Cuando uno se sienta a ver una película o una serie desastrosas, de las que son tan estomagantes que le van poniendo de mal humor conforme transcurren sus escenas, siempre está tentado de utilizar un tono durísimo en los textos de análisis; incluso malicioso. Pero dejarse llevar por esos comprensibles impulsos humanos no es digno de un periodista de cine profesional. Porque la elaboración de una obra como No mires arriba (Adam McKay, 2021), muy decente de todos modos, u otra cualquiera más descerebrada tiene muchísimo trabajo detrás; y merece un respeto.

Esta perspectiva básicamente educada, por la que uno expone los defectos de la propuesta audiovisual en cuestión sin decir una palabra más gruesa que otra pero tampoco dejándose nada lamentable en el tintero, se ve afianzada cuando se conocen pormenores de interés sobre su realización, que además involucra a muchísima gente si hablamos de grandes producciones. Por ejemplo, hemos sabido que hubo una escena muy concreta del astrónomo Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) que fue reescrita más de una docena de veces.

Un discurso fundamental de ‘No mires arriba’

Netflix

En una entrevista de Adam McKay (La gran apuesta) con Joe Hagan para la revista Vanity Fair, el director estadounidense ha contado que le envió el libreto de No mires arriba al actor de Titanic (James Cameron, 1997), muy comprometido con la lucha contra el cambio climático y que buscaba un nuevo proyecto “con matices ambientales”. Antes de que el artista firmase para protagonizar el filme de Netflix, le preguntó si podía incluir un discurso contundente por boca de su científico, similar al más recordado de Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976).

Esta estupenda película, imposible de olvidar, se la había mencionado el cineasta durante su primera reunión para hacerle entender el tono que le quería imprimir a su sátira; aparte de El gran carnaval (Billy Wilder, 1951) y ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964). Y Adam McKay le dijo que “los discursos resultan engañosos”, preocupado por que sonase como palabrería sermoneadora. “Son como los solos de batería. Eran increíbles en los 70, pero...”. Así que Leonardo DiCaprio le respondió que lo podían socavar para reírse.

Tras haber redactado quince versiones diferentes, consideraron que estaba listo, y fue un triunfo. “Creo que provocó una de las risas más grandes de la película cuando hicimos la primera proyección de prueba”, ha recordado el director. Pero Leonardo DiCaprio y él tuvieron la ayuda de Amy Mainzer, docente de la Universidad de Arizona que figura en los créditos finales como “asesora tecnológica en astronomía”. Pero, en honor a la verdad, sus aportaciones para el equipo creativo de No mires arriba llegaron más lejos.

El asesoramiento de una científica que fue más allá de lo previsto

Netflix

“Trabajé en todos los aspectos de la película, especialmente en el diálogo. Leo y yo hablamos en docenas de llamadas sobre su discurso principal a solas”, le ha referido la astrónoma estadounidense a su amigo Mark Boslough para la revista Skeptical Inquirer. “Durante dos años, tuve muchas, muchas discusiones con Adam, Leo y el resto del elenco sobre las motivaciones de los científicos; la tensión entre ellos sobre cómo manejar la situación y la importancia del proceso de revisión científica por pares para resolver desafíos globales”.

“Por supuesto, tuvimos muchas discusiones sobre la minería de asteroides y el papel, a menudo tóxico, de los multimillonarios que sienten que saben mejor que todos los demás”, continúa Amy Mainzer. “La tensión fundamental entre si es mejor protestar contra los sistemas de los poderosos o tratar de influir desde adentro es una gran parte de la historia. Mi punto para Adam y Leo fue que, como científicos, con frecuencia no tenemos el poder de efectuar los cambios que sabemos que se deben hacer desde un punto de vista técnico para arreglar una situación”.

Y la científica plantea una de las cuestiones más relevantes de No mires arriba para su colectivo profesional por los enormes desafíos que, sin falta, debemos arrostrar los seres humanos en este planeta herido: “¿Es mejor para nosotros protestar o tratar de ser el adulto en la sala con un grupo de personas con las que puede estar profundamente en desacuerdo? Lo peor que podemos hacer es rendirnos. El futuro depende de nosotros. Eso es lo mejor de la ciencia ficción: puede permitirnos ver un futuro posible y elegir un camino diferente”.