chad Stahelski y David Leitch, 2014) o Nadie (Ilya Naishuller, 2021) nos desconcierta. Y no porque no haya muchos luchadores especializados a lo Teo García en nuestro cine, cosa segura.

Una historia que no hay quien se la trague

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El problema irresoluble es que esta historia de multitudinaria criminalidad letal de Xtremo no hay quien se la trague aquí. Con las tasas bajísimas de violencia mortal que tiene España, que se traducen en un ambiente cívico de cotidiana tranquilidad interiorizado por los espectadores, no es verosímil ni por asomo semejante reguero de cadáveres como costumbre de los delincuentes o de golpe y porrazo; y la ausencia increíble de una intervención policial remata el disparate en la película de Netflix.

Los impulsores de esta producción no comprenden que los relatos de cada sociedad se fundan en su propia idiosincrasia; y que un transplante de las escabechinas con Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal desde Hollywood a la Gran Vía madrileña o las Ramblas de Barcelona, con mafiosos multihomicidas y sus secuaces armados hasta los dientes, es completamente absurdo.

La mayoría del reparto no logra sobreponerse

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Pero tampoco hay demasiados elementos que salvar al margen de lo anterior. Sí, las coreografías correspondientes de lucha están bien; lo contrario sería el colmo. Pero el guion del primerizo Iván Ledesma no hay por dónde cogerlo entre los diálogos insípidos, las frases moñas de sobre de azúcar, los tópicos estomagantes o la crueldad y las discusiones gratuitas.

La planificación se muestra mediocre, por otra parte, sin alicientes; y lo más molesto es que uno no se cree la labor interpretativa porque no se la creen los actores en Xtremo. Teo García (Justicia ciega) sabrá bastante sobre repartir estopa pero es un protagonista horriblemente hierático y no transmite ni el estreñimiento de Vin Diesel, Óscar Jaenada (Noviembre) construye una triste caricatura y no logra sobreponerse a la calamidad ni el gran Juan Diego (El viaje a ninguna parte).

Óscar Casas (El orfanato), Andrea Duro (La catedral del mar) y Alberto Jo Lee (Nadie quiere la noche), con una generosidad máxima, ni fu ni fa; y los únicos a los que no podemos ponerles ni un pero son Sergio Peris-Mencheta (Snowfall) y el prodigado Luis Zahera (Celda 2011) por su propio carisma y talento firme. Pero los dos están al servicio del despropósito de Xtremo, una película de Netflix de las que no suelen hacerse en España; y menos mal que es así.