La primera temporada de A la caza del Asesino de Netflix sorprendió a los fans del true crime por su propuesta novedosa. La gran mayoría de los programas del género dedican tiempo y esfuerzo en relatar la versión de la víctima. Pero la docuserie se concentró en los investigadores. En el recorrido que lleva a cabo un equipo de profesionales de varias disciplinas, para capturar a criminales de toda índole. La vuelta de tuerca permitió al programa ser algo más que otro de las tantas premisas sobre crímenes violentos que abundan en la actualidad. En especial, en Netflix.

Durante el último lustro, la plataforma ha explotado el género hasta crear una verdadera colección de documentales de diferente índole sobre crímenes violentos. No obstante, A la Caza del asesino es una exploración al hecho de la circunstancia que rodea a un caso. No se trata solo de una visión meticulosa sobre los recursos, herramientas y el método de trabajo al momento de esclarecer un hecho violento. También sobre cómo afecta a los funcionarios y agentes relacionados con casos de extrema brutalidad. 

De hecho, la primera temporada tuvo una poco común visión sobre los efectos y estragos que ocasiona en la psiquis de investigadores profundizar en la violencia. Con su ritmo rápido, bien construido y meticuloso, la serie se convirtió de inmediato en un éxito que asombró por su elocuencia. También por su capacidad para narrar varios de los sucesos más cruentos de la historia reciente norteamericana desde un nuevo ángulo. 

Quizás por ese motivo, sorprende que la segunda temporada de A la caza del asesino carezca de su anterior solidez. Ya sea porque la premisa comienza a desgastarse o la atención al detalle sea menor, es evidente que la serie perdió parte de su impacto. Aun así, conserva el objetivo evidente de narrar una versión del crimen poco usual. Lo logra — de forma menos profunda y más rápida — y también, logra superar el límite sobre los conocidos clichés del género. Pero a pesar de eso, los nuevos capítulos son una mezcla de una narrativa que carece del poder para asombrar y conmover de la primera temporada. Quizás su mayor fallo. 

De nuevo a la escena del crimen 

De regreso a su cortísimo formato de capítulos entre 35 a 40 minutos de duración, A la Caza del asesino comienza con una mirada global. Una cuidadosa revisión sobre el hecho del crimen y también, la concepción de la violencia contemporánea. En esta ocasión, los escenarios de los crímenes abarcan Wichita, Phoenix y Toronto. Y de nuevo, la docuserie usa su ya conocido recurso de recorrer las oficinas, espacios y mostrar la dinámica de la investigación criminal. 

Perdido su sentido de la originalidad, A la caza del asesino no tiene otro remedio que mostrar lo evidente

No obstante, al contrario de la anterior temporada, la mirada personal sobre investigadores es menos personal. No hay una cercanía emocional, ni tampoco el rasgo intuitivo y cuidadoso que conmovió en la primera temporada. La nueva temporada trae una colección inquietante de crímenes, pero como otras tantas series parecidas termina por obsesionarse con los detalles violentos. El recorrido por las historias, toma distancia de los oficiales, policías, investigadores y forenses para hacer hincapié en lo formal. Y aunque la serie continúa siendo entretenida y sin duda una mirada apasionante sobre el crimen.

Tanto si muestra las atrocidades del asesino en serie BTK (‘Bind Torture Kill’ por sus siglas en inglés) como los nuevos métodos de investigación. La serie perdió solidez, inteligencia y fuerza en beneficio de mostrar imágenes más cruentas. ¿Afecta eso la premisa central de A la Caza del Asesino? No tanto como para perder su sentido de la identidad. Pero sí, para ser sólo un producto sucedáneo y menos elaborado de series semejantes. Perdido su sentido de la originalidad, A la caza del asesino no tiene otro remedio que mostrar lo evidente. Y hacerlo en medio de una narración continúa sobre la crueldad y la violencia, que resulta en exceso parecido a otros tantas programas semejantes. 

A la Caza del Asesino cumple lo que promete, pero a medias 

A pesar de sus fallas, la nueva temporada de la docuserie es lo suficientemente inteligente para sostenerse sobre historias ya conocidas. Después de todo, se trata de una mirada a crímenes que llegaron a ocupar grandes titulares o se convirtieron en obsesiones norteamericanas. Con su puesta en escena sobria y su estructura corta, A la Caza del asesino intenta mostrar un patrón antológico. Y lo logra creando una especie de archivo audiovisual de interés sobre sucesos violentos de especial impacto. 

Aun así, se echa en falta el rasgo distintivo que convirtió a la serie en favorita de la audiencia. Una mirada hacia las puertas cerradas, las largas noches de vigilia del equipo humano, el dolor de hombres y mujeres testigos de la violencia. Convertida en otra docuserie del montón, A la Caza del asesino es entretenida en la medida que puede sorprender. Pero no siempre lo hace y quizás, ese sea el punto más preocupante de sus nuevos capítulos.