El director moscovita Ilya Naishuller ya había demostrado lo que era capaz de hacer con Hardcore Henry (2015), una ópera prima de planos secuencia subjetivos con la estampa de los videojuegos tipo shooter que huía de la solemnidad en sus coreografías enérgicas de acción. Por ello, que se haya ocupado de la reciente Nadie (2021) solo nos puede parecer de lo más comprensible.

Hablamos de un proyecto sobre un guion escrito por el estadounidense Derek Kolstad, que ha firmado los de John Wick: Otro día para matar (Chad Stahelski y David Leitch, 2014), Pacto de sangre y Parabellum (Stahelski, 2017, 2019) y un par interesante de la serie marvelita Falcon y el Soldado de Invierno (Malcolm Spellman, desde 2021), “Power Broker” (1×03) y “The Whole World Is Watching” (1×04).

Nadie se inicia in extremis con una breve escena que no puede resultar más eficaz para ganarse de inmediato al espectador curioso, gracias al carisma indiscutible que rezuma el personaje protagonista en ese momento específico de su correrías desatadas, su estado, los detalles abiertamente excéntricos y la musicalización adecuada.

Lo que sigue es un montaje muy dinámico de la rutina, en el que se reincide después y que nos recuerda un poco al los parecidos de detalle en Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000); y ya solo con tal cosa y lo anterior, Ilya Naishuller y el más conocido Derek Kolstad, nos dejan bien claro que este filme no se va a adherir a los tópicos audiovisuales en el género de acción. Y, si se le ocurre abordarlos, será con unos modales refrescantes.

El otro John Wick de ‘Nadie’ que también reparte estopa

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No pierde el tiempo para ir de lleno luego a por el incidente desencadenante, que se edita con estilo en los instantes álgidos. El ritmo decente continúa sin dificultades, en buena medida por la labor de los montadores William Yeh y Evan Schiff, que ya habían acumulado experiencia suficiente en obras como Equilibrium (Kurt Wimmer, 2002), la propia Hardcore Henry o The Punisher (Steve Lightfoot, 2017-2019), el primero, y el segundo y tercer capítulos de John Wick, el otro. De manera que la acerada presentación de Nadie no puede extrañarnos en absoluto.

Y se producen unos cuantos giros que modifican para bien la perspectiva inicial sobre Hutch Mansell, al que encarna un impecable Bob Odenkirk (Better Call Saul), y que posibilitan escenas elocuentes y bastante satisfactorias. Sobre todo, las que nos brindan coreografías de lucha; de una menor pulcritud que las de la saga John Wick, indudablemente, porque esto es pelea sucia en principio aunque se vaya sofisticando.

Pero, si dijésemos que no nos agrada ver al protagonista repartir estopa entre los malos despreciativos del mismo modo que cuando se pone a repartirla el antihéroe de Keanu Reeves, mentiríamos. Más si cabe en lo que respecta al personaje descontrolado de Bob Odenkirk por su condición de tipo supuestamente normal. La mayor empatía, ya se sabe.

No es esta, en cualquier caso, la historia de una hartura que estalla ni de una caída a los abismos del envilecimiento como la de Walter White (Bryaton Cranston), sino la del quiebre deliberado de una ficción personal tras la perturbación de un tranquilo avispero. Se trata de John Wick en una piel y un entorno distintos con cierta profusión de cámara lenta.

Un despiporre final

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Sus planos objetuales, por el antecedente más popular de Bob Odenkirk, nos traen a la memoria los que suelen utilizarse en Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013). Y parece ineludible que un plano secuencia discotequero, cuyo arranque ayuda a la descripción del villano, nos retrotraiga a otro reconocido en Uno de los nuestros (Martin Scorsese, 1990).

Un villano, el Yulian Kuznetsov de Nadie, al que interpreta con tino Aleksey Serebryakov (Leviatán). Otros secundarios se comportan como se espera en sus papeles, desde Connie Nielsen (Retratos de una obsesión) y Gage Munroe (La trampa del mal) poniéndole rostro a Becca y Blake Mansell hasta Michael Ironside (X-Men: Primera generación) y Billy MacLellan (Maudie, el color de la vida) como Eddie y Charlie Williams.

También Colin Salmon (24: Vive otro día) del Barbero, el rapero Robert Fitzgerald Diggs (American Gangster) como Harry Mansell y, oh, el veterano Christopher Lloyd (Regreso al futuro), al que es un placer verle en los zapatos del juguetón David Mansell. Por otra parte, ídem Buckley (The Good Wife) está discreto en la partitura, y no podía mostrarse de otra forma ante el uso insistente y gustosísimo de canciones de contrapunto.

Y, para rematar semejante faena, en el tramo final de Nadie nos descerrajan un despiporre desvergonzadísimo de disparos y explosiones que es una auténtica fiesta para los entusiastas al género. Además, tal vez los entuertos desopilantes del Hutch Mansell de Bob Odenkirk no terminen aquí y sus desafíos prosigan en una saga como la de John Wick. Y qué alegría sería eso.

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