Las redes sociales tienen un problema con los niños y jóvenes. Y a la inversa. ¿Cómo marcar la delgada línea entre uso, control y permisividad? De Meta, o Facebook para el común de los mortales junto a Instagram, ya se supo que tenía constancia de la toxicidad que suponían las plataformas para los adolescentes. Ahora llega el efecto de TikTok, la red social que ha estallado desde el confinamiento. En este sentido, la red social de moda ha estudiado cómo afectan los bulos y los retos a los jóvenes; los resultados, como en todas estas plataformas, sigue ligado a la tiranía del algoritmo.

Porque el impacto de las redes sociales en los más jóvenes es total. Con las cartas sobre la mesa, y pese a tener a un Facebook reticente a la hora de admitir que sí que hay consecuencias directas, la realidad es que TikTok, Instagram, YouTube, Twitch son las nuevas herramientas de socialización e identificación colectiva. Para bien o para mal.

Los jóvenes pasan cada vez más tiempo mirando la pantalla del móvil. Entrando, concretamente, en redes sociales. Según el estudio de uso realizado por We Are Social, TikTok ha aumentado su uso desde 2019 en un 40%. Instagram, por su parte, sigue siendo la ganadora absoluta. En total, este grupo de población pasa más de 10 horas a la semana frente a los algoritmos. Tanto que de no mirar las redes sociales llega a causar la sensación de estar fuera de todo, también de adicción y el miedo a la desconexión con una sociedad conectada, según que investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya y de la Universidad Autónoma de Bucaramanga recogido por elDiario.es.

Los retos en TikTok, todo depende de los matices

¿Por qué los jóvenes siguen los retos de TikTok? La percepción del riesgo por parte de los jóvenes es mucho menor, forma parte de esa etapa de la vida de formación y conocimiento. También es tarea de los adultos la de poner límites y asesorar en ese proceso. Los retos son un nuevo factor a unan ecuación cada vez más complicada.

Según Dr. Richard Graham, psiquiatra consultor de niños y adolescentes y exdirector clínico de la Clínica Tavistock, los retos y bulos son para los jóvenes un forma de socialización, de pertenencia a un grupo y, por supuesto, de búsqueda de límites. La comunicación y usar el lenguaje de los jóvenes son clave para explicar dónde poner el límite.

En el caso de los retos, el proyecto global puesto en marcha por por TikTok –y realizado por una consultora independiente– parte de una definición clara: "Los retos en línea consisten en que la gente se grabe a sí misma haciendo algo difícil o arriesgado, y lo publique para animar a otros a repetirlo". En un apartado diferente incluyen los retos peligrosos; aquellos que llegan a causar un daño físico.

Y los datos están claros: a los jóvenes les gustan los retos. Saben de su existencia de una forma directa en redes sociales. La mayor parte de ellos identificó que casi la mitad de los retos eran seguros. Solo un 3% eran peligrosos. Si había muchos usuarios repitiendo el reto y sus amigos estaban a favor, se considera bueno. Según el estudio, la mayor parte de los jóvenes no participa en ningún resto y solo asiste a la propagación del mismo.

La sexualización y los tics, consecuencias inesperadas

Foto por Jesús Rodríguez en Unsplash

Ahora bien, ¿qué se considera riesgo? ¿Solo la parte física? TikTok apunta a que los retos –los físicamente peligrosos– son minoritarios. El problema viene de los inocentes: el problema que viene arrastrando la red social de las nuevas generaciones. Retos que apuntan a la sexualización de jóvenes y niños favorecidos por un algoritmo y que tienen un efecto directo sobre la autoestima, fobias sociales, relaciones de pareja...

La exposición de los más jóvenes –1.000 millones en todo el mundo– pese a las limitaciones de uso por parte de la redes sociales es un creciente día a día. También del concepto de imitación. Según Anna Plans, en su publicación Respeta mi sexualidad, este tipo de redes sociales está agravando la reducción de las jóvenes a un concepto sexual y físico que, además, se ve premiado por el algoritmo. ¿Identifican como riesgo este tipo de comportamientos? Todo apunta a que para este grupo generacional esto forma de la normalidad replicada de sus mayores.

Más allá de la sexualización manifestada en retos aparentemente inocentes, está la manifestación de los llamados tics de TikTok. Una "pandemia dentro de una pandemia" que está causando, según una investigación publicada en The Wall Street Journal, el aumento de tics nerviosos entre los más jóvenes. Síndrome de Tourette, espasmos o trastornos del movimiento (parpadeos violentos, muecas en los labios o movimientos repentinos de las manos). ¿Cuál es el origen? La elevada exposición a la pantalla y la falta de mecanismos para gestionar el estrés.

Desde TikTok, en cualquier caso, tienen una respuesta a la investigación del grupo de especialistas:

"La seguridad y el bienestar de la comunidad es nuestra máxima prioridad y estamos consultando con expertos del sector para entender mejor esta situación concreta. Seguimos colaborando estrechamente con expertos, que advierten que la correlación no significa causalidad y, por tanto, se necesita más investigación para comprender mejor esta situación concreta. Las etiquetas son un enemigo poderoso, y estamos orgullosos de que las personas que viven con el síndrome de Tourette hayan encontrado un hogar en TikTok donde pueden luchar contra el estigma, encontrar una comunidad y expresarse con autenticidad".

TikTok

Bulos, un problema de las redes sociales y también de TikTok

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El estudio asume que los bulos no son un problema propio de su aplicación. Es el mal común de todas las redes sociales. Tampoco es una cuestión que afecte solo a los jóvenes, pero sí que pueden ser el grupo social más afectado por la información falsa que se multiplica en las plataformas digitales.

TikTok asume que existe un problema de identificación, conciencia crítica y educación digital

Según el estudio, tanto profesores, padres y alumnos (más del 80%) conoce la existencia de los bulos. Como siempre, entre la teoría y la práctica hay un paso. El problema viene a la hora de identificarlos y compartirlos. El 31% de los adolescentes identificó claramente como bulo alguno de los más recientes, el 27% pensó que podía ser real. Asumen, por tanto, que la concienciación respecto a este tipo de información es alta, pero existe un problema de identificación, conciencia crítica y educación digital.

También a la hora de interactuar con ellos. Los padres no hablan del tema, no quieren sacar el tema por miedo a darle importancia y que cause interés, otros simplemente no llegan a enterarse de los casos. Por su parte, la mitad de los jóvenes no consultan con nadie para encontrar solución. De hecho, la respuesta mayoritaria es que el hecho de compartir esta información (falsa) es un mecanismo para proteger al resto de la mentira. De nuevo, un problema de cómo enfrentarse a este tipo de contenidos.

Una barrera generacional y comunicativa a la que se suma una mutua incomprensión por algunos de los acontecimientos más populares en redes sociales.