Las consecuencias negativas del tabaco son lógicamente más intensas en quienes lo fuman. Pero también hay personas que pueden verse afectadas involuntariamente. Es el caso de los fumadores pasivos, también conocidos como fumadores de segunda mano. Estos son aquellos que respiran directamente el tabaco que fuman personas con las que conviven, trabajan o, simplemente, coinciden en algún lugar. También existe el conocido popularmente como humo de tercera mano. En este caso se trata de los restos de humo o ceniza que se depositan en las superficies y resultan peligrosas para quienes entran en contacto con ellas. Se ha visto, por ejemplo, que puede afectar a las mascotas. Y ahora, en un estudio recién publicado en JAMA, demuestran que también puede ser un problema para los niños, ya que la mayoría de ellos tienen restos de nicotina en las manos. 

Llegaron a esta conclusión tras analizar el caso de 504 niños estadounidenses. Según explican en un comunicado, encontraron nicotina en las manos del 97 % de ellos. Pero lo más curioso es que también la hallaron en las manos del 95 % de los que no conviven con fumadores.

Esto nos lleva a pensar que el humo de tercera mano puede ser mucho más persistente de lo que creíamos. Por eso, los autores del estudio, procedentes de las Universidades de Cincinnati y San Diego, han hecho una llamada de atención sobre los efectos que puede tener el tabaco sobre los más pequeños de la casa. Tanto si sus padres y convivientes fuman como si no.

¿Qué es el humo de tercera mano?

En realidad, el humo de tercera mano no es humo como tal. Se trata de restos de nicotina que quedan adheridos a superficies como el suelo, las paredes, los muebles o las alfombras y cortinas. Una vez que se depositan pueden volver a inhalarse si se levantan de nuevo al aire unidos a partículas de polvo. E incluso pueden reaccionar con sustancias del medio ambiente, dando lugar a nuevos contaminantes.

Esto es un peligro en general. No obstante, para los niños, que inspeccionan el medio que les rodea a través del tacto, es especialmente perjudicial. Lo tocan todo y luego no dudan en llevarse las manos a la cara, la nariz, la boca o los ojos. Esto les hace estar en contacto mucho más estrecho con la nicotina del humo de tercera mano. O al menos eso es lo que se sospechaba. No obstante, hasta ahora no se había realizado ningún estudio dirigido a comprobarlo.

Se habían hecho algunos estudios en lugares muy expuestos al tabaco, como casinos, hoteles y casas privadas de fumadores. Pero no se habían observado los efectos sobre una población humana concreta. Ahora sabemos cómo afecta a los niños y lo que han visto en sus manos es muy preocupante.

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Nicotina en las manos de los niños

Para la realización de este estudio se frotaron las manos de 504 niños de 11 años o menos, para recoger muestras en las que posteriormente se analizó la posible presencia de nicotina. 

Se encontró que un 97 % de ellos tenían nicotina en las manos. Incluso si en sus casas no fuma nadie. De hecho, había nicotina en el 95 % de las manos de los que vivían en hogares sin fumadores. Sí que es cierto que la cantidad de nicotina variaba. Los que conviven con personas que fuman mostraron tener una cantidad de nicotina mucho mayor, por lo que los riesgos para ellos son también más altos.

Los niños procedentes de familias con pocos recursos económicos tenían más nicotina en las manos

No obstante, además de esta disparidad lógica, encontraron algunas más. Por ejemplo, vieron que los niños de familias con pocos recursos económicos tenían más nicotina en las manos. Y también los negros. Todo esto muestra la necesidad de proteger a determinados grupos más vulnerables de los posibles efectos del humo de tercera mano.

Pero también muestra la importancia de limpiar regularmente las superficies de los lugares en los que se fuma. Especialmente en lugares públicos. De hecho, en lugares muy expuestos se recomienda cambiar con frecuencia alfombras, cortinas, cojines y demás tejidos del hogar. No basta con ventilar un poco. La nicotina puede quedarse escondida hasta en los lugares más recónditos. Y, si fumamos, claramente no basta con hacerlo cuando los niños están en el colegio, porque sus consecuencias seguirán ahí cuando vuelvan. Sin duda, lo más sano para todos es no fumar. Pero, si no hay más remedio, al menos los fumadores deberían tener en cuenta las consecuencias sobre todos los que les rodean. No son pocas.