La serie A la caza del asesino de Netflix tiene un curioso compromiso: ser atractiva en medio de una oferta sobresaturada del género. Ser, además, una percepción novedosa sobre un relato insistente acerca del mal moderno. Netflix parece tener un enorme interés en resaltar una y otra vez el atractivo moderno sobre los asesinatos. Lo hace con una serie de programas sobre crímenes violentos que se acumulan en su catálogo cada vez con mayor frecuencia. 

De modo que A la caza del asesino intenta romper los límites que el género ha terminado por imponer a su discurso. Las historias que implican la naturaleza del crimen y las características de la violencia han terminado por resaltar los mismos temas. Por lo que la docuserie de Netflix debe también profundizar en los tópicos que toca y hacerlo con habilidad. ¿Alcanza a lograrlo? No solo lo hace, sino que además sublima la idea del true crime a un universo mucho más duro y sólido.

La docuserie está tan interesada como cualquier otra en su estilo en narrar hechos violentos. Pero en esta ocasión, en lugar de apelar al contexto, profundizar en la cultura que los rodea o pontificar al respecto, se concentra en los investigadores. Lo hace con una precisión pulcra que sorprende por su habilidad para concentrarse en su objetivo central. Si antes las víctimas, sus parientes y amigos han tomado la voz en el género, esta vez se muestra el trabajo invisible de los expertos. 

Pero no desde la perspectiva de la veracidad, la comprobación o el interés por el filón del relato científico. A la caza del asesino está interesada en la narración de lo que ocurre a puertas cerradas cuando se enfrenta la escena del crimen. Qué pasa con los protagonistas silenciosos que deben lidiar con el miedo, la intranquilidad y muchas veces la culpa, que rodea la resolución de crímenes violentos. 

Una de las grandes virtudes de la docuserie es su capacidad para elaborar una percepción realista sobre el trabajo policiaco. También del resto del equipo que dedica esfuerzo, interés y en ocasiones, un poco reconocido trabajo a la sombra. La docuserie utiliza el recurso del relato en primera persona para afianzar la idea que todo caso policial es único y un proceso de métodos. También es un recorrido singular a través del núcleo vital de lo que el género de true crime puede ofrecer y de hecho, puede ser. 

Pero al contrario de lo que podría pensarse, A la caza del asesino no pretende ser un homenaje. Es más bien un recorrido inteligente y brillante por el mundo de los expertos. Por el en ocasiones tortuoso camino que lleva desde los primeros indicios hasta la respuesta a la interrogante sobre la violencia. A diferencia de otros programas parecidos, la docuserie no intenta aleccionar o estructurar la hoja de ruta del crimen. En esta ocasión, se trata de una cacería y el argumento intenta mostrar las armas y herramientas que se utilizan los cazadores. La alegoría se usa más de una vez en la percepción de la premisa en toda su amplitud y quizás, es el punto más alto de toda la producción. 

Todo asesino tiene su historia y su tiempo 

A la caza del asesino mira con cuidado a los detectives, investigadores y expertos que usualmente son los rostros impasibles en programas semejantes. Desmenuza la idea del investigador y también, abarca la concepción de la ciencia forense como un ente concienzudo. La docuserie muestra la evolución del género en sí, del sistema de investigaciones criminales. Hay un trasfondo brillante en la forma en cómo se crea un sustrato consistente sobre lo que es el mundo policiaco.

No se trata solo de la actuación de funcionarios y científicos, sino su experiencia personal. Y es esta sutil diferencia lo que hace que la docuserie tenga un terreno más amplio desde el cual maniobrar. Poco a poco, A la caza del asesino analiza la concepción sobre el asesino, pero también de lo que hay al otro lado del espectro. Resulta curioso la forma en cómo el programa logra crear la tensión en la búsqueda y captura del asesino. La especulación se basa en el registro documental y permite que los testimonios lo sean todo. 

Otras series miran con interés y especulan sobre las víctimas y su entorno, el dolor y el miedo al contexto. A la caza del asesino hace algo más. Logra reconstruir y elaborar una condición sobre sobre el peligro, desde el punto de vista de quienes deben enfrentarse a él. De pronto, el ojo público ya no mira hacia la hipótesis, sino a quienes la crean, la sostiene y sufren a través de ella. Los que atrapan los asesinos finalmente, están en primer plano. 

'A la caza del asesino', un recorrido complicado y poderoso 

En sus cuatro capítulos de 40 minutos, A la caza del asesino explora tres historias distintas, de crímenes violentos que forman parte de la cultura popular. Lo hace a través de la narración brillante que agrega información y además, muestra la idea de la humanidad de quienes combaten el crimen. Con casos desgarradores y además, la concepción de la violencia como un hecho medular, A la caza del asesino es un true crime atípico.

Pero también es una profusa investigación sobre el método y lo científico dentro del hecho delictivo. Una perspectiva que se hace más poderosa a medida que la humanidad de los policías, científicos y fiscales es más cercana. La violencia no solo destruye a las víctimas y a su entorno. También a los que deben combatirla. Algo que A la caza del asesino deja claro desde sus primeras secuencias.