Con 83 capítulos y tres temporadas a cuestas, la serie Perdidos en el espacio de Irwin Allen se convirtió en un éxito generacional en 1965. La idea de una familia que surcaba el espacio profundo con un villano venenoso a cuestas se convirtió en un hito. Con su aire casi ingenuo, le brindaba un lugar preponderante a cierta idea sobre lo humano en medio de la ciencia ficción. 

El resultado fue un programa que cautivó a la audiencia y logró hacerse un lugar en medio de un género ya con múltiples reinvenciones. En especial, porque Allen logró crear una Space Opera con especial sentido de la identidad. En medio de la explosión de la ciencia ficción en el cine y entre productos más sofisticados, Perdidos en el espacio era una curiosidad. 

Tanto como para que Allen le brindara la oportunidad de mostrar avances técnicos y argumentales. Desde su paso de blanco y negro al color, el arquetipo del villano ambiguo y otros tantos puntos en alto. La serie fue una acertada percepción sobre las posibilidades de la ciencia ficción en la televisión. 

En 1998, el director Stephen Hopkins llevó de la historia al cine. A mitad de camino entre el reboot y el remake, la historia recuperaba el argumento del programa lo mejor que pudo. Pero falla en su ambición de crear una identidad, algo que la serie original apuntaló con cuidado. 

Lo mismo podría decirse ocurrió con la versión de Netflix del show, recientemente finalizado. Después de dos temporadas con verdaderos problemas de guion y puesta en escena, la tercera intenta unir puntos y solventar problemas narrativos, sin lograrlo. ¿En qué falló Perdidos en el espacio al homenajear a un clásico de la televisión? Quizás en tres puntos simples:

Un producto genérico que proviene de uno con singular personalidad 

Si algo logró crear el show de Irving Allen fue la idea que Perdidos en el espacio era una serie única. No la mejor, ni tampoco la más brillante. Pero sí una llena de todo tipo de historias ingeniosas, extravagantes y audaces. De la misma forma que el Doctor Who al otro lado del Océano, Perdidos en el espacio sorprendía por su potente identidad. Era reconocible en cualquier estrato. 

La serie de Netflix es solo otra serie que muestra un viaje al espacio en medio de una lista de inconvenientes. No destaca ni por su tono o ritmo. Incluso la salvedad de las relaciones familiares no tienen el suficiente brillo para ser profundas. El problema se incrementó a medida que avanzó en su historia. Si a la primera y segunda temporada se les criticó por su falta de personalidad, los capítulos finales apelan a intentar explicar los espacios en blanco. Pero sigue sin encontrar una voz propia, un rasgo que permita sobresalir sobre el resto de las producciones similares. 

Desaprovecha explorar el sentido de los vínculos entre personajes 

Si un punto a favor tuvo la versión del ’65 de Perdidos en el espacio fue la idea de una colonización espacial en la forma de un grupo familiar. Era una mirada apasionante al hecho de la última frontera en contraposición a lo humano. Por supuesto, el argumento ha sido reinventado y reconstruido cientos de veces desde entonces. Incluso llevado a un sentido sórdido y en otros alarmantes. 

Netflix intentó crear una premisa que abarcara lo nuevo y lo viejo, sin lograrlo. No solo falló al no profundizar lo suficiente en lo que habría sostenido la serie entera. Una relación familiar con verdaderos conflictos y situaciones que justificaran la premisa. ¿Qué ocurre con una familia que atravesará el cosmos junta? Se trata de un argumento que pudo abarcar todo tipo de situaciones más allá de los estereotipos y de dotar a sus personajes de belleza. 

El argumento intentó dotar a John Robinson (Toby Stephens) y Maureen (Molly Parker) con una serie de previsibles conflictos que se resolvieron pronto. Y a sus hijos Judy (Taylor Russell), Penny (Mina Sundwall) y Will (Maxwell Jenkins) de personalidad. Pero en realidad, la serie de Netflix estaba más interesada en lo que ocurría en medio de una historia desordenada. 

Para bien o para mal, Perdidos en el espacio llegó con el fantasma de Battlestar Galactica a cuestas. Quizás, el ejemplo más elocuente al momento de brindar profundidad, inteligencia y elegancia a un grupo de personajes. También, precedida con el fenómeno The Expanse, con toda su carga de líneas narrativas complejas. 

En contraste, Perdidos en el espacio es solo un grupo de personas que viajan a través del espacio. ¿Es suficiente? Sí, como elemento genérico de una aventura. ¿Pudo ser de mayor interés? Sí y eso lo demuestra su versión del ’65. 

Al final, la epifanía de todos los problemas de 'Perdidos en el Espacio'

Perdidos en el espacio es uno de los pocos proyectos a los que Netflix dio la oportunidad de cerrar con una temporada final. El resultado es que los evidentes y muy comentados errores de las anteriores debieron resolverse de forma apresurada. De la ligereza a una impostada complejidad, de la necesidad de explicar y subrayar el comportamientos de los robots. De dirimir cuestiones que antes habían sido agujeros de guion. Al final, la serie terminó por ser un quiero y no puedo de una historia con infinitas posibilidades.