Uno de los casos más curiosos en el mundo del cine es el de esas estupendas películas que, a pesar de sus muchas virtudes y los elogios que reciben de la crítica especializada, se estrellan en taquilla. Pero más llamativo es el de filmes que no enamoran a los analistas profesionales ni obtienen muchos beneficios y, después, logran el culto de los cinéfilos. Como Blade Runner (Ridley Scott, 1982).

Como adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, 1968) y un reparto con Harrison Ford, Sean Young, Rutger Hauer o Daryl Hannah, costó 28 millones de dólares y obtuvo unos 39 en su recaudación mundial; y con ella se usa el eufemismo de que “fue incomprendida” en su momento, pero le atizaron lo suyo en la prensa pese a recibir críticas mixtas.

Leonard Maltin, presidente de la Asociación de Críticos Cinematográficos de Los Ángeles en los noventa, dijo que es “un triunfo del diseño de producción derrotado por un guion confuso y personajes principales sin atractivo alguno”. Y Janet Maslin dejó publicado en The New York Times que “es un desastre, al menos en lo que a su narrativa se refiere”, y “casi nada se explica de manera coherente”.

Gary Arnold, en The Washington Post, la veía “bastante grotesca, como un bailarín acrobático cuyas costuras se rompen en el acto de realizar un split”. Nuestro Diego Galán, desde El País, decía que “Blade Runner más parece en ocasiones un spot televisivo que una película hecha seriamente”. Y el mismísimo Roger Ebert la consideraba una pérdida de tiempo y, con los años, se retractó de lo dicho.

La herejía de Christopher Nolan sobre ‘Blade Runner’

Warner Bros.

El filme de Ridley Scott fue ganando popularidad, y disgusto las imposiciones de los productores Bud Yorkin y Jerry Perenchio para el montaje que llegó a las salas, con la voz en off de Rick Deckard, un final feliz y recortes evidentes de los títulos de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980) en el Parque Nacional de los Glaciares. Pero las dos versiones del director, de 1992 y 2007, contentaron a los cinéfilos.

No obstante, los herejes no descansan, y Christopher Nolan se ha descolgado con una opinión muy diferente en una entrevista para el podcast Happy Sad Confused. El responsable de largos como Memento (2000), Insomnio (2002), El truco final (2006), El caballero oscuro (2008), Origen (2010), Interstellar (2014) o Dunkerque (2017), asegura que se inclina por el montaje original de Blade Runner.

“Simplemente, significa para mí el potencial del éxito de taquilla y del tipo de cine glamuroso que viaja por el mundo”, ha explicado. “La vi por primera vez en VHS. Era demasiado joven para ir a verla al cine: ya sabes, era una película con clasificación R. E, incluso en esa pantalla más pequeña, algo sobre la inmersión en ese mundo y la creación del mismo realmente me habló. Y vi esa película cientos de veces; literalmente, cientos de veces”.

La mejor versión de la película de Ridley Scott

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“Es la mejor versión de la película”, dice Christopher Nolan sin despeinarse. Es imperfecta, y parece presuntuosa y soy un gran admirador de Ridley Scott, así que no quiero oponerme a su punto de vista en cierto sentido, pero la realidad es que esa tensión entre el mercado, los estudios, las peleas, las cosas creativas que suceden cuando una película se estrena, a menos que literalmente se la quiten de las manos al director y la vuelvan a montar, y la conviertan en bastarda de alguna manera, creo que realmente la versión autorizada de la película tiende a ser la que se estrena en los cines”.

Y continúa con estas palabras: “Incluso con la voz en off y todo lo demás, hay todas estas cosas definitorias que me di cuenta de que me había perdido a lo largo de los años al llegar a las otras versiones. Y creo que hay algo sobre que «aguantes o te calles». De acuerdo, eso es lo que pones en los cines. Creo que, como cineastas, bueno, creo que, para el público, eso debe protegerse como una especie de declaración autorizada y definitiva sobre lo que es la película”.