Este fue el año en que la adaptación de Fundación de Isaac Asimov llegó a Apple TV+. También, en el que la magnífica The Expanse dijo adiós con una sexta temporada para la historia. El año de las actuaciones extraordinarias como la de Kate Winslet en Mare of Easttown y entrañables éxitos como el de Ted Lasso. Grandes historias que asombraron al público por su brillante premisa, puesta en escena y espléndida mirada sobre narraciones complejas. Pero toda luz tiene su oscuridad: las peores series de 2021 son una realidad.

Fue el año en que Clarice Starling llegó a la televisión para decepcionar. O que Netflix intentó crear un universo superheróico y falló. Y en el que también intentó la enésima versión live action de un anime, solo para fracasar. El 2021 demostró que a pesar de la libertad para experimentar en los canales de cable y plataformas streaming, todavía el éxito de las series depende de su solidez. Y en ocasiones, contar una historia de largo aliento es algo más que un considerable presupuesto y llamativos escenarios.

¿Cuales fueron las peores series de 2021? Entre la expectación y la búsqueda de nuevos lenguajes, la competencia entre el cable, el streaming y la televisión tradicional fue ardua. Y este es el resultado: 

Clarice, de CBS 

Algún ejecutivo inspirado tuvo la idea que brindar a la icónica Clarice Starling una serie propia era una buena idea. Y lo es, en lo básico. Después de todo, el personaje es uno de los más poderosos del cine y su paso a la televisión solo podía ser un éxito. Pero en una época lleno de mujeres peligrosas, poderosas y complejas en el streaming y el cable, Starling debía ser algo más que un estereotipo. 

No sólo no lo fue, sino que se ganó el premio de ser una de las peores series de 2021. La Starling del nuevo milenio interpretada por Rebecca Breeds sabe a poco. Gris, unidimensional y sin ningún aliciente, acomete el caso de la semana con poco entusiasmo. Por si eso no fuera suficiente, el personaje cayó en la grieta de la batalla por las licencias entre estudios. La obra de Thomas Harris se encuentra en disputa entre MGM y la productora de Dino de Laurentiis. De modo que aunque el estudio norteamericano tiene los derechos sobre Starling, la familia de Laurentiis detenta los de Hannibal Lecter. 

¿El resultado? La agente especial Starling (ni nadie a su alrededor) puede nombrar al doctor caníbal, del que depende buena parte de su reconocimiento. Lo cual resulta en una extraña inversión de energía del guion, en un intento de solventar la falta con eufemismos. Una locura argumental por dónde se le mire que nos deja una de las peores series de 2021.

Jupiter’s Legacy, de Netflix

Netflix

Lo que empezó con la intención de ser el comienzo de un universo superheróico terminó por derrumbarse en una producción ridícula. Desde su puesta en escena barata, guion irrisorio hasta actuaciones disparatadas, la serie es el gran fracaso de Netflix del año y también una de las peores series de 2021. La premisa de una familia de superhéroes que debe lidiar con la culpa y fracaso terminó por ser una combinación de deficientes decisiones argumentales. Pero además de eso, con el peso de un Josh Duhamel que convirtió al personaje principal en una caricatura sin sentido. 

Se trata de un descalabro preocupante, después de que la plataforma comprara la editorial MillarWorld de Mark Millar, con la intención de crear una saga expandida. Pero esta historia frenó el proyecto a gran escala de manera abrupta y obligó a Netflix a replantearse sus objetivos. Por ahora, con un spin off en puertas que no termina de concretarse, tal parece que el servicio por suscripción se pensará mejor sus grandes experimentos.

Castlevania, de Netflix 

Konami

La serie sobrevivió a duras penas a escándalos, un cambio de showrunner y una tercera temporada caótica. Pero su cuarta y final fue aún peor; tanto como para ocupar el puesto de ser una de las peores series de 2021. Eso, a pesar del esfuerzo del grupo de guionistas por retomar la energía y la lóbrega belleza de sus primeros capítulos. No obstante, no solo no lo lograron, sino convirtieron la despedida de los clásicos personajes de Konami en un carnaval de despropósitos.

Con un final feliz que dejó desconcertada a buena parte de la audiencia, los personajes fueron de un lado a otro sin verdaderos objetivos. Y aunque era evidente que el argumento tendría problemas en remontar la pérdida de su personaje más importante, el experimento que siguió rozó el absurdo. En especial, una vez que fue evidente que la serie llevaba a rastras el peso del escándalo de Warren Ellis. Con sus emotivos pero absurdos capítulos finales, la serie de Netflix cerró con la promesa de un spin off y una reinvención del universo. Quizás, lo único que podría sostener este malogrado proyecto. 

Los amos del Universo: Revelación. Parte 2, de Netflix 

Este es el extraño caso en que una serie de Netflix tiene verdaderos problemas no solo por su argumento, sino por enfrentarse a un legado que la sobrepasa. En especial, a toda una generación de fans que no asimilaron bien el tránsito a una versión más moderna de sus héroes favoritos.

La reacción a los primeros cinco capítulos de la serie sacudieron su premisa, la analizaron desde todo punto de vista y crearon una reacción en cadena. Hubo malestar, críticas, pero también la inevitable pregunta: ¿aceptan los clásicos revisión?; para los siguientes y conclusivos capítulos, la pregunta es si el audaz experimento de Kevin Smith tenía sentido.

No lo tuvo o al menos, no del todo. Quizás, el problema no fue solamente el hecho que la revisión al universo del show fue sustancioso pero incapaz de captar la magia del original. O que en conjunto, la serie es solo una premisa distinta, incompatible y sin el objetivo de sostener una historia generacional. Cualquiera sea la respuesta, la serie terminó como un confuso éxito de crítica y un fracaso entre fanáticos. Una combinación que no suele ser la más beneficiosa para un show semejante y que terminó por ser una de las peores series de 2021.

Cowboy Bebop, de Netflix 

Uno de los elementos más curiosos de este live action del clásico anime, es que no es una premisa desdeñable. Hizo el intento de mostrar a toda una nueva generación los personajes del original, ampliar con cuidado su universo y rendir homenaje al mundo icónico. Pero falló en algo: en comprender la sustancia real de una historia convertida en un punto fundacional del anime. Cowboy Bebop es mucho más que su estilizada estética o su refinada banda sonora. Es una narración compleja y poderosa sobre un antihéroe fuera de lo común, los secretos que le rodean y el contexto que le sustenta. 

Y Netflix, creador de productos de consumo masivo, fue incapaz de captar esa sutileza. Eso, a pesar del abultado presupuesto, la preocupación a los detalles y al final, la imitación frame a frame del original. Para bien o para mal, la plataforma tomó un anime único y lo convirtió en una serie del montón. Quizás, su mayor problema.