En el 2012 tuve mi primer contacto con el mundo de las tablets Android. Con mucho esfuerzo me compré una Samsung Galaxy Tab; era el modelo GT-P1010 de 7 pulgadas que solo tenía conectividad WiFi. Prefería la versión que se podía dotar de línea celular, pero era imposible de conseguir. Al fin y al cabo, un problema de siempre en Argentina es que la oferta de tecnología es limitada, muy cara, y casi siempre llega tarde.

Pero tuve mi tablet, le di su uso —no el que esperaba, claramente— y al tiempo la relegué al cajón de algún mueble. La falta de actualización del software me desencantó; ese ladrillo con Android 2.2.2 solo se actualizó a la versión 2.3.6 después de rootearlo, conseguir la ROM y rogar que se instalara sin brickearlo. Tal vez sea por el poco desgaste, pero llamativamente aún funciona, aunque solo sea para que mi hija de 2 años vea algunos vídeos infantiles offline.

Después de años de desinterés total, hace algunas semanas me volví a cruzar inesperadamente con el mundo de las tablets Android. Llegó a mis manos una Samsung Galaxy Tab A7 Lite; de más está decir que no es ni por asomo la más potente o capaz del mercado, pero para uso corriente está más que bien. Con pantalla de 8,7'', 3 GB de RAM, 32 GB de almacenamiento y Android 11, es suficiente para el uso que se le piensa dar. Estamos hablando de navegar en internet, chequear correos electrónicos y redes sociales, ver algún vídeo en YouTube, y no mucho más. Como dije antes, un uso absolutamente convencional.

Pero lo que realmente me sorprendió es cómo persiste la falta de optimización de las aplicaciones. Creo no equivocarme al decir que entre la Galaxy Tab original y la A7 Lite no ha cambiado prácticamente nada en la experiencia con las apps, incluso cuando entre una y otra hay casi 10 años de diferencia. Y allí es donde radica el verdadero problema que debe atacar Google, si realmente cree que las tablets Android son “el futuro de la informática”, como se conoció recientemente.

Si las tablets Android son el futuro de la informática, las apps también deben cumplir su parte

Google anunció el año pasado que lanzará Android 12L, una versión de su sistema operativo dedicada a tablets y dispositivos plegables. La novedad causó sorpresa, no tanto por la parte de los foldables porque son la nueva tendencia de la industria móvil, sino principalmente por el interés renacido en las tabletas. No olvidemos que el último intento de los de Mountain View con este factor de forma fue el Pixel Slate de 2018, y al año siguiente la compañía anunció que tiraba la toalla.

Y en el ámbito estrictamente ligado al software, no existía un esfuerzo dedicado exclusivamente a las tablets desde Honeycomb, la versión 3.0 de Android que se lanzó en 2011 y tuvo una muy corta vida antes de fusionar sus principales características con la edición 4.0 del SO (Ice Cream Sandwich).

Pero a pesar del nulo interés que Google mostró durante años para optimizar Android para su uso en tablets, algunas marcas siguieron insistiendo en sus desarrollos. Eso ha llevado a que los esfuerzos más importantes por ofrecer una experiencia acorde a las circunstancias recaigan en Samsung, Xiaomi o Lenovo. Sin embargo, lo que reciben los usuarios no es una propuesta homogénea, sino alternativas disímiles desarrolladas según lo que cada empresa cree que es lo mejor que puede ofrecer en su capa de personalización del sistema operativo (OneUI, MIUI, etc.), o con accesorios como teclados o lápices ópticos.

Pero lo que estas compañías ofrecen como la mejor vivencia posible sobre sus tablets Android impacta únicamente sobre cuestiones muy específicas; sean elementos propios de la interfaz que corren sobre el SO, o de las apps que incluyen preinstaladas (y que muchas veces son puro bloatware).

Mientras tanto, la interacción con las aplicaciones de uso convencional —que es lo que seguramente interesaría a la mayoría de las personas que quisiesen dar el salto a las tablets Android— sigue siendo fatal. Solo basta con navegar por Facebook, Twitter y YouTube para darse cuenta de ello. Que en pleno 2022 aún lidiemos con interfaces gráficas estiradas desde las versiones para móviles, o con elementos completamente deformados al pasar del modo retrato al apaisado, es inconcebible. Y que el multitareas tampoco funcione como corresponde, también.

En pleno 2022, Facebook aún muestra barras en los laterales al usar una tablet en modo apaisado

La falta de optimización va de la mano con la ausencia de un plan

Queda claro que no ha existido un plan para el mercado de tablets Android. Nunca hubo una hoja de ruta que Google proporcionara en base al software —y que siguiera con su propio hardware— y que las demás empresas mejoraran con sus aportes. Cada firma hizo lo que pudo, algunas con más éxito que otras. Así, como ya mencionamos, los esfuerzos premium han quedado en manos de un puñado muy pequeño de marcas; mientras, el resto del mercado se ha saturado de gadgets baratos, con nulas prestaciones, potenciados por Android Go.

Entonces, también es comprensible que los desarrolladores opten por no optimizar sus apps para tablets. ¿Cómo lograr un buen funcionamiento ante una propuesta tan heterogénea, al fin y al cabo? Desde Mountain View prometen que esto cambiará a partir de Android 12L; incluso aseguran que se aplicarán modificaciones a la Play Store para perjudicar la visibilidad de las aplicaciones que no se optimicen "para grandes pantallas". Aunque tampoco se ha explicado demasiado sobre los parámetros que se tendrán en cuenta.

También da la impresión de que las empresas aún no se deciden a qué mercado enfocar las tablets Android. Las alternativas promovidas para uso profesional son buenas, pero se quedan cortas como reemplazos definitivos de un PC; y las de entrada e intermedias pierden el atractivo porque no son más que smartphones que no caben en el bolsillo del pantalón. Y lo mismo —o muy parecido— se puede decir que ocurre con el iPad, donde el software no le termina de sacar provecho al hardware; pero aquí la diferencia radica en que las decisiones sobre qué hacer o no con el dispositivo corren pura y exclusivamente por cuenta de Apple.

La coherencia será clave para el futuro de las tablets Android

Si las tablets Android son realmente el futuro de la informática, son varios los factores que deben alinearse para que se concrete. Primero, que el sistema operativo realmente esté optimizado para dispositivos de ese tipo; segundo, que las aplicaciones estén verdaderamente preparadas para sacarle partido, tanto estética como funcionalmente; y tercero, que se tracen hilos conductores que hagan de este factor de forma una alternativa coherente.

No importa qué tan grandes y fluidas sean las pantallas. O cuánto espacio de almacenamiento o poder de procesamiento tengan. Si ya pasaron más de 10 años desde que las primeras tablets Android llegaron al mercado y aún no se sabe muy bien cuál es su fin, o cómo mejorarlas, es evidente que no podemos hablar de evolución, sino de un camino improvisado y transitado a los tumbos.